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| Expansión. Uno de cada 11 africanos hoy
en día está suscrito a un servicio de telefonía
móvil. Para poder recargarlos utilizan baterías de autos
. Foto AP |
The
New York Times
Sharon LaFraniere
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
YANGUYE, Sudáfrica. En esta reseca cima, Bekowe Skhakhane, de
36 años, hace incluso las tareas más simples de la manera
difícil. Ir a traer agua al río toma horas diariamente.
Para cocinar, recoge palos y prende una fogata. La luz la proporcionan
las velas.
Pero cuando Skhakhane quiere hablar con su esposo, quien trabaja en una
acere a 400 kilómetros de distancia en Johannesburgo, hace lo que
muchas personas en regiones más desarrolladas: Saca su teléfono
móvil.
Gente como Skhakhane han hecho de África el mercado de teléfonos
celulares de más rápido crecimiento en el mundo. De 1999
a 2004, el número de suscriptores de teléfonos móviles
en África pasó a 76.8 millones, respecto de 7.5 millones,
un aumento promedio anual del 58 por ciento. Sudáfrica, la nación
más rica del continente, representó una quinta parte de
ese crecimiento. Asia, el siguiente mercado de más rápida
expansión, creció en un promedio anual de apenas 34 por
ciento en ese periodo.
Ella gasta el equivalente de $1.90 al mes por cinco minutos de tiempo
telefónico.
El auge de los teléfonos celulares en África ha tomado por
sorpresa a la industria. Los africanos nunca han sido fuertes usuarios
telefónicos. Y como la mayoría de los africanos viven con
dos dólares diarios o menos, se suponía que eran demasiado
pobres para justificar inversiones corporativas en redes celulares fuera
de las ciudades y localidades más prósperas.
Pero cuando las naciones africanas empezaron a privatizar sus monopolios
telefónicos a mediados de los años 90, y operadoras fieramente
competitivas empezaron a vender tiempo aire en unidades más pequeñas
y más baratas, el uso del teléfono celular estalló.
Los aparatos usados están disponibles por 50 dólares o menos
en Sudáfrica, una cantidad que incluso el esposo de Skhakhane pudo
financiar con lo poco que ahorra de su empleo.
Uno de cada 11 africanos es ahora un suscriptor de telefonía móvil.
La demanda de tiempo aire fue tan fuerte en Nigeria que desde fines de
2002 hasta principios de 2003 las operadoras se vieron forzadas a suspender
la venta de tarjetas de módulo de identidad de suscriptor, o tarjetas
SIM, que activan los aparatos, mientras fortalecían sus redes.
Los aldeanos en las dos provincias selváticas del Congo están
tan ansiosos del servicio que han construido casas en los árboles
para captar las señales de torres de telefonía distantes.
Un hombre lo usa como un teléfono público de paga,
dijo Gilbert Nkuli, subdirector administrativo de operaciones en el Congo
de Vodacom Group, una de las mayores operadoras de telefonía móvil
de África.
En un continente donde algunas aldeas remotas aún se comunican
por el sonido de tambores, los teléfonos celulares son una revolución
tecnológica similar a la llegada de la televisión. África
tiene un promedio de sólo una línea terrestre por cada 33
personas, pero los teléfonos celulares están permitiendo
a millones de personas saltar una generación tecnológica
y pasar de la escritura a los mensajes instantáneos. Aunque sólo
un 60% de los africanos está dentro del alcance de una señal,
el nivel de penetración más bajo en el mundo, la tecnología
es para muchos una bendición social y económica.
Los trabajadores de salud en el sureste rural llaman ambulancias a clínicas
remotas vía celular.
Las operadoras de telefonía móvil erigen torres con bastante
rapidez, no sólo en mercados establecidos como Sudáfrica,
que ya alberga a uno de cada cuatro suscriptores de telefonía móvil
en África, sino también en naciones que apenas tienen electricidad.
Las estaciones base reciben energía de generadores. Cada mañana,
los ejecutivos envían mensajes instantáneos a sus empleados
con la actualización de las tarifas por la declinante moneda local.
Un problema persiste incluso: ¿Cómo una familia africana
en una choza que se alumbra con velas puede cargar un teléfono
móvil? Se dice que un cargador cuya energía la genera una
bicicleta está en el horizonte. Pero eso requeriría una
bicicleta, una posesión rara en gran parte del África rural.
La solución a menudo es una batería de auto propiedad de
alguien que no tiene esperanzas de adquirir un vehículo. Ntombenhle
Nsele tiene una en su casa a pocos kilómetros de la de Skhakhane.
Por $0.80 cada uno, Nsele, de 25 años, permite a sus vecinos cargar
sus teléfonos móviles con la batería. Tiene al menos
cinco clientes a la semana.

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