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| Tragedia. El sangriento asedio de un grupo de
30 terroristas a una escuela terminó con el asesinato de más
de 330 personas, en su mayoría mujeres y niños, el 1
de septiembre del año pasado. Fotos The
New York Times |
The New York Times
Sabra Ayres
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
BESLÁN, Rusia.- Las madres de Beslán aún caminan
vestidas de negro por las polvorientas calles de este poblado agobiado
por el dolor. Siguen cargando consigo fotografías de sus seres
amados, y se limpian los ojos cuando relatan de nuevo la historia de cómo
sus vidas fueron cambiadas para siempre hace un año, cuando un
sangriento asedio a una escuela por parte de terroristas chechenos terminó
con las muertes de más de 330 personas, en su mayor parte mujeres
y niños.
Pero, junto a la pena, prevalece la ira. Pese a que ha transcurrido un
año de investigaciones, las exigencias de la ciudad para que el
Gobierno les dé respuestas con respecto a lo que realmente ocurrió
no han arrojado nada, aseguran residentes.
Dijeron que la situación se facilitaría luego que
pasara un tiempo, pero cada día yo siento que quiero trepar por
las paredes porque sólo quiero volver a ver a mi niñita,
dijo Fátima Kelehsaeva, quien perdió a su hija de 13 años,
Sofía, el 1 de septiembre del año pasado, cuando más
de 30 terroristas irrumpieron en la Escuela Número 1 y tomaron
a 1,200 rehenes.
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El sitio terminó en un tiroteo entre fuerzas rusas y los terroristas,
luego de que explosivos plantados en la escuela estallaran y los soldados
entraran. Muchos perdieron la vida en el fuego cruzado. La mayoría
de los rehenes murió en un incendio que consumió el gimnasio,
donde mil de los rehenes habían estado confinados durante tres
días.
Un año de dolor ha cobrado su precio sobre Kelehsaeva, y sobre
el resto de los casi 30,000 residentes de Beslán.
Yo no gasto dinero en nada, con la excepción de flores para
ella. Las dejo en la escuela y en su tumba, al igual que el resto de las
personas que estamos de luto.
Muchas personas aquí creen que el gobierno ha ocultado la verdad
con respecto a lo que ocurrió cuando las fuerzas rusas atacaron
sorpresivamente la escuela. Muy pocos creen que en el alegato gubernamental
en cuanto a que solamente había 32 personas que tomaron rehenes.
Inconformes
Los medios de comunicación de Rusia informaron esta semana que
el Presidente Vladimir Putin estaba inconforme con el progreso de una
investigación por parte de una comisión parlamentaria, misma
que no será completada a tiempo para el aniversario de la masacre.
Hubo más de 1,200 rehenes, y ese número significa
que no hay forma de que solamente 32 terroristas pudieran haber mantenido
a tantas personas bajo su control, destacó Ludmilla Pileyva,
de 50 años, cuya hermana y sobrina murieron en el asedio. El
gobierno quiere ocultar el verdadero número de terroristas que
estuvo ahí, ya que no desean admitir que el resto escapó.
Uno de los chechenos que tomaron rehenes está siendo enjuiciado,
el único de los 32 terroristas chechenos que no murió en
la fallida operación de rescate, según fiscales.
La mayoría de la gente aquí cree que el acusado, NurPashi
Kulayev, quien ocupa un lugar detrás de una jaula de hierro en
el juzgado, podría ser el único testigo del trágico
suceso que puede describir lo ocurrido durante el último día
del sitio. Ellos quieren que él sea castigado, aseguraron. Sin
embargo, también quieren que él sea capaz de, primero, decir
la verdad.
Barbarie
Kelehsaeva muestra las fotografías que le tomaron junto a Sofía
antes de que su hija muriera. Las imágenes revelan a una madre
que tenía 15 kilogramos más de peso y que era más
despreocupada, al tiempo que descansaba su cabeza sobre los estrechos
hombros de su alta hija.
Ese día, Sofía iba a comenzar el noveno grado cuando llegó
a la escuela. Lo que sucedió a lo largo de los tres días
siguientes es sumamente doloroso para que su madre lo considere. Testigos
que lograron sobrevivir al sitio recuerdan la brutalidad en detalle.
Luego de atestar el gimnasio de la escuela con los rehenes, los terroristas
le conectaron explosivos. Las temperaturas en el saturado gimnasio pronto
superaron al intenso calor de septiembre en las calles.
Los terroristas separaron a los varones adultos y les dispararon en la
cabeza, para luego arrojar sus cuerpos a través de los ventanales
del segundo piso de un laboratorio de química. A los rehenes, más
de la mitad de los niños, les negaron alimento y agua. Algunas
madres relataron historias de cómo niños pequeños,
desesperadamente sedientos, comenzaron a beber su propia orina.
Posteriormente, el 3 de septiembre, hubo una explosión y el gimnasio
escolar se incendió. Aún es un misterio cómo fue
que se provocó dicha explosión.
Algunos testigos dicen creer que las fuerzas armadas usaron lanzallamas
desde tanques, los cuales provocaron la conflagración subsiguiente.
El Gobierno ha negado el uso de lanzallamas.
Incapaz de salir arrastrándose del edificio en llamas, Sofía
pereció quemada. Cuando su cuerpo fue identificado mediante un
análisis de ADN, Kelehsaeva no sintió ningún alivio.
Hace un año, su hija estaba preparando sus cuadernos y mochila
para un nuevo año escolar. Hoy día, Kelehsaeva se está
preparando para afrontar el primer aniversario del peor día de
su vida.

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