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Jethro sedujo con su flauta
Como un duende suelto, Ian Anderson se paseó
con su instrumento recordando ambientes medievales con tonadas de jazz
y rock progresivo
Publicada 1 de septiembre 2005, El Diario de Hoy
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Fantasía. El líder de Jethro Tull
sólo se despegó de su
flauta para beber agua. Foto EDH/Wilfredo Diaz |
Gustavo Rico /Javier
Maldonado
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Ian Anderson saltó anoche de un lado a otro del escenario, seduciendo
al auditorio con su fantástica flauta transversal.
Las tonadas inspiraban a dragones, doncellas y estampas medievales de
la Irlanda antigua, y en más de una ocasión, su banda Jethro
Tull soltó un aderezo de instrumentaciones que se mezclaban entre
jazz, country y folck.
El público en su mayoría con espíritu
joven, acompañados de amigos e hijos adultos, convirtieron
la velada en un encuentro familiar muy íntimo.
Pañoletas anaranjadas y brillando destacaban las cabelleras canas
de aquellos que dejaron liberar a los adolescentes que escucharon a Jethro
Tull hace muchos años.
Una bandera guatemalteca ondeó, muy cerca de un grupo de chapines,
quienes gritaban sin parar cada vez que desde el escenario se les convocaba.
Anderson y su banda fueron puntales y no dejaron esperar mucho a su público
que, por puñados, se congregaron en buena parte del Anfiteatro
de la Feria Internacional para recordar la esencia de este flautista.
Minstrel in the Gallery, Living in the past, A song for Jeffrey, Aqualung
y Thick as a brick, además de Batteries not included, se mezclaron
en un recorrido de recuerdos.
Memorias en las que se vio al roquero Luis López gozar del momento;
a la locutora Aída Farrar, mantenerse muy seria y disfrutar del
espectáculo, así como a un ansioso Rafael Alfaro, quien
olvidó a sus platillos voladores a fin de que no le quitaran la
mirada del escenario.
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| Los Tull. La banda irlandesa consiguió
hacer gala del refrán de que lo añejo sabe y se disfruta
mejor. Foto EDH/Wilfredo Diaz |
Cámaras digitales, así como celulares registraban el momento.
Nadie, absolutamente nadie, se alborotó con tanto ímpetu
como en otros conciertos. Hasta la valla que separa el área VIP
con la general no existía, cada quien conocía su lugar y
lo respetaba.
La mayoría habría llegado en medio de la presentación
de los jóvenes salvadoreños de Extremos Unidos, quienes
rendían homenaje musical con temas clásicos de Christopher
Cross y Alan Parson.
Desde las 8:00 de la noche, sus instrumentos no pararon de componer las
melodías, hasta cumplir 45 minutos de jornada.
La verdad es que ha sido un concierto que desde hacía mucho
tiempo esperábamos, comentó el locutor Luis Balibrera,
durante la pausa entre los nacionales que dejaron libre el escenario para
revivir el pasado musical junto a sus amigos.

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