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Campañas permanentes
Defender a la mujer es estrategia de seguridad

Mucho se está hablando de la defensa de la familia. Pero caigamos en la cuenta de que la pieza más valiosa de la misma es la mujer, la madre, la esposa, esa abnegada, heroica y única persona

Publicada 6 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Hace varias décadas, estudiando en la Universidad de Texas, en Austin, yendo en un transporte colectivo, cedí el asiento a una bella chica —casi todas lo son en el Estado de la Estrella Solitaria— y ella se dirigió a mí sumamente molesta, diciéndome “machista” y sintiéndose insultada; poco después, al mover una pesada caja para que pasara otra estudiante, la misma me dijo que “si creía que ella era minusválida”, que era más fuerte que yo y que (yo) no debiera de ser tan grosero... por haberle hecho a un lado la caja (!).

Me explicaron que los patrones culturales de la zona tomaban esas cortesías y atenciones como algo totalmente desfasado y hasta ultrajante para las féminas y que, excepto señoras mayores, no volviera a hacerlo. Y esto ocurrió, como dije, hace décadas. Desde entonces hasta el presente, el panorama deja pálida la anécdota.

¿Es que una tal actitud tuvo que ver con el sufragismo —darle el voto a las mujeres—, con la igualdad de oportunidades en el trabajo, o con la justicia que debe regir a la humanidad? Si vemos por encima el fenómeno habría la tentación de contestar afirmativamente y concluir con que constituyen epifenómenos secundarios validados por un incontestable progreso social.

Pero ello es totalmente falso. No se sigue de lógica alguna que “dar a cada quien lo suyo” conlleve una igualdad que precisamente niegue la justicia y que desfavorezca necesidades específicas de quienes son diferentes.

Si se siente continuidad es únicamente, porque lo que sí se ha seguido son las huellas de un poderoso movimiento conspirativo y también abierto que destruye las sociedades. Busca eliminar o mutar a la familia y el centro de la misma es la mujer.

Mucho se está hablando de la defensa de la familia. Pero caigamos en la cuenta de que la pieza más valiosa de la misma es la mujer, la madre, la esposa, esa abnegada, heroica y única persona que es capaz literalmente de quitarse la comida de la boca y dar hasta la última gota de sangre por los suyos. Es en ella y por ella que aún subsiste la base de nuestras sociedades. Y es a ellas a las que se ataca, pues destruyendo su esencia, harán lo propio con las otras unidades. Lo que digo no es astral, es el triste pan de cada día. Veamos algunos de estos ataques.

Cuando no es necesario realmente para la subsistencia, orillar al trabajo asalariado a una joven madre; se la aleja del cuidado y el amor que podría darle a sus hijos, se la somete a peligros derivados de la misma situación de trabajo (incluidos los sexuales contra la familia) y se le restan años y calidad de vida por estrés... porque es indiscutible que la madre trabajadora llega al hogar a seguir trabajando.

El bombardeo al que la publicidad somete a la ciudadanía con relación al sexo, incitando a todos sin parar hasta en anuncios de llantas, manipulando la imagen de las mujeres hasta rebajarlas a un mero objeto sexual... aunque ahora también (para ser iguales) se está utilizando al hombre, prueba de lo cual es el triste espectáculo de los “bailarines” casi encuerados que acaban de pasar por esta capital y a los que los medios les hacen una campaña digna de lo que fueran verdaderos espectáculos artísticos, y no de fuentes de depravación vergonzosa.

Si se elimina toda reprobación, vergüenza y moral, no habrá formas de detener ninguna actividad egoísta, dañina y antisocial que pueda al ser humano ocurrírsele.

De hecho, la criminalidad desenfrenada, con lujo de crueldad e irrespeto extremo, que experimentan las sociedades de casi todo el mundo, no es sino un reflejo de la disolución social de valores, con la familia al frente y después de haber socavado el valioso papel de la mujer.

Esta verdad debe trascender todo relativismo y sustentar una teoría de defensa social con base en brindar protección al verdadero, tradicional y natural rol femenino (claro está que desgajado de las injusticias, machismo y abusos que uno y otro sexo padecen). Pero es más importante el rescate de la mujer, puesto que sólo ella a salvo se podrá luego lograr el del hombre.

Lo he dicho antes: Si El Salvador va a tener un futuro mejor, será sólo a causa de la brava lucha de sus mujeres, que es el mejor elemento humano que por ahora tenemos.

*Lic. en Ciencias Políticas.



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