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Palabras
La dicha es agradecer a la vida

El secreto de la felicidad no está en obtener lo que anhelamos, sino en amar lo que tenemos. No en lo que pedimos a la vida, sino en lo que ésta nos otorga.

Publicada 8 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Es la dicha escondida de agradecer al mundo todo lo simple y lo maravilloso que éste nos ha dado. Reconocer lo grande y lo pequeño, lo fugaz y lo perdurable. No lo mucho, sino lo esencial. No lo tanto, sino lo maravilloso.

Te sentirás pobre no por lo poco que tengas, sino por lo mucho que esperes y exijas a la vida. Entre más ambicionamos más pobres seremos, pues no todas las cosas fueron hechas para uno. La riqueza verdadera está en reconocer y valorar lo poco y lo dulce que la existencia nos otorgue.

Agradece, por tanto, todos los instantes de tu vida. Puedes poseerlo todo con la sabiduría del corazón. La riqueza del humano está en lo que ama. El mayor tesoro es el que está en nuestro corazón. La fortuna de tus profundidades nadie puede robarlas ni comprarlas.

Agradece la dicha de ver un amanecer, pues un día ya no lo verás. Da gracias al padre por el amor que encontraste, pues mañana ya no lo tendrás. El canto de las aves, el verdor de los montes, la risa de un niño, la luz de los ojos amados. Porque será lo único que te quede al final de los días. Conoce la dicha de agradecer lo bello que te dio el destino.
(pintorbalaguer@gmail.com)


Día a Día
Prédicas de odio

Los grandes genocidios del Siglo XX fueron provocados por las diatribas incendiarias de demagogos, enloquecidos y mercaderes de ilusiones, entre ellos Lenín, Hitler, Roosevelt, Blum y la Pasionaria, Perón, Mao, Nasser, Castro, Ho Chi Mihn y Khomeini. En los albores del Tercer Milenio, predicadores musulmanes incitan a la guerra santa, al odio, a la destrucción de civilizaciones.

La finalidad es siempre la misma: incendiar pasiones y despertar odios, lavar el cerebro, indoctrinar, pintar paraísos. Se manipulan masas y se mandan millones a la muerte. Las prédicas exaltadas de Mao fueron el origen de la caída de China en el comunismo y el exterminio de más de sesenta millones de seres humanos.

La demagogia sandinista llevó a la ruina de Nicaragua. Esta realidad está sacudiendo hasta la raíz a las tolerantes democracias europeas: el demagogo y el agitador no son problema mientras no se cruce la raya, pero ¿adónde pueden llegar populistas al estilo del alemán La Fontaine y el español Zapatero? ¿Qué distancia hay entre John Kerry, Fidel Castro, el ayatolá Khomeini y los imanes que pregonan la guerra santa?



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