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Conversando sobre política
¿Cuba corporativa?

Lo más extraño de este asunto es ver en esa foto al líder histórico del FMLN, cuya revolución, de llegar a darse en El Salvador, no tendría ni la plata de Chávez, ni la coyuntura histórica de Fidel

Publicada 31 de agosto 2005, El Diario de Hoy

Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Durante mi estadía en España entre los años 1997 y 1998, estudiando un postgrado en Derecho Empresarial, tuve la oportunidad de conocer a una ciudadana cubana que junto con una guatemalteca y este servidor éramos los únicos extranjeros en el aula conviviendo por lo demás, con muy buenos amigos españoles.

Nuestros profesores eran todos abogados en ejercicio, socios de prestigiosos despachos españoles que atendían las necesidades corporativas de empresas nacionales y grandes transnacionales. Su experiencia entonces era la mejor enseñanza que podíamos obtener, pues el programa del Máster se basaba exclusivamente en el método del caso, esto es, el análisis de situaciones prácticas que podrían suceder en las empresas, lo cual nos permitía discutir ampliamente entre los compañeros y los profesores la solución que como abogados corporativos debíamos presentar a la supuesta junta directiva del grupo empresarial que nos había solicitado la opinión legal.

Todas las mañanas nos ser- vían a los estudiantes para analizar los casos; durante la tarde iniciaba la jornada en la universidad y era entonces cuando debíamos exponer ante los profesores, la solución al problema planteado, lo cual, por supuesto, era evaluado y ponderado para la nota final, con lo cual nos jugábamos cada tarde la aprobación de dicha materia, lo que podía afectarnos o beneficiarnos en el promedio final del postgrado. Lo interesante en todo esto era la participación de nuestra amiga cubana.

Lilian, como identificaremos en esta columna a esta cubana, era una inmigrante que había huido de su tierra natal, por decisión propia, al percatarse de que sus sueños de convertirse en una abogada corporativa no podrían ser cumplidos en su querida isla. En dicho “país” no existían empresas que requirieran de sus servicios y las pocas iniciativas que se tenían para iniciar un negocio se veían cada vez más asediadas y reguladas por el dictador cubano. Durante el año y medio que convivimos en las aulas, conocimos no sólo su vocación por el derecho y su habilidad para interpretar y armonizar las distintas disposiciones legales en cada uno de los casos que nos planteaban los profesores, sino también su lado humano, afectado grandemente por la niñez “anormal” que vivió en su país de origen.

Quizás lo más relevante de sus experiencias, compartidas en momentos de nostalgia cuando recordaba a su familia aún residente en Cuba, era la época navideña. Lilian nos contó cómo, durante estas fiestas, el régimen cubano vigilaba a cada ciudadano que intentaba decorar su casa con un árbol de Navidad. Ésta era, para el líder cubano, una costumbre estadounidense y, por tanto, era prohibida por el dictador, pues, según él, alimentaba el sentimiento norteamericano de los cubanos y creaba en ellos la esperanza de un futuro mejor, de una Cuba sin ataduras, donde todos los ciudadanos pudieran hacer lo que su libre albedrío les dictara. El ejemplo era burdo y, sin embargo, nos impactó mucho. La niñez de Lilian se esfumó en un abrir y cerrar de ojos y fue hasta su llegada a la madre patria, que pudo celebrar como siempre lo desearon ella, sus hermanos y sus padres.

Recuerdo también cómo los amigos españoles, todos compañeros de curso, se burlaban de Lilian por estar estudiando una maestría que nunca podría ejercer en su patria natal. Lo hacían, creo yo, porque les sorprendía el raciocinio con el que resolvía los casos, como si en Cuba hubiera trabajado para empresas transnacionales o hubiera sido la abogada corporativa mejor cotizada por las empresas cubanas. Obviamente esto no era así, por lo que todos conocemos. Ante la pregunta de por qué estudiaba una especialización que no podría ejercer en Cuba, Lilian respondió claramente que “el día que el régimen cayera, ella sería la primera abogada de empresas y la que más conocimiento tendría en la isla”.

Con lo dicho hasta aquí, no pretendo referirme a la Cuba de Castro, donde las violaciones a los derechos humanos, a la libertad individual y a la iniciativa privada son el pan de cada día. Los que somos amigos del sistema económico con responsabilidad social conocemos muy bien esos antecedentes y por tanto convencer a los convencidos sobre lo que siguen padeciendo los cubanos sería simplemente innecesario.

Lo que me interesa con estas líneas es que todos reflexionemos sobre el contraste de los países libres y democráticos respecto de aquellos donde los derechos fundamentales son simplemente desconocidos o utilizados en provecho de falsos líderes, que encuentran en los problemas sociales un pretexto para sus “soñadas revoluciones”. Ver juntos en una foto a Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro no es extraño, pues en dos de esos países se impulsan revoluciones que, si bien benefician a la población afectada con la pobreza extrema, lo hacen en detrimento del desarrollo empresarial y las libertades individuales, y en el caso de Bolivia, se está destruyendo el sistema democrático con el derrocamiento de los presidentes electos en las urnas por todos los ciudadanos.

Lo más extraño de este asunto es ver en esa foto al líder histórico del FMLN, cuya revolución, de llegar a darse en El Salvador, no tendría ni la plata de Chávez, producto del petróleo, ni la coyuntura histórica de Fidel, que contó con el apoyo de las, en aquel entonces, potencias comunistas. Lo único que se logra con esas apariciones es revivir el fantasma de los inversionistas extranjeros que ven en estas posiciones, los anhelos de estas personas por nacionalizar todo aquello que puedan e implementar un sistema que ya no tiene cabida en países como el nuestro.

*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia de la República.

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