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Joaquín
Villalobos*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Oxford, Inglaterra. Cuando el predicador estadounidense Pat Robertson
llamó a su Gobierno a asesinar al actual Presidente de Venezuela,
desencadenó declaraciones que evidencian que estamos frente a una
mini Guerra Fría en Latinoamérica.
En un programa radial transmitido desde Cuba, juntos Fidel Castro, Daniel
Ortega, Schafik Handal y Hugo Chávez especularon sobre una posible
invasión estadounidense a Venezuela. Castro preguntó a Handal
cuál sería la reacción de los salvadoreños
en ese caso. Éste respondió que miles irían a combatir
para defender a Chávez.
La derecha salvadoreña acusó entonces a Handal por una supuesta
posesión de armas. Castro respondió respaldando a Handal
y acusó al Presidente de El Salvador de ser títere por tener
tropas en Iraq. EE.UU., si bien rechazó las declaraciones de Robertson,
continuó señalando a Chávez como responsable de estar
desestabilizando a Bolivia y a otros países. Todo este juego de
falsedades, medias verdades y retórica extremista puede continuar
creciendo, porque, aun cuando parezca que se atacan, en realidad se ayudan
entre todos ellos.
Esta mini Guerra Fría tiene tres problemas: la polarización
de las relaciones en el continente, la inmadurez de la izquierda religiosa
y el seguimiento incondicional de algunas derechas hacia Bush. EE.UU.
mantiene hacia Venezuela una política reactiva, la retórica
de Chávez es tomada demasiado en serio y esto provoca que locuras
como la de Robertson tomen primeros planos. La administración Bush
necesita un embajador con sentido del humor en Caracas, que inicie una
distensión tolerante hacia Chávez. Sólo distensionando
se podrá detener el deterioro de la democracia en Venezuela. El
conflicto sólo sirve para aumentar la radicalización, los
40 años de esa política con Cuba lo comprueban.
Es necesario despolarizar el continente, las diferencias ya no ameritan
conflicto, existen otras prioridades y otros peligros. El Salvador debería
abrir relaciones diplomáticas con Cuba y tomarle la palabra a Chávez
sobre acuerdos petroleros ventajosos, no hacerlo es una diplomacia primitiva
extremista que pagan cara todos los salvadoreños, la gasolina no
tiene ideología. Colombia, igual que El Salvador, es aliada de
Bush y también tiene un Gobierno conservador, pero es inteligente,
maduro y soberano en el manejo de sus relaciones internacionales. A pesar
de que afrontan un conflicto interno, que tiene conexiones internacionales,
mantienen buenas relaciones con Chávez y con Castro, y esto les
está permitiendo aislar a sus enemigos internos.
La pregunta de Castro a Handal, a sólo seis meses de una elección
parlamentaria en El Salvador, es en sentido práctico un acto de
cooperación con la derecha salvadoreña. Castro no quiere
izquierdas moderadas que ganen elecciones y gobiernen, demanda que mantengan
su discurso radical, porque de esa forma evita que lo critiquen y asegura
que se subordinen a la defensa de Cuba, tal como lo hacían los
soviéticos con los partidos comunistas. Por ello la pregunta la
dirigió a Handal, quien respondió entregándole armas
políticas al partido ARENA.
Fidel conoce muy bien a esa izquierda que, como dice un amigo mexicano,
tiene el síndrome de la derrota, esa izquierda que
prefiere arrodillarse en un Vaticano izquierdista, que hacer algo por
los pobres en sus países, esa que le ahorra el trabajo al
adversario, dándose ellos mismos un tiro por la espalda.
Esto fue lo que hizo Handal, y esto es lo que ha hecho siempre. Usando
las palabras de este mismo amigo, Schafik es un profesional de la
derrota.
Desde que Handal tomó control del FMLN, este partido se ha dividido
siete veces, una vez cada dos años, jamás ha podido conservar
a todos sus diputados ni a todos sus alcaldes, se ha opuesto con el apoyo
de Cuba a cualquier candidato presidencial que pudiera ganar, y desintegró
a la gran coalición de fuerzas de izquierda que conquistó
la democracia en El Salvador. La derecha ha montado un teatro de reacciones
con las que harán mucho ruido sin llegar a nada, saben muy bien
que Handal es su principal colaborador, por lo tanto, jamás irán
a fondo en nada contra los comunistas, sin ellos podrían perder
el Gobierno.
En 1995 escribí un artículo para la revista de la Internacional
Socialista (Social Democracia), la organización de partidos más
grande y con más poder en el mundo, que tiene incluso calidad de
organismo consultivo de Naciones Unidas. Luego de referirme de forma optimista
a los cambios logrados por el Acuerdo de Paz en El Salvador, decía
lo siguiente: La amenaza principal ahora es que se pierda una oportunidad
por el despilfarro y el monopolio de poder de la derecha y por la incapacidad
de competir de la oposición, esto puede llevar al país a
una gran descomposición social de la que ya hay evidencias en un
crecimiento de la delincuencia.
La modernización incipiente del viejo poder, sin la renovación
de la oposición detiene el proceso de cambios en la derecha y pone
en riesgo la democracia
una de las amenazas en el proceso salvadoreño
es que el sistema político no se balancee y que la derecha monopolice
el poder por la inexistencia de competidores reales y viables, manteniéndose
una polarización de la cual la derecha siempre resultaría
triunfadora, esto no sería bueno para nadie ni ayudaría
a resolver los problemas del país.
Diez años más tarde esas afirmaciones son realidad. Ya estamos
frente a una violencia incontrolable y ante retrocesos graves que van
restableciendo mecanismos de represión y militarización.
Los comunistas, y Handal en particular, son culpables de haber convertido
una victoria en derrota y de que la izquierda pierda una oportunidad que
quizás tome muchos años para volverse a presentar. Si tanta
preocupación tienen por Chávez, la tarea principal debería
ser unir a toda la oposición, concertar un programa de realizaciones
democráticas, apoyar un liderazgo ganador, llegar al Gobierno y
desde allí realizar una diplomacia de distensión en el continente.
Ofrecerse para combatir en una guerra que no existe, sabiendo que eso
se paga con fortalecimiento de la derecha en El Salvador, es demasiado
torpe. Por lo tanto, es justo pensar que la cooperación de Handal
con ARENA es pensada, deseada y concertada.
La única conducta comparable con la actitud del FMLN es la de la
misma derecha de ARENA que envía tropas a Iraq por lealtad ideológica
a Bush y para restablecer el militarismo. Si de apoyar a Bush se trata,
lo fundamental sería que garantizaran la seguridad en nuestro propio
país. El deterioro acelerado de este tema en El Salvador es una
amenaza grave para los Estados Unidos.
Nuestra nación es, después de México, el país
latinoamericano con las redes delictivas que más han perforado
ilegalmente las fronteras estadounidenses. Por otro lado, las maras se
están constituyendo en una sola red desde el norte hasta Centroamérica.
Esa condición de violencia, ilegalidad y caos en El Salvador es
sin duda una oportunidad para los terroristas que quieren atacar a EE.UU.
Este escenario de errores evidentes que alimentan falsos conflictos sólo
se explica a partir del dogmatismo de la izquierda y de la soberbia de
la derecha, y como me dijo un buen amigo venezolano: El dogmatismo
y la soberbia son ambos parientes cercanos de la estupidez.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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