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Teresa
Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Los salvadoreños tenemos muchísimos defectos, pero entre
las cualidades con que el Creador nos dotó, está un profundo
amor a nuestra Patria. Lo llevamos en el alma y en la sangre y lo demostramos
con heroicidad en los momentos de prueba y con bayuncada en otros.
En bocacalles y semáforos encontramos el recordatorio que ya viene
el 15 de septiembre, nuestra Fiesta Nacional, y los postes de la luz (innumerables,
incontables e insoportables, que crecen como la mala hierba) se han vestido
de azul y blanco con banderitas de todos tamaños y precios. Plásticas
en un palito, o de tela en un sofisticado aparato para poner en el carro.
Porque en septiembre todos los carros proclaman que sus conductores son
salvadoreños honrando a su Patria. Los periódicos pusieron
en sus páginas centrales la bandera que adornará las puertas
de todos los hogares, símbolo del orgullo de ser salvadoreños
y del respeto por esta Patria tan herida, tan golpeada y tan querida.
Los compatriotas en el extranjero tampoco olvidan y las efemérides
nacionales, como el 6 de agosto y el 15 de septiembre, se celebran con
la procesión y la bajada del Divino Salvador del Mundo y con un
tradicional desfile que en Nueva York y Los Ángeles alcanza ya
grandes proporciones.
Las celebraciones incluyen bailes folclóricos, en que la nueva
generación que ya nació en EE.UU., y que a lo mejor no habla
español, viste trajes regionales, baila al son de El Carbonero
y consume toneladas de pupusas, tamales y toda comida típica imaginable.
Es amor a la Patria la sabia decisión de las dos mujeres que son
ministras de Economía y Educación, que con mucho sentido
común y responsabilidad ciudadana no permitirán desfiles
ni el cierre de calles en días laborables, por el alto costo que
los embotellamientos suponen para los automovilistas, por el alza de la
gasolina. La ciudadanía agradece profundamente esta medida, aunque
también suenen las voces de los eternos descontentos, que alegan
derechos cuando no han sabido nunca cumplir deberes y creen ser dueños
de las calles.
Septiembre debe movernos a todos a hacer un examen de conciencia de cómo
se refleja externamente nuestro amor a la Patria. Cumpliendo, en primer
lugar, con nuestros deberes cívicos; realizando a conciencia nuestro
trabajo profesional, para que sea técnicamente bien hecho y con
sentido ético. Practicar en nuestra vida diaria virtudes morales
y humanas: un estricto sentido de la justicia pagando salarios justos,
devengando el que ganamos y cumpliendo con la sagrada obligación
de pagar impuestos. Obedecer a las leyes de tránsito, tener paciencia
con los cafres del volante. Tener prudencia en el actuar, pensando siempre
antes de emitir un juicio. Para lograrlo todos debíamos leer el
magnífico ensayo de Masferrer: El elogio del silencio.
Respetar la naturaleza es una de las grandes responsabilidades del hombre,
y una muestra evidente de amor a su Patria. ¡Qué tierra más
bella la que nos dio el Señor, poniendo en un espacio tan pequeño
mares, ríos y volcanes, pintados de intensos verdes, con un clima
amable todo el año! ¡Y qué triste que la estemos convirtiendo
en un gran basurero! Esto sería lo mejor que en el mes de la independencia
los salvadoreños debíamos hacer: aprender a poner la basura
en su lugar. Entender que la separación de desechos es una señal
de progreso y fuente de trabajo para muchas personas que no lo tienen,
además de una contribución decisiva al cuidado del medio
ambiente y de la salud.
Que no veamos más que se tiran latas de gaseosa, cáscaras
de fruta ni bolsas plásticas de las ventanas de los buses, y menos
de automóviles lujosos. Estamos ensuciando nuestra propia tierra
y nos estamos convirtiendo en los enemigos del turismo, que es la fuente
de ingresos más grande y la esperanza de un mejor futuro para tantos
ciudadanos en el Siglo XXI: los hoteles, los restaurantes, las nuevas
industrias, los centros de recreación en el mar y en la montaña
tienen ambiciosos proyectos para El Salvador: pero necesitan de la cooperación
y buena voluntad de todos los ciudadanos, para presentar al visitante
extranjero la mejor cara de nuestro país. No seamos un obstáculo
hoy que la Patria necesita de nosotros.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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