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Nunca es demasiado tarde para prevenir

Mientras no se desarrollen y se pongan en práctica planes nacionales de prevención de la violencia, seguiremos asistiendo a la escalada del crimen, a la descomposición social

Publicada 8 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


José Miguel Cruz*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

(Primera parte)
A finales de 1998, en una reunión entre académicos y líderes empresariales para compartir ideas y discutir alternativas de solución al problema del crimen y la violencia en el país, algunos de mis colegas y yo señalamos la necesidad de diseñar y desarrollar programas de prevención como la manera más efectiva de afrontar la violencia a mediano y largo plazo en El Salvador.

Frente a esa propuesta, uno de los empresarios preguntó por el tiempo que le tomaría al país disminuir de manera sensible los índices de violencia criminal. Le respondí que, con excepción de las medidas de control de armas y de consumo de alcohol, las cuales suelen traducirse en reducciones casi inmediatas en el número de delitos en contra de la integridad física, en realidad toma algún tiempo reducir los niveles de violencia de forma efectiva, aun llevando a cabo las mejores políticas de prevención y atención a la criminalidad.

El empresario insistió con la pregunta pidiendo un lapso de tiempo concreto, a lo que contesté con un poco de incertidumbre y atrevimiento que los resultados se verían por lo menos en un lapso de cinco años. El empresario reaccionó visiblemente alterado y dijo que, para tener resultados hasta dentro de cinco años, era mejor no hacer nada, porque con tanto tiempo ya podíamos estar muertos para 2004, y añadió que la situación del país era tan grave que había que pensar en medidas “prácticas y efectivas” que redujeran de inmediato la violencia.

Casi siete años después y luego de varios gobiernos areneros de por medio, de numerosas campañas publicitarias para decirnos que se está combatiendo la violencia, de varias reformas y contrarreformas legales para endurecer las penas y darle más facultades a la policía e involucrar al ejército y después de cualquier cantidad de manos duras y amigas, está claro que todavía tenemos un problema gravísimo de crimen y violencia.

Los diversos gobiernos de ARENA no han sido capaces de desarrollar ningún plan efectivo de prevención de la violencia a mediano y largo plazo, y ni siquiera han podido contraer la espiral de la violencia que azota al país desde hace más de una década, sino que todo lo contrario. Entre otras cosas, se han negado a controlar las armas en manos de civiles e hicieron retroceder aquella ordenanza municipal que limitaba el consumo público de alcohol en la madrugada.

El único programa efectivo en materia criminal fue el plan policial de combate de los secuestros, robos de furgones y robos de vehículos, pero ése no fue precisamente un plan de prevención y ahora, con el incremento de los robos de vehículos, hay indicios de que el mismo está perdiendo su efectividad.

En estos siete años han sido asesinadas más de 17 mil personas, la mayoría de los salvadoreños ha sido asaltada o ha sido víctima de la criminalidad, y las empresas salvadoreñas habrían perdido casi 700 millones de dólares a causa del embate directo del crimen. Aun así, todavía no aparece una política estatal de prevención de la violencia ni tampoco existe propuesta alguna proveniente de la oposición política, en parte, porque a la oposición de izquierdas, que vive culpando de todo al neoliberalismo, no se le ocurre nada más que esperar a derrotar al sistema para resolver los problemas del país.

Pero en buena parte, también porque existe la noción terriblemente equivocada entre muchos funcionarios del Gobierno y un buen sector del empresariado criollo, todos de derechas, de que las acciones que no dan frutos inmediatos no sirven para nada, y con esa idea el Gobierno ha permitido que el problema crezca y se salga de control, al tiempo que ha inmovilizado o marginado a las instituciones que nos pueden mostrar las virtudes de la prevención.

Es cierto, hay esfuerzos importantes a nivel de algunos gobiernos locales, en el Consejo Nacional de Seguridad Pública —por cierto, creado para asesorar al Ejecutivo en materia criminal— y en varias organizaciones no gubernamentales, todos los cuales con una mezcla de creatividad, pocos recursos y mucha vocación, han logrado encontrar fórmulas para evitar que los jóvenes de algunas comunidades se maten entre sí.

Pero dichos esfuerzos y los éxitos mostrados por los mismos a nivel local no han logrado permear la miopía y el inmediatismo que prevalece entre quienes toman las decisiones políticas que afectan a toda la nación.

Lo cierto es que mientras no se desarrollen y se pongan en práctica planes nacionales de prevención de la violencia, seguiremos asistiendo a la escalada del crimen, a la descomposición social y a la profundización de la guerra social que ahora, tanto como hace siete años, nos está costando tanto. Si no hacemos nada ahora en el ámbito preventivo, en cinco o siete años podemos estar aún peor.

Por cierto, el empresario al que me referí al principio de esta columna es miembro del actual gabinete de Gobierno… pero no tiene nada que ver con seguridad pública.

*Director del IUDOP de la UCA y columnista de El Diario de Hoy.



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