|
The
New York Times
Kathryn Shattuck
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
NUEVA YORK. Si Peter Mesenhvller esperaba encontrar la miseria de los
cansados, los pobres y los desdichados emanando de unas cuantas fotografías
exhibidas en el Museo de la Inmigración de la Isla Ellis el día
que lo visitó por primera vez en 1996, le esperaba una sorpresa.
Inmediatamente me asombré por la dignidad, el orgullo, la
confianza en sí mismos, dijo Mesenhvller, un antropólogo
cultural especializado en los inicios de la fotografía fija y estudios
de inmigración, vía telefónica desde su casa en Colonia,
Alemania. Era totalmente diferente de la imagen usual que tenemos
de las masas amontonadas.
Mesenhvller presenciaba las fotografías de Augustus Frederick Sherman,
un empleado de registro en la división de inmigración de
la Isla Ellis a principios del Siglo XX. En las horas en que no estaba
determinando el destino de algunos de los miles de inmigrantes que desembarcaban
diariamente en el Muelle de Nueva York de embarcarciones extranjeras,
convencía a los esperanzados de abrir sus baúles, ponerse
sus mejores ropas y dirigir su mirada a su cámara.
Unas 75 fotografías de estos inmigrantes están en exhibición
en el museo de la Isla Ellis en Augustus Frederick Sherman: Retratos de
la Isla Ellis 1905-1920. Organizada por Mesenhvller y Diana Edkins, directora
de exhibiciones e impresiones de edición limitada de la Fundación
Abertura, una organización fotográfica no lucrativa, la
muestra coincide con la publicación del grupo de un libro del mismo
título con 40 imágenes más. La exhibición
continúa hasta el 6 de septiembre antes de viajar a 16 sitios en
Estados Unidos y el extranjero.
Comprender la fascinación de Mesenhvller obsesión,
realmente no requiere un gran esfuerzo de la imaginación.
Conforme oscilan desconcertantemente entre arte y artefacto, los retratos
de Sherman son poderosos por su naturalidad y, no obstante, casi antisépticos
en su desafecto.
Vestidos elegantemente en sus trajes nativos, familias e individuos solemnes
se anuncian a su nuevo mundo sin disculpas. Un pastor rumano está
sentado con la mano en la cadera, con su abrigo decorativamente bordado
abierto para revelar una lujosa piel de oveja.
Una rutheniana, de Ucrania, mira hacia el frente con ojos pálidos,
el cuello rodeado por varias vueltas de cuentas iridiscentes sobre una
blusa campesina y un chaleco para cosechar.
Dos hombres de Borana, en Etiopía, con esculturales adornos en
el cabello que se elevan sobre sus cabezas muestran sus escudos; la mujer
entre ellos oculta su cabello debajo de un turbante.
Aunque asombrosos, los retratos son sólo nominalmente personales,
con simples anotaciones ocasionales, pero en gran medida dejados sin explicación:
Eleazar Kaminetzko, 26, hebreo ruso, SS Hamburg, 23 de junio de
1914.
Vegetariano, escribió Sherman en la fotografía de
un joven con enormes ojos y largos y brillantes rizos. Sólo unos
cuantos detalles, como Col. Helen R. Bastedo + Osman Lewis, 13,
polizones belgas, decía la anotación de 1921 para
un muchacho con cabello alborotado, su brazo alrededor de la cintura de
una mujer no relacionada con él que protectoramente lo toma de
la mano.
Y luego, con sombrero de fieltro, anteojos y pálido asomo de bigote,
está Mary Johnson, de 50 años y originaria de Canadá,
quien, escribió Sherman, llegó como Frank Woodhull
el 4 de octubre de 1908, y vestida con ropa de hombre.
Mesenhvller especula que como oficial de alto nivel, Sherman tenía
acceso libre al área de detención de la isla, donde los
inmigrantes eran retenidos por un día, una semana o algunos meses
después de que interrogatorios de rutina despertaban dudas sobre
si se les debería permitir entrar en el país.
Los procedimientos técnicos en esos días eran muy
difíciles, dijo. Se tenían estas enormes cámaras
con tripie y la exposición tomana muchos segundos, y se tenía
que encender la luz en el momento correcto y a los sujetos sentados perfectamente
quietos. Y con un promedio de unas 5,000 personas cada día llegando
a la Isla Ellis en periodos pico, debe haber sido bastante difícil.
Al captar a sus sujetos contra el telón de fondo principalmente
plano en los ropajes nativos que pronto desecharían por la ropa
estadounidense, Sherman simultáneamente documentó la riqueza
de su herencia mientras los etiquetaba como especímenes para el
escrutinio antropológico.
Sherman consideraba a estas personas como tipos étnicos,
como representantes de la nueva especie americana, detalló
Mesenhvller, quien contactó a una amplia gama de colegas para que
le ayudaran a identificar los orígenes de varios atuendos y discernir
las diferencias, digamos, en el peinado de mujeres protestantes y católicas
originarias de Holanda.
Además de los prototipos holandés, italiano, rumano, marroquí
y finlandés de Sherman, también hay rarezas
los gigantes y enanos, los microcefálicos, los físicamente
deformados que catalogó en años posteriores.
Sin embargo, dijo Edkins de la Fundación Abertura, el fotógrafo
no impuso su propio sentimiento a estas personas. Realmente las
mostró en una forma muy documental.
Roy Glerum de Totowa, Nueva Jersey, hijo de uno de esos inmigrantes de
la Isla Ellis, aseguró que vio los ojos de 12 años de su
padre viéndolo desde el retrato de Sherman de 1907, de sus abuelos
holandeses y sus 11 hijos.

|