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La Nota del Día
Nueva Orleans, la Perla del Golfo

Durante décadas, Nueva Orleans fue la puerta de entrada a Estados Unidos para los hispanoamericanos, que la visitaban para comerciar, para entretenerse, para hacer negocios y para dejar a sus hijos en las excelentes universidades que hay en su entorno

Publicada 1 de septiembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Nueva Orleans, la esplendorosa joya del Misisipi, la Perla del Golfo de México, muere ahogada. Una de las cuatro ciudades de Estados Unidos de propia, mágica e irrepetible raigambre, de noble abolengo, ha caído víctima de la más espantosa catástrofe natural de América del Norte. Sucumbió, a juicio nuestro, para no levantarse jamás.

Nueva Orleans une cuatro tradiciones —española, francesa, sajona y negra— en magníficos logros culturales, cívicos, humanos, gastronómicos, científicos, técnicos y económicos. Su puerto es uno de los de mayor movimiento comercial del mundo, la puerta de salida de una extensa región agrícola e industrial; la ciudad es la cuna del jazz, de los carnavales en Estados Unidos, de ricas tradiciones pictóricas, de la cocina creole y del gumbo. Durante décadas, Nueva Orleans fue la puerta de entrada a Estados Unidos para los hispanoamericanos, que la visitaban para comerciar, para entretenerse, para hacer negocios y para dejar a sus hijos en las excelentes universidades que hay en su entorno.

Nueva Orleans fue una de las pocas ciudades estadounidenses donde la gente caminaba y paseaba a pie, sin riesgo ni sobresalto, disfrutando los encantos que cada calle y parque ofrecían, desde la muy famosa Bourbon con sus bares, strippers, músicos y luces, hasta los tranquilos parques y la majestuosa Canal Street. El comercio era amable y sin prisa, la atención hotelera magnífica, los lugareños amigables. El toque sureño es inconfundible pese al carácter cosmopolita de la urbe.

Las dimensiones de la catástrofe sobrecogen el espíritu, nos llena de inmenso dolor. Nueva Orleans está inundada por aguas tóxicas y sucias que han paralizado el tráfico, complicando enormemente las labores de rescate. Nadie sabe cuántas personas están atrapadas en los techos de sus casas, ni el número real de muertos que causó el huracán en Nueva Orleans y las áreas aledañas. Las familias están divididas sin posibilidad de comunicación; los refugios saturados y pestilentes, los hospitales paralizados.

Las comunidades de salvadoreños, centroamericanos, sudamericanos y europeos que habían hecho de la ciudad su nueva patria, se encuentran dispersas. Se calcula que pasarán semanas antes de restablecer servicios esenciales de electricidad, agua y telefonía. Las inundaciones han prácticamente bloqueado todas las salidas de Nueva Orleans.

Vivirá siempre en nuestros recuerdos

El horror se extiende a otras ciudades en el delta del Misisipi y las zonas golpeadas por el huracán. Son miles los desaparecidos e inconmesurables los daños a la propiedad y las estructuras de toda naturaleza. Las calles se transformaron en ríos y las ciudades en enormes pantanos donde apenas asoman los techos de las casas. El lago Pontchardrin continúa vaciándose sobre Nueva Orleans, empujando hacia arriba los niveles del agua.
¿Se podrá reconstruir Nueva Orleans y es que tiene lógica hacerlo? Para muchos, la bella ciudad pertenece al pasado, una nueva Atlántida que deja lindas memorias, recuerdos imborrables.

Muchos de sus mejores hijos buscarán otros horizontes, llevando consigo una parte de los tesoros espirituales y artísticos que hicieron de Nueva Orleans el prodigio que cautivó a tantos. Otros harán lo posible por reconstruir sus vidas y rescatar lo que se pueda; no se puede descartar que se busque una nueva ubicación para la ciudad, como de la Babilonia bíblica se pasó a Bagdad.


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