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Celulares catapultan al África al siglo XXI

Futuro. En un continente donde algunas aldeas remotas aún se comunican por el sonido de tambores, los teléfonos celulares son una revolución tecnológica similar a la llegada de la TV


Publicada 8 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

Expansión. Uno de cada 11 africanos hoy en día está suscrito a un servicio de telefonía móvil. Para poder recargarlos utilizan baterías de autos . Foto AP

The New York Times
Sharon LaFraniere
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

YANGUYE, Sudáfrica. En esta reseca cima, Bekowe Skhakhane, de 36 años, hace incluso las tareas más simples de la manera difícil. Ir a traer agua al río toma horas diariamente. Para cocinar, recoge palos y prende una fogata. La luz la proporcionan las velas.

Pero cuando Skhakhane quiere hablar con su esposo, quien trabaja en una acere a 400 kilómetros de distancia en Johannesburgo, hace lo que muchas personas en regiones más desarrolladas: Saca su teléfono móvil.

Gente como Skhakhane han hecho de África el mercado de teléfonos celulares de más rápido crecimiento en el mundo. De 1999 a 2004, el número de suscriptores de teléfonos móviles en África pasó a 76.8 millones, respecto de 7.5 millones, un aumento promedio anual del 58 por ciento. Sudáfrica, la nación más rica del continente, representó una quinta parte de ese crecimiento. Asia, el siguiente mercado de más rápida expansión, creció en un promedio anual de apenas 34 por ciento en ese periodo.

Ella gasta el equivalente de $1.90 al mes por cinco minutos de tiempo telefónico.
El auge de los teléfonos celulares en África ha tomado por sorpresa a la industria. Los africanos nunca han sido fuertes usuarios telefónicos. Y como la mayoría de los africanos viven con dos dólares diarios o menos, se suponía que eran demasiado pobres para justificar inversiones corporativas en redes celulares fuera de las ciudades y localidades más prósperas.

Pero cuando las naciones africanas empezaron a privatizar sus monopolios telefónicos a mediados de los años 90, y operadoras fieramente competitivas empezaron a vender tiempo aire en unidades más pequeñas y más baratas, el uso del teléfono celular estalló. Los aparatos usados están disponibles por 50 dólares o menos en Sudáfrica, una cantidad que incluso el esposo de Skhakhane pudo financiar con lo poco que ahorra de su empleo.

Uno de cada 11 africanos es ahora un suscriptor de telefonía móvil. La demanda de tiempo aire fue tan fuerte en Nigeria que desde fines de 2002 hasta principios de 2003 las operadoras se vieron forzadas a suspender la venta de tarjetas de módulo de identidad de suscriptor, o tarjetas SIM, que activan los aparatos, mientras fortalecían sus redes. Los aldeanos en las dos provincias selváticas del Congo están tan ansiosos del servicio que han construido casas en los árboles para captar las señales de torres de telefonía distantes.

“Un hombre lo usa como un teléfono público de paga”, dijo Gilbert Nkuli, subdirector administrativo de operaciones en el Congo de Vodacom Group, una de las mayores operadoras de telefonía móvil de África.

En un continente donde algunas aldeas remotas aún se comunican por el sonido de tambores, los teléfonos celulares son una revolución tecnológica similar a la llegada de la televisión. África tiene un promedio de sólo una línea terrestre por cada 33 personas, pero los teléfonos celulares están permitiendo a millones de personas saltar una generación tecnológica y pasar de la escritura a los mensajes instantáneos. Aunque sólo un 60% de los africanos está dentro del alcance de una señal, el nivel de penetración más bajo en el mundo, la tecnología es para muchos una bendición social y económica.

Los trabajadores de salud en el sureste rural llaman ambulancias a clínicas remotas vía celular.

Las operadoras de telefonía móvil erigen torres con bastante rapidez, no sólo en mercados establecidos como Sudáfrica, que ya alberga a uno de cada cuatro suscriptores de telefonía móvil en África, sino también en naciones que apenas tienen electricidad.

Las estaciones base reciben energía de generadores. Cada mañana, los ejecutivos envían mensajes instantáneos a sus empleados con la actualización de las tarifas por la declinante moneda local.

Un problema persiste incluso: ¿Cómo una familia africana en una choza que se alumbra con velas puede cargar un teléfono móvil? Se dice que un cargador cuya energía la genera una bicicleta está en el horizonte. Pero eso requeriría una bicicleta, una posesión rara en gran parte del África rural.

La solución a menudo es una batería de auto propiedad de alguien que no tiene esperanzas de adquirir un vehículo. Ntombenhle Nsele tiene una en su casa a pocos kilómetros de la de Skhakhane. Por $0.80 cada uno, Nsele, de 25 años, permite a sus vecinos cargar sus teléfonos móviles con la batería. Tiene al menos cinco clientes a la semana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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