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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Es la dicha escondida de agradecer al mundo todo lo simple y lo maravilloso
que éste nos ha dado. Reconocer lo grande y lo pequeño,
lo fugaz y lo perdurable. No lo mucho, sino lo esencial. No lo tanto,
sino lo maravilloso.
Te sentirás pobre no por lo poco que tengas, sino por lo mucho
que esperes y exijas a la vida. Entre más ambicionamos más
pobres seremos, pues no todas las cosas fueron hechas para uno. La riqueza
verdadera está en reconocer y valorar lo poco y lo dulce que la
existencia nos otorgue.
Agradece, por tanto, todos los instantes de tu vida. Puedes poseerlo todo
con la sabiduría del corazón. La riqueza del humano está
en lo que ama. El mayor tesoro es el que está en nuestro corazón.
La fortuna de tus profundidades nadie puede robarlas ni comprarlas.
Agradece la dicha de ver un amanecer, pues un día ya no lo verás.
Da gracias al padre por el amor que encontraste, pues mañana ya
no lo tendrás. El canto de las aves, el verdor de los montes, la
risa de un niño, la luz de los ojos amados. Porque será
lo único que te quede al final de los días. Conoce la dicha
de agradecer lo bello que te dio el destino.
(pintorbalaguer@gmail.com)
Día a Día
Prédicas de odio
Los grandes genocidios del Siglo XX fueron provocados por las diatribas
incendiarias de demagogos, enloquecidos y mercaderes de ilusiones, entre
ellos Lenín, Hitler, Roosevelt, Blum y la Pasionaria, Perón,
Mao, Nasser, Castro, Ho Chi Mihn y Khomeini. En los albores del Tercer
Milenio, predicadores musulmanes incitan a la guerra santa, al odio, a
la destrucción de civilizaciones.
La finalidad es siempre la misma: incendiar pasiones y despertar odios,
lavar el cerebro, indoctrinar, pintar paraísos. Se manipulan masas
y se mandan millones a la muerte. Las prédicas exaltadas de Mao
fueron el origen de la caída de China en el comunismo y el exterminio
de más de sesenta millones de seres humanos.
La demagogia sandinista llevó a la ruina de Nicaragua. Esta realidad
está sacudiendo hasta la raíz a las tolerantes democracias
europeas: el demagogo y el agitador no son problema mientras no se cruce
la raya, pero ¿adónde pueden llegar populistas al estilo
del alemán La Fontaine y el español Zapatero? ¿Qué
distancia hay entre John Kerry, Fidel Castro, el ayatolá Khomeini
y los imanes que pregonan la guerra santa?

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