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El sendero de la libertad

Mucho hemos avanzado en El Salvador por el sendero de la libertad. Pero hay tanto por hacer. Hay millares de cosas que no están bien en el funcionamiento de las instituciones. Los cuadros de pobreza estremecen el alma

Publicada 8 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


Marvin Galeas*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Desde hace ya varios años, apareció para quedarse la televisión en colores. Pero algunos quedaron atrapados, como televisores en blanco y negro, en una visión de mundo en la que sólo hay, cuando mucho, una escala de grises.

Argumentar que el socialismo y sus variantes es un esquema fracasado no implica estar en favor de las cárceles clandestinas, de hacer desaparecer personas por motivos políticos, del fraude electoral, ni de los abusos de grupos económicos que se aprovechan de los favores gubernamentales para prosperar, o que tratan a los empleados sin el menor respeto a la dignidad humana.

Tanto daño puede hacerle a un país, sobre todo a los más pobres, un grupo de matones de botas y pistolas en alianza con grupos mercantilistas, como un partido marxista empeñado en la delirante idea de hacer el paraíso en la tierra. Fue tan repudiable la dictadura militar argentina de los años 70, como hoy el despiadado gobierno de Fidel Castro en Cuba.

Creo que el liberalismo es la corriente ideológica que a lo largo de la historia de los últimos siglos ha demostrado que es la que mejor se adapta a la naturaleza humana. Ello explica por qué las naciones que se han forjado a la luz de estas ideas son ahora las más desarrolladas y las más prósperas del mundo.

Contrario al marxismo y a sus variantes socialistas, incluyendo al nacional-socialismo, el liberalismo no es una ideología cerrada, llena de verdades absolutas o recetas mágicas tendientes a programar a los seres humanos para ser felices y perfectos. La esencia del pensamiento liberal es la libertad individual. De esa libertad se desprenden los valores y las actitudes organizadas que giran en torno a la convicción de que mientras hay más libertad para el individuo, hay más oportunidades para la colectividad de progresar y vivir en armonía.

Pero esa libertad individual implica una responsabilidad. En una sociedad libre, cada individuo en capacidad de trabajar es responsable de sí mismo. Es responsable de sus actos y sus consecuencias. El límite de su acción es, o debe ser, el derecho de los demás.

Por ello existe el Estado de Derecho, creación de factura liberal, para regular, no para planificar, la sociedad. Del Estado de Derecho, emanan leyes neutrales que evitan los privilegios para personas, partidos o grupos determinados.

Para los liberales debe existir la igualdad. Pero es la igualdad de oportunidades. Sin embargo, como los seres humanos somos todos diferentes el uno del otro, nada puede garantizar, que todos aprovecharán de igual forma esas oportunidades. En un sistema que garantiza la libertad económica, y donde funciona de manera razonable el Estado de Derecho, todos podemos hacer realidad nuestros sueños, sin más límites que nuestra propia capacidad de soñar, de trabajar y de inventar.

No se trata de un sistema perfecto, pero la vida ha demostrado que es el más perfecto de los sistemas. Los liberales no pueden ser ni fanáticos ni ortodoxos, puesto que sus creencias no se basan en verdades absolutas que se deben imponer a sangre y fuego, sean éstas políticas, religiosas o de cualquier tipo.

El pensamiento liberal, escribió uno de los clásicos de esta corriente, genera dos actitudes fundamentales: la tolerancia y la confianza en la fuerza de la razón.

Un sistema de libertades premia siempre al trabajador con iniciativa, al honrado, al transparente, al previsor, al rebelde, a la mediocridad. No es un premio que una persona, un gobierno o un partido otorgue, sino es el resultado de un esfuerzo.

En un sistema estatista es el comandante en jefe, el presidente o el partido el que privilegia al resentido, al envidioso, al holgazán, al incapaz, al intrigante, al labioso, que, sin embargo, siempre muestra o finge una lealtad perruna a prueba de bombas.

Estoy convencido de que las variantes socialistas son, por excelencia, el sistema favorito de los mediocres. Del que siempre espera, inamovible, que el gobierno le resuelva sus problemas; del que culpa a los ricos de su pobreza; del que nunca disfruta de lo que tiene por vivir amargado por lo que otros poseen; de aquel que, al analizar sus fracasos, siempre hace responsables a otros. El socialismo es la religión de los cortos de espíritu y escasa imaginación. Los demagogos son sus profetas.

Mi crítica al marxismo revolucionario y corrientes es porque creo en el sistema de libertad y porque tengo los suficientes argumentos y experiencias vitales para defenderlo. Estar en contra de gobiernos como el de Hugo Chávez y Fidel Castro, no implica, como insinúan algunos, estar de acuerdo con las injusticias, la corrupción y los abusos de grupos poderosos.

Mucho hemos avanzado en El Salvador por el sendero de la libertad. Pero hay tanto por hacer. Hay millares de cosas que no están bien en el funcionamiento de las instituciones. Los cuadros de pobreza estremecen el alma. Y, sin embargo, lejos de caer en la tentación de apartarnos de ese camino, debemos mantenernos con mucha perseverancia.

*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv



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