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Diario de Hoy
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La crisis del petróleo crisis de energía y recursos
obliga a un planteamiento global del tema para evaluar todos los factores
que inciden en él y plantear soluciones tentativas. Aunque el precio
del crudo no alcanza el equivalente de casi noventa dólares que
tuvo por la crisis iraní en 1979, las proyecciones son pesimistas;
el Deutsche Bank afirma que el precio necesita llegar a los 120 dólares
el barril para que el mercado tome medidas para superar la terrible situación.
Por ahora, el consumo local no ha disminuido. Se paga el precio y adelante,
aunque se reduzcan gastos en otros rubros. Los conductores no cortan sus
salidas, en los hogares y oficinas se mantienen los niveles de consumo,
las importaciones del crudo siguen iguales. Pero a la corta o a la larga
la gente tendrá que ahorrar, más si al precio se une la
escasez.
Lo más duro de la crisis del 79, provocada por las políticas
de Jimmy Carter, fue la dificultad de conseguir gasolina y carburantes.
Carter inclusive estuvo a punto de racionar la gasolina, llegando al extremo
de ordenar la impresión de cupones.
En 1979 los holandeses se rebelaron contra los altos precios y pasaron
del automóvil a la bicicleta, la que continúan usando al
día de hoy. Bicicletas son diez mil veces preferibles a las mulas
y carretas que propuso el diputado Handal, pero ambas imprácticas
por la inseguridad callejera; la solución para la mayoría
de pobladores es un sistema de transporte urbano ordenado, seguro y no
contaminante en sustitución de los autobuses chatarra del minifundio
transportista. Un paso en el camino correcto es habilitar lo que se pueda
del ferrocarril y comenzar de inmediato a estudiar nuevas formas de transporte
masivo de pasajeros.
El Gobierno francés, de acuerdo con el diario Le Figaro, ha establecido
un plan para afrontar la crisis: buscar y aplicar fuentes alternas de
energía (solar, hidráulica) desarrollar nuevas tecnologías
y motores más eficientes, mejorar el transporte masivo y coordinar
los organismos y oficinas que se relacionan con energía. Esto último
es muy importante, ya que coloca bajo una única autoridad, las
decisiones relacionadas con la energía. Otra propuesta es recortar
los impuestos a los carburantes, para mitigar los precios. Con ello se
reduce el costo al público pero sin alterar la operación
de los mercados, aunque se reduce la presión a favor del ahorro.
Váyase al fondo, no a la ocurrencia
Un buen paso es la adaptación de motores para usar gas propano,
como es prácticamente la norma en la mayoría de países
de Europa. Las empresas salvadoreñas deben analizar esa posibilidad,
en especial las que distribuyen productos en todo el territorio o tienen
que acarrear embarques grandes y continuos de materias primas. Tropigas
ya anunció que va a instalar puntos de abastecimiento de gas.
Hace unos años, un grupo técnico japonés recomendó
establecer una red de pequeñas represas para generar energía,
lo que tiene la ventaja adicional de formar embalses que contribuyen a
resolver el problema del abastecimiento de agua y además permiten
el cultivo de peces. Los cauces de ciertos ríos se pueden aprovechar
en tal sentido.
Es urgente buscar soluciones reales y sostenibles, versus
la ocurrencia de negociar mínimas concesiones con Venezuela.

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