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El
Diario de Hoy
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Investigar si los comunistas salvadoreños mantienen arsenales
han pedido diputados en la Asamblea, a raíz del anuncio de Schafik
Handal de que muchos salvadoreños irían a Venezuela de darse
una guerra allá. Sin duda existen muchas armerías efemelenistas
escondidas, como quedó en evidencia al estallar el buzón
de Santa Rosa en Managua hace unos años; deben ser numerosos
los tatús con fusiles y armas de toda clase, las que
se sacan y vuelven a guardar de acuerdo con las circunstancias que vayan
surgiendo.
Lo que no tiene sentido es que el señor Handal o alguno de los
cabecillas efemelenistas esté considerando el envío de armamentos
a Venezuela o tropa uniformada y armada: a Chávez le sobran armas
y de inmediato proveería de uniformes y pertrechos a cualquier
contingente de salvadoreños, cubanos, colombianos o nicaragüenses
que se presenten a defender la revolución bolivariana
en caso de un ataque de Estados Unidos. Lo traído de los cabellos
es que Estados Unidos invada Venezuela cuando hay maneras más eficaces
de aniquilar cualquier fuerza militar en el Hemisferio que pueda lanzar
una agresión contra ellos.
Como aclaró el propio diputado Handal, ni él ni nadie está
pensando enviar armas a Venezuela; lo que esos regímenes necesitan
es carne de cañón, jóvenes a quienes sacrificar en
guerras convencionales y en conflagraciones de otra clase. Y eso abunda
en El Salvador, en Nicaragua y en otros países que han sufrido
embates subversivos. La ex guerrilla y el partido comunista cuentan con
contingentes de sediciosos capaces de participar en acciones militares
o actos terroristas, tanto dentro del territorio como fuera de nuestras
fronteras.
Chávez ha venido adiestrando a nacionales de diversos países
hispanoamericanos, los que lleva a Venezuela a recibir entrenamientos
impartidos por cubanos y que se justifican como capacitaciones en salud
o educación. Hace pocas semanas un avión venezolano que
iba a Nicaragua tuvo que hacer un aterrizaje forzado en San Salvador,
y entre los pasajeros se encontraban más de sesenta jóvenes
salvadoreños. La carne de cañón de la que hablamos.
Desde la niñez los enrolan
La formación de cuadros patrióticos para defender
a Chávez, participar en actos subversivos o volarse en pedazos
en Bagdad sigue un mismo patrón: a los jóvenes se les adoctrina
sea en colegios o universidades, sea dentro de agrupaciones como las maras,
sea dentro de comunidades religiosas de base con agendas secretas.
Fue en las mezquitas inglesas donde se reclutó a los jóvenes
que sembraron el terror en Londres y donde se fraguaron los ataques del
11 de septiembre en Nueva York. El proceso se inicia con lavados de cerebro.
Los grupos que controlan la UES son consumados maestros en el arte de
adoctrinar. No todos los estudiantes caen, pero hay un número suficiente
de confundidos y envenenados para continuar engrosando los movimientos
contra la democracia. Es dentro de la UES que se forman y sostienen grupos
de choque al estilo de la BRES. A niños y jóvenes los enrolan
desde la escuela o en los institutos de secundaria. Muchos recuerdan las
fotos de criaturas de seis y siete años rindiendo honores
con rifles; esos pobres infantes y niños, los samuelitos,
están casi todos muertos; los pocos que sobrevivieron han llegado
a viejos sin oficio ni futuro, como toda carne de cañón.

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