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Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La amenaza del comandante de enviar sus tropas efemelenistas a Venezuela
para defender la soberanía e independencia del coronel Hugo Chávez
ha levantado polvo en El Salvador y en varios países de América
Latina. Y no podía ser de otra manera. Pues una declaración
guerrerista, aunque se disfrace de patriótica, no deja de preocupar
a los pueblos que anhelan vivir en paz.
Afortunadamente, la reacción popular ha sido inmediata. Unos condenaron
el amague belicoso por las consecuencias adversas que trae todo conflicto;
otros, al hecho de tocar a arrebato por supuestos acontecimientos futuros
y, otros, por preferir las balas y los fusiles en lugar del diálogo
y el consenso. Hay que tomar en cuenta que la amenaza no proviene de fulano
o mengano, sino de un experimentado y fogueado líder de un partido
político.
Diez preguntas a la bancada de izquierda esperarán respuesta hasta
que el infierno se enfríe: 1) ¿Puede un dirigente político
tener gente entrenada, armada, pagada y financiada con petrodólares
para llevarla como reses a un país amigo? 2) ¿Cómo
es posible que a un líder político se le ocurra enfrentar
a sus tropas con la primera potencia mundial, lo que sería un acto
de suicidio? 3) ¿Por qué el Frente condena el envío
de tropas a Iraq, pero apoya el envío de sus milicianos a Venezuela?
4) ¿No estará el comandante en jefe confundiendo sus atribuciones
de diputado con las funciones propias del Presidente de la República?
5)
¿Puede un diputado arrogarse la representación del país
para negociar bienes y servicios con una nación extranjera? 6)
Quién es patriota, ¿el que lucha por los intereses de un
país extranjero o el que lucha por su patria próspera y
feliz? 7) ¿El comandante pólvora sacará sus tropas
del país en forma legal o ilegal? 8) ¿Permitirá el
Gobierno que salgan tropas del territorio, ya sea legal o clandestinamente?
9) Si un alto dirigente de un partido político amenaza convertir
a sus miembros en milicianos, ¿no viola el Código Electoral?
y 10) El escándalo ridículo lo crea, ¿quien
suelta la lengua fácilmente o quien critica sus peligrosos exabruptos?
No sería desatinado sospechar que el móvil del comandante
de opereta para tratar de arrear sus tropas contra el imperialismo, etapa
inferior del capitalismo, resida en su odio, cerril y contumaz,
contra los que no comulgan con el comunismo. O a que ha alquilado su lengua
viperina al amasiato hugo-fidelista. Todo puede suceder en este mundo
caleidoscópico de las cien flores, como decía
Mao Tse Tung. También lo explicaría su falta de coraje y
valentía porque durante las ofensivas topeteras ni siquiera disparó
tiritos al aire y ahora busca reivindicarse.
Recuerdo muy bien que, durante esa aciaga época, se dedicaba a
turistear por países euro- peos, asiáticos y árabes
con una alcancía de boca ancha y asiento sin fondo, diz que para
financiar la tercera revolución en Latinoamérica, después
de las de Cuba y Nicaragua. Y si la colecta dejaba algunos rublos extras,
mucho que mejor, como quedó al descubierto con el llamado oro
de Moscú, según unos periodistas mexicanos. Si el
río suena, piedras lleva.
Pero cuando no turisteaba, entonces se montaba en su mula tordilla, escopeta
terciada en la espalda y sombrero de palma, para pasear por las veredas
de Chalatenango, en una dolce far niente, porque jamás
le sacó humo a la escopeta ni supo para qué servía.
Ahora tal vez quiere desatar una nueva ofensiva total para demostrar que
si no tuvo ningún acto heroico en la pasada, en la nueva sí
dará la vida por puro patriotismo.
Por eso sus amenazas tienen más tufillo a show de celuloide que
a praxis revolucionaria; a histrionismo de carpa que a patriotismo honesto
y a niña terrible mafaldera que a legendario guerrillero
cheguevareano. Porque, a decir verdad, el niño travieso
tiene un sorprendente parecido con el personaje de Quino,
la niña que odia la sopa y se entretiene conversando con el globo
terráqueo. Ambos deslumbran con sus ocurrencias inesperadas y sus
pensadas escandalosas. Ella, tratando de desconcertar siempre a sus amigos,
y él, buscando epater le bourgois. Y no hay duda de
que lo consiguen, y con creces; porque, ¿quién no lee las
historietas de Quino por más antiguas que sean? Hasta ARENA le
está sacando astillas, mientras otros buscan arsenales de guerra
olvidados en tatús.
Dicen que los extremos se juntan. Pat Robertson líder del
dogmatismo conservador pidió la horca para Chávez
y, el comandante pólvora líder del dogmatismo marxista
la guerra contra Bush. Pero el reverendo se disculpó inmediatamente
al comprobar en la práctica que se había extralimitado y
el cascarón fosilizado, en cambio, culpa a los otros de desatar
un escándalo ridículo. Para evitar malentendidos,
recurramos al criterio de verdad del marxismo: la praxis social. Por medio
de ella se constata si un saber es falso o verdadero o si tal frase la
dijo mengano o perencejo.
Obviemos el problema recomendándole al comandante que compre un
budín, se lo coma y después diga si está sabroso
o rancio, dulce o ácido. ¡La prueba del budín está
en comérselo! Así también en la praxis se prueba
el origen de una amenaza o quién es el responsable de un escándalo.
Y los recortes periodísticos, los hechos, prueban que el escándalo
ridículo lo creó el propio comandante de opereta.
Por último, me preocupa mucho que siendo tan fácil inventar
un chiste sobre el comandante pólvora, reconozca que no se me ocurre
ninguno. ¡Sólo epítetos!
*Colaborador de El Diario de Hoy. carlossb48@latinmail.com

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