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La Nota del Día
De un plumazo acaban con los morosos

Pueden prohibir que las empresas exijan a los candidatos a empleos, presentar referencias, recibos de alquiler, etc. para que hasta los mareros tengan una hoja digna y limpia de su pasado


Publicada 8 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Una de las lustrosas, descomunales ocurrencias de la “Ley del Consumidor” es eliminar las calificadoras de crédito: no podrán llevarse bancos de datos sobre morosos ni historiales crediticios. En igual manera como los “acuerdos de paz” hicieron borrón y cuenta nueva con las fechorías y crímenes perpetrados por los “alzados en armas”, de golpe y porrazo todos los salvadoreños, hasta el más humilde de los sinvergüenzas tendrá dignas referencias crediticias.

Obviamente las instituciones de crédito tendrán que mover a Managua o Quezaltenango (con la consiguiente pérdida de empleos) esa información, pues dar crédito no es así de fácil, sobre todo cuando ese dinero es de los depositantes, no del banquero. Pero bien: los efepelistas autores del engendro creen que cobrar intereses y poner bancos es condenable por Dios; por eso el compañero Fidel prohibió los bancos en Cuba. Allá sólo hay centros de cambio para los turistas, en su mayoría sexuales, que visitan la Isla.

Falta ver si la avanzada norma se aplica a los negocios y constituirá delito penado con mil salarios mínimos, que un almacén guarde y consulte los nombres de los que no pagaron la refrigeradora o la vajilla.

Por hoy mucha gente se pregunta cuántas leyes estará cocinando el iluminado grupo de juristas de las FPL, pues dentro del mismo espíritu, pueden prohibir que las empresas exijan a los candidatos a empleos, presentar referencias, recibos de alquiler, etc., para que hasta los mareros tengan una hoja digna y limpia de su pasado. Que esto último puede cobrar vida lo demuestra otro hecho: los juzgados no registran las barbaridades cometidas por un “menor infractor” por precisa prohibición de las leyes para suizos. Como en los viejos tiempos de Sicilia, cuando los novios exigían un certificado de doncellez a sus novias.

Debe haber una explicación a la curiosa exigencia, la de las referencias crediticias, que son de rigor en el resto del mundo. A lo mejor los compañeros juristas quieren solucionar los problemas de morosidad de sus respetabilísimas madres o parentela. O puede ser una norma de justicia social que ignoramos. En nuestro andar por este valle de lágrimas, nunca encontramos tratados o enciclopedias de justicia social para consultar en casos como éste que ahora nos aflige.

Macheteados, baleados, apaleados


El ramillete de exigencias de la ley nos lleva a cuestionar su aplicabilidad, pues hay sectores, como el comercio informal, los negocios de barrios, los artesanos, los médicos, etc., para los cuales es casi imposible, digamos, suministrar informaciones y datos “claros, veraces, precisos, y etcétera”, u ofrecer las garantías que la ley consigna como derechos irrenunciables de los consumidores.

Si un compañero inspector de la Defensoría se presenta a las ventas de los alrededores de El Calvario o el Telégrafo a exigir que en lugares visibles se coloquen pósteres detallando precios, lo probable es que vuelva de la andanza con un machete de peineta, aunque se haya hecho acompañar del compañero jurista para explicar el tema a los ignorantes. Otro peliagudo caso se dará cuando el comprador de la garnachita reclame al taller en Soyapango devolverle su dinero por insatisfacción con el vehículo.
Dura lex, sed lex. Podemos esperar una frondosa cosecha de macheteados al aplicarse el esperpento.

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