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Amapala. Luis Escobar y su esposa disfrutan de la playa, que se
encuentra a 18 millas náuticas de La Unión, con una
elevación de 783 m.s.n.m. Puede hacer uso de los kayacs que
le ofrece el Hotel Playas Negras. Foto EDH/Lissette
Monterrosa
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Leticia Serrano
letyserrano@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Éramos 10. Todos llegamos puntuales a la reunión: 9:30 de
la mañana. La fatiga que nos dejó un recorrido en auto de
165 kilómetros pasó al olvido tras vislumbrar las bellezas
del Golfo de Fonseca, en La Unión.
Atravesamos la ciudad para acceder a las embarcaciones, en el muelle de
Multipesca. El deseo de navegar nos invadió.
Hubo quienes chequearon papeles en migración antes de zarpar. Otros
éramos invitados especiales.
Fue Raúl Castro, guía del tour, quien anunció el
inicio de la travesía: La marea está seca. ¿Y
eso que significa ?, preguntamos. ¡Que la aventura empezó!,
respondió.
Bajamos por una improvisada escalera hasta uno de los deteriorados barcos
que yacen en la playa. De allí, saltamos hacia nuestra lancha.
El pánico se apoderó de Laura de Rodas, una de las del grupo,
cuando trató de acercarse a la pequeña embarcación.
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Descanso. El Hotel Playas Negras, en Amapala, ofrece todas las
comodidades. Una piscina, discoteca, restaurante y 56 habitaciones.
Foto EDH/Lissette Monterrosa
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Calculó mal y se deslizó sobre los restos de la vieja
nave.
Estuvo a punto de sumergirse a 12 metros de profundidad. Los demás
compañeros estuvieron listos para ayudarla y evitar un accidente.
La meta era atravesar el golfo para apreciar sus islas en hora y media.
Luego, haríamos tiempo para visitar Meanguera, en aguas salvadoreñas,
y Amapala, en territorio hondureño.
Sin fronteras
Hasta aquí llega El Salvador, y acá empieza Honduras,
informó Castro al referirse a la Punta Chiquirín. Una bandada
de pelícanos y gaviotas impresionó a los visitantes.
El recorrido a 65 kilómetros por hora nos permitió disfrutar
de los paisajes que ofrecen las islas Zacatillo, Martín Pérez,
Conchagüita y Meanguera del Golfo.
En un abrir y cerrar de ojos, nos encontramos en la Isla del Tigre, del
municipio hondureño de Amapala. Cuenta la historia que ahí
vivía un hombre apodado pirata, y no precisamente por
sus hazañas marítimas. Más bien, por sanguinario.
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Historia. Amapala, en Honduras, aún posee sus viviendas
de madera. Sus calles son empedradas y ofrece al visitante un ambiente
tranquilo. Foto EDH/Lissette Monterrosa
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La aldea resguarda valiosos tesoros culturales. Aún sigue en pie,
la casa donde vivió el generalísimo Maximino Gómez,
dominicano libertador de Cuba, de 1878 a 1884; y el sitio donde se hospedó
el científico Albert Einstein.
Para ser parte de la aventura
- Turismo Calle Real le proporciona transporte. El tour por un día
le cuesta $35 por persona, con derecho a trámites migratorios,
refrigerio, almuerzo, paseo por las islas, uso de las instalaciones del
Hotel Playas Negras. Llame al: 2260-4314
- Si está interesado sólo en el paseo por lancha en el golfo,
Dolphins Tour le ofrece el servicio. El valor es de $22. Para más
información, llame al 2228-5789.
Historias nostálgicas, en el Golfo
Casi me muero del susto, exclamó Francisco Santos,
al recordar que cuando tenía 13 años recorrió, por
primera vez, el Golfo, en un cayuco. Por poco y da vuelta, y es
de lo único que me recuerdo, remembró quien ahora
cuenta con 56 años y es ciudadano estadounidense.
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A mojarse. Si la marea está baja, hay que bajar al agua,
debido a que la lancha no logra llegar a la orilla. Foto
EDH/Lissette Monterrosa
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A diferencia de ese incidente, hoy don Francisco regresó muy contento
de su aventura. Esto es lindo, me llena de mucha espiritualidad,
afirmó.
La que se escapó de su esposo fue la señora Laura Rodas.
A él no le gusta salir, confesó. Ella opina
que aunque el lugar no está explotado turísticamente, es
bonito.
Qué ironía que no conozcamos nuestra tierra
agregó. Fue su hija quien resultó una excelente compañera
de viaje.
El último recorrido
Quienes llegaron a decir adiós a las aguas salvadoreñas
fueron Patricia y Carolina Rivera.
Están a punto de emigrar a los Estados Unidos. Allá
sólo montañas voy a ver, expresó Patricia con
nostalgia.
El romanticismo no faltó. Luis Escobar, con su esposa Blanca, dedicaron
el viaje para disfrutarse el uno al otro. También llegaron a conocer
lugares para ofrecerlos a sus clientes.

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