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Economía para todos
Panamá, Canadá…, y Van Halen

Es que, tradicionalmente, la justificación para el combate a la pobreza se busca por el lado moral, cosa aparentemente razonable, ya que se considera que ese es el camino para “hacer reflexionar a la gente buena”

Publicada 6 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Si bien los dos países mencionados en el título (Van Halen no es un país) tienen una fonética similar, es muy improbable que alguien dude acerca de cuál es más rico y desarrollado. La pregunta que cabe hacerse es ¿por qué uno es rico y el otro es pobre?, o mejor aún, ¿qué debe hacer Panamá para parecerse a Canadá?

Quien se hizo dichas preguntas fue el escritor y periodista Carlos Montaner (por favor, no confundir con el ¿cantante? venezolano Ricardo Montaner…), en un reciente libro de su autoría, llamado “La libertad y sus enemigos”, publicación que incluye una conferencia titulada “¿Por qué Panamá es pobre?”.

El nombre de Panamá, que podría reemplazarse por el de cualquier otro país de Latinoamérica, surgió porque allí fue donde Montaner pronunció la citada conferencia. La respuesta rápida, corta y contundente a la interrogante sobre la causa de la pobreza es que “esa sociedad no crea suficiente riqueza”.

Excusas sobran para explicar la pobreza de algunos países, y la más fácil es culpar de ello a los países ricos. Es que algunos piensan que “la riqueza de los ricos es lo que causa la pobreza de los pobres”, falacia que recibe el nombre de “dogma Montaigne”, por haber sido Michael Montaigne, escritor francés del Siglo XVI, quien la proclamó inicialmente.

Muy por el contrario, la realidad demuestra que la riqueza de los ricos hace que existan menos pobres, debido a que es justamente esa riqueza la que permite la formación de una mayor estructura de capital (es decir, más máquinas, más herramientas, más conocimientos, etc.), único camino para elevar la producción, y mejorar el nivel de vida de todos.

Montaigne cayó en ese grave error por partir del falso supuesto de que la riqueza es una cantidad fija y determinada, con lo cual estableció un precedente directo, tres siglos antes, a la teoría de la explotación de Marx (que no es Richard, el que cantaba “Angelia”…).

Pero ello queda desvirtuado con Taiwán, Singapur, Corea del Sur o Hong Kong, que eran países pobres, con gente pobre, pese a lo cual en poco tiempo han podido cambiar radicalmente esa situación. Parece que ningún país rico les impidió crecer (¡ooops!).

Las verdaderas respuestas a “¿Por qué Panamá es pobre?”, cuando se compara con Canadá, son bien conocidas. En primer lugar, existen diferencias de actitudes y de valores, tanto a nivel individual como a nivel social, cosa que puede modificarse: los salvadoreños lo hacen con gran rapidez cuando llegan a Estados Unidos.

Pero las diferencias son aún mayores al comparar la calidad de las prestaciones que brinda el Estado canadiense, cuando se lo compara con uno latinoamericano, comenzando por la fortaleza de las instituciones, y siguiendo, en muchos casos, con los modelos económicos adoptados.

Pero es importante no quedarse sólo con haber entendido por qué nos ha ido tan mal desde México para el sur (para lo cual no se requiere mucha ciencia…), sino analizar qué se puede hacer para que nos empiece a ir mejor. Bueno, de hecho, el mismo Montaner denomina al suyo un “análisis descarnado, aunque con buenas posibilidades reales de persuasión”.

Es que, tradicionalmente, la justificación para el combate a la pobreza se busca por el lado moral, cosa aparentemente razonable, ya que se considera que ese es el camino para “hacer reflexionar a la gente buena”. Suena lindo…, pero muy alejado de la economía.

En 1989, estando Argentina en medio de una hiperinflación galopante (provocada por el Estado, obviamente), un ministro dijo: “Les hablé con el corazón, y me contestaron con el bolsillo” (¿y qué esperabas?, pensamos todos...).

En verdad, se trata de argumentos sumamente débiles, ya que la pobreza es un problema económico, al cual, por lo tanto…, debe buscársele una solución económica (esto suena menos lindo, pero es más serio).

El planteamiento de Montaner es que “es negocio eliminar la pobreza, ya que representa la mejor forma de expandir los mercados”, en forma rápida, eficiente, y permanente. Porque la pobreza, además de ser una desgracia para quienes la sufren, es también un límite muy severo a las posibilidades de crecimiento económico…, de quienes no la sufren.

La explicación, muy sencilla y evidente, es que “no podemos hacer negocio con quienes viven fuera del mercado”. A todos nos conviene erradicar la pobreza, ya que, adecuadamente evaluada, y bajo reglas claras, puede tratarse de una “rentable inversión productiva” de la empresa privada, cuyo nombre sería “futuro acceso a nuevos mercados”.

La explicación es que cuando se logra sacar a alguna persona de la pobreza y se le educa, desarrollará hábitos de consumo no sólo para sí, sino también para sus descendientes.
Muchas veces se pretende que quien haga esta “inversión social” sea el Estado, a quien se le solicita que se ocupe de “preparar a las masas” (¡son personas!, no “masas”…), cosa que usualmente el Estado hace bastante mal, y a un alto costo.

Por lo tanto, destaca Montaner, sería recomendable que, bajo reglas claras, las empresas privadas se vieran incentivadas a capacitar a las personas pobres, y así integrarlas rápidamente al mercado y al mundo productivo.

Con lo cual, por supuesto, también las sacarían de la pobreza. Parafraseando, y corrigiendo, el “dogma Montaigne”: “La riqueza de los ricos será lo que cause la riqueza de los pobres”.
Eso sí, como fuente de inspiración ganamos: la canción de Van Halen sonaría igual si se llamase “Canadá”. Pero es “Panamá”.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com



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