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La Nota del Día
Lo que hace falta es la carne de cañón

Muchos recuerdan las fotos de criaturas de seis y siete años “rindiendo honores” con rifles; esos pobres infantes y niños, los “samuelitos”, están casi todos muertos

Publicada 31 de agosto 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Investigar si los comunistas salvadoreños mantienen arsenales han pedido diputados en la Asamblea, a raíz del anuncio de Schafik Handal de que muchos salvadoreños irían a Venezuela de darse una guerra allá. Sin duda existen muchas armerías efemelenistas escondidas, como quedó en evidencia al estallar el “buzón de Santa Rosa” en Managua hace unos años; deben ser numerosos los “tatús” con fusiles y armas de toda clase, las que se sacan y vuelven a guardar de acuerdo con las circunstancias que vayan surgiendo.

Lo que no tiene sentido es que el señor Handal o alguno de los cabecillas efemelenistas esté considerando el envío de armamentos a Venezuela o tropa uniformada y armada: a Chávez le sobran armas y de inmediato proveería de uniformes y pertrechos a cualquier contingente de salvadoreños, cubanos, colombianos o nicaragüenses que se presenten a defender “la revolución bolivariana” en caso de un ataque de Estados Unidos. Lo traído de los cabellos es que Estados Unidos invada Venezuela cuando hay maneras más eficaces de aniquilar cualquier fuerza militar en el Hemisferio que pueda lanzar una agresión contra ellos.

Como aclaró el propio diputado Handal, ni él ni nadie está pensando enviar armas a Venezuela; lo que esos regímenes necesitan es carne de cañón, jóvenes a quienes sacrificar en guerras convencionales y en conflagraciones de otra clase. Y eso abunda en El Salvador, en Nicaragua y en otros países que han sufrido embates subversivos. La ex guerrilla y el partido comunista cuentan con contingentes de sediciosos capaces de participar en acciones militares o actos terroristas, tanto dentro del territorio como fuera de nuestras fronteras.

Chávez ha venido adiestrando a nacionales de diversos países hispanoamericanos, los que lleva a Venezuela a recibir entrenamientos impartidos por cubanos y que se justifican como capacitaciones en salud o educación. Hace pocas semanas un avión venezolano que iba a Nicaragua tuvo que hacer un aterrizaje forzado en San Salvador, y entre los pasajeros se encontraban más de sesenta jóvenes salvadoreños. La carne de cañón de la que hablamos.

Desde la niñez los enrolan

La formación de cuadros “patrióticos” para defender a Chávez, participar en actos subversivos o volarse en pedazos en Bagdad sigue un mismo patrón: a los jóvenes se les adoctrina sea en colegios o universidades, sea dentro de agrupaciones como las maras, sea dentro de “comunidades religiosas de base” con agendas secretas. Fue en las mezquitas inglesas donde se reclutó a los jóvenes que sembraron el terror en Londres y donde se fraguaron los ataques del 11 de septiembre en Nueva York. El proceso se inicia con lavados de cerebro.

Los grupos que controlan la UES son consumados maestros en el arte de adoctrinar. No todos los estudiantes caen, pero hay un número suficiente de confundidos y envenenados para continuar engrosando los movimientos contra la democracia. Es dentro de la UES que se forman y sostienen grupos de choque al estilo de la BRES. A niños y jóvenes los enrolan desde la escuela o en los institutos de secundaria. Muchos recuerdan las fotos de criaturas de seis y siete años “rindiendo honores” con rifles; esos pobres infantes y niños, los “samuelitos”, están casi todos muertos; los pocos que sobrevivieron han llegado a viejos sin oficio ni futuro, como toda carne de cañón.


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