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Exabruptos politiqueros
El budín del comandante

Para evitar malentendidos, recurramos al criterio de verdad del marxismo: la praxis social. Por medio de ella se constata si un saber es falso o verdadero o si tal frase la dijo mengano o perencejo

Publicada 1 de septiembre 2005, El Diario de Hoy


Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La amenaza del comandante de enviar sus tropas efemelenistas a Venezuela para defender la soberanía e independencia del coronel Hugo Chávez ha levantado polvo en El Salvador y en varios países de América Latina. Y no podía ser de otra manera. Pues una declaración guerrerista, aunque se disfrace de patriótica, no deja de preocupar a los pueblos que anhelan vivir en paz.

Afortunadamente, la reacción popular ha sido inmediata. Unos condenaron el amague belicoso por las consecuencias adversas que trae todo conflicto; otros, al hecho de tocar a arrebato por supuestos acontecimientos futuros y, otros, por preferir las balas y los fusiles en lugar del diálogo y el consenso. Hay que tomar en cuenta que la amenaza no proviene de fulano o mengano, sino de un experimentado y fogueado líder de un partido político.

Diez preguntas a la bancada de izquierda esperarán respuesta hasta que el infierno se enfríe: 1) ¿Puede un dirigente político tener gente entrenada, armada, pagada y financiada con petrodólares para llevarla como reses a un país amigo? 2) ¿Cómo es posible que a un líder político se le ocurra enfrentar a sus tropas con la primera potencia mundial, lo que sería un acto de suicidio? 3) ¿Por qué el Frente condena el envío de tropas a Iraq, pero apoya el envío de sus milicianos a Venezuela? 4) ¿No estará el comandante en jefe confundiendo sus atribuciones de diputado con las funciones propias del Presidente de la República? 5)

¿Puede un diputado arrogarse la representación del país para negociar bienes y servicios con una nación extranjera? 6) Quién es patriota, ¿el que lucha por los intereses de un país extranjero o el que lucha por su patria próspera y feliz? 7) ¿El comandante pólvora sacará sus tropas del país en forma legal o ilegal? 8) ¿Permitirá el Gobierno que salgan tropas del territorio, ya sea legal o clandestinamente? 9) Si un alto dirigente de un partido político amenaza convertir a sus miembros en milicianos, ¿no viola el Código Electoral? y 10) El “escándalo ridículo” lo crea, ¿quien suelta la lengua fácilmente o quien critica sus peligrosos exabruptos?

No sería desatinado sospechar que el móvil del comandante de opereta para tratar de arrear sus tropas contra el imperialismo, etapa “inferior” del capitalismo, resida en su odio, cerril y contumaz, contra los que no comulgan con el comunismo. O a que ha alquilado su lengua viperina al amasiato hugo-fidelista. Todo puede suceder en este mundo caleidoscópico de las “cien flores”, como decía Mao Tse Tung. También lo explicaría su falta de coraje y valentía porque durante las ofensivas topeteras ni siquiera disparó tiritos al aire y ahora busca reivindicarse.

Recuerdo muy bien que, durante esa aciaga época, se dedicaba a turistear por países euro- peos, asiáticos y árabes con una alcancía de boca ancha y asiento sin fondo, diz que para financiar la tercera revolución en Latinoamérica, después de las de Cuba y Nicaragua. Y si la colecta dejaba algunos rublos extras, mucho que mejor, como quedó al descubierto con el llamado “oro de Moscú”, según unos periodistas mexicanos. Si el río suena, piedras lleva.

Pero cuando no turisteaba, entonces se montaba en su mula tordilla, escopeta terciada en la espalda y sombrero de palma, para pasear por las veredas de Chalatenango, en una “dolce far niente”, porque jamás le sacó humo a la escopeta ni supo para qué servía. Ahora tal vez quiere desatar una nueva ofensiva total para demostrar que si no tuvo ningún acto heroico en la pasada, en la nueva sí dará la vida por “puro patriotismo”.

Por eso sus amenazas tienen más tufillo a show de celuloide que a praxis revolucionaria; a histrionismo de carpa que a patriotismo honesto y a “niña terrible” mafaldera que a legendario guerrillero cheguevareano. Porque, a decir verdad, el “niño travieso” tiene un sorprendente parecido con el personaje de “Quino”, la niña que odia la sopa y se entretiene conversando con el globo terráqueo. Ambos deslumbran con sus ocurrencias inesperadas y sus pensadas escandalosas. Ella, tratando de desconcertar siempre a sus amigos, y él, buscando “epater le bourgois”. Y no hay duda de que lo consiguen, y con creces; porque, ¿quién no lee las historietas de Quino por más antiguas que sean? Hasta ARENA le está sacando astillas, mientras otros buscan arsenales de guerra olvidados en tatús.

Dicen que los extremos se juntan. Pat Robertson —líder del dogmatismo conservador— pidió la horca para Chávez y, el comandante pólvora —líder del dogmatismo marxista— la guerra contra Bush. Pero el reverendo se disculpó inmediatamente al comprobar en la práctica que se había extralimitado y el cascarón fosilizado, en cambio, culpa a los otros de desatar un “escándalo ridículo”. Para evitar malentendidos, recurramos al criterio de verdad del marxismo: la praxis social. Por medio de ella se constata si un saber es falso o verdadero o si tal frase la dijo mengano o perencejo.

Obviemos el problema recomendándole al comandante que compre un budín, se lo coma y después diga si está sabroso o rancio, dulce o ácido. ¡La prueba del budín está en comérselo! Así también en la praxis se prueba el origen de una amenaza o quién es el responsable de un escándalo. Y los recortes periodísticos, los hechos, prueban que el “escándalo ridículo” lo creó el propio comandante de opereta.

Por último, me preocupa mucho que siendo tan fácil inventar un chiste sobre el comandante pólvora, reconozca que no se me ocurre ninguno. ¡Sólo epítetos!

*Colaborador de El Diario de Hoy. carlossb48@latinmail.com

 


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