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Dos mundos captados en fotografías

Estados Unidos. Unas 75 imágenes son exhibidas en la exposición Retratos de la Isla Ellis 1905-1920


Publicada 6 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

The New York Times
Kathryn Shattuck
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

NUEVA YORK. Si Peter Mesenhvller esperaba encontrar la miseria de los cansados, los pobres y los desdichados emanando de unas cuantas fotografías exhibidas en el Museo de la Inmigración de la Isla Ellis el día que lo visitó por primera vez en 1996, le esperaba una sorpresa.

“Inmediatamente me asombré por la dignidad, el orgullo, la confianza en sí mismos”, dijo Mesenhvller, un antropólogo cultural especializado en los inicios de la fotografía fija y estudios de inmigración, vía telefónica desde su casa en Colonia, Alemania. “Era totalmente diferente de la imagen usual que tenemos de las masas amontonadas”.

Mesenhvller presenciaba las fotografías de Augustus Frederick Sherman, un empleado de registro en la división de inmigración de la Isla Ellis a principios del Siglo XX. En las horas en que no estaba determinando el destino de algunos de los miles de inmigrantes que desembarcaban diariamente en el Muelle de Nueva York de embarcarciones extranjeras, convencía a los esperanzados de abrir sus baúles, ponerse sus mejores ropas y dirigir su mirada a su cámara.

Unas 75 fotografías de estos inmigrantes están en exhibición en el museo de la Isla Ellis en Augustus Frederick Sherman: Retratos de la Isla Ellis 1905-1920. Organizada por Mesenhvller y Diana Edkins, directora de exhibiciones e impresiones de edición limitada de la Fundación Abertura, una organización fotográfica no lucrativa, la muestra coincide con la publicación del grupo de un libro del mismo título con 40 imágenes más. La exhibición continúa hasta el 6 de septiembre antes de viajar a 16 sitios en Estados Unidos y el extranjero.

Comprender la fascinación de Mesenhvller —obsesión, realmente— no requiere un gran esfuerzo de la imaginación. Conforme oscilan desconcertantemente entre arte y artefacto, los retratos de Sherman son poderosos por su naturalidad y, no obstante, casi antisépticos en su desafecto.

Vestidos elegantemente en sus trajes nativos, familias e individuos solemnes se anuncian a su nuevo mundo sin disculpas. Un pastor rumano está sentado con la mano en la cadera, con su abrigo decorativamente bordado abierto para revelar una lujosa piel de oveja.

Una rutheniana, de Ucrania, mira hacia el frente con ojos pálidos, el cuello rodeado por varias vueltas de cuentas iridiscentes sobre una blusa campesina y un chaleco para cosechar.

Dos hombres de Borana, en Etiopía, con esculturales adornos en el cabello que se elevan sobre sus cabezas muestran sus escudos; la mujer entre ellos oculta su cabello debajo de un turbante.

Aunque asombrosos, los retratos son sólo nominalmente personales, con simples anotaciones ocasionales, pero en gran medida dejados sin explicación: “Eleazar Kaminetzko, 26, hebreo ruso, SS Hamburg, 23 de junio de 1914.

Vegetariano”, escribió Sherman en la fotografía de un joven con enormes ojos y largos y brillantes rizos. Sólo unos cuantos detalles, como “Col. Helen R. Bastedo + Osman Lewis, 13, polizones belgas”, decía la anotación de 1921 para un muchacho con cabello alborotado, su brazo alrededor de la cintura de una mujer no relacionada con él que protectoramente lo toma de la mano.

Y luego, con sombrero de fieltro, anteojos y pálido asomo de bigote, está Mary Johnson, de 50 años y originaria de Canadá, quien, escribió Sherman, “llegó como ‘Frank Woodhull’ el 4 de octubre de 1908, y vestida con ropa de hombre”.

Mesenhvller especula que como oficial de alto nivel, Sherman tenía acceso libre al área de detención de la isla, donde los inmigrantes eran retenidos por un día, una semana o algunos meses después de que interrogatorios de rutina despertaban dudas sobre si se les debería permitir entrar en el país.

“Los procedimientos técnicos en esos días eran muy difíciles”, dijo. “Se tenían estas enormes cámaras con tripie y la exposición tomana muchos segundos, y se tenía que encender la luz en el momento correcto y a los sujetos sentados perfectamente quietos. Y con un promedio de unas 5,000 personas cada día llegando a la Isla Ellis en periodos pico, debe haber sido bastante difícil”.

Al captar a sus sujetos contra el telón de fondo principalmente plano en los ropajes nativos que pronto desecharían por la ropa estadounidense, Sherman simultáneamente documentó la riqueza de su herencia mientras los etiquetaba como especímenes para el escrutinio antropológico.

“Sherman consideraba a estas personas como tipos étnicos, como representantes de la nueva especie americana”, detalló Mesenhvller, quien contactó a una amplia gama de colegas para que le ayudaran a identificar los orígenes de varios atuendos y discernir las diferencias, digamos, en el peinado de mujeres protestantes y católicas originarias de Holanda.

Además de los prototipos holandés, italiano, rumano, marroquí y finlandés de Sherman, también hay “rarezas” —los gigantes y enanos, los microcefálicos, los físicamente deformados— que catalogó en años posteriores.

Sin embargo, dijo Edkins de la Fundación Abertura, el fotógrafo “no impuso su propio sentimiento a estas personas. Realmente las mostró en una forma muy documental”.

Roy Glerum de Totowa, Nueva Jersey, hijo de uno de esos inmigrantes de la Isla Ellis, aseguró que vio los ojos de 12 años de su padre viéndolo desde el retrato de Sherman de 1907, de sus abuelos holandeses y sus 11 hijos.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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