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The New York Times
El Diario de Hoy
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BIJAGUA, Costa Rica -- Bolívar Elizondo se gana la vida a duras
penas en su rancho de 25 acres, en las montañas cercanas a Bijagua,
donde cría pollos y cerdos, tiene una docena de vacas y cultiva
piñas. Sin embargo, su mayor preocupación en estos días
es un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.
Un hombre que debe hacer todo a mano, con un machete o cuchillo, Elizondo
depende de la venta de alrededor de 50 cerdos para financiar el resto
de su pequeña operación. Dice que nunca podrá competir
con los grandes productores de carne, mecanizados, de Estados Unidos,
los que se espera invadan el mercado en los próximos 20 años
si la legislatura de Costa Rica aprueba el acuerdo.
El Tratado de Libre Comercio Centroamericano, conocido como CAFTA, apenas
si fue aprobado por el Congreso a finales de julio, después de
que el Presidente Bush montó un despliegue maestro de camarillismo
y presiones. Sin embargo, incluso en esta región el acuerdo está
lejos de ser un trato cerrado. Se ha convertido en un asunto político
tóxico aquí, en la economía más rica de Centroamérica,
así como en varias otras, incluidas las de países donde
el pacto ya fue aprobado por las legislaturas.
Presionados
Bush argumenta que el tratado reforzará la estabilidad política
en la región y reducirá el déficit de 2.3 mil millones
de dólares con los países participantes. Sin embargo, los
negociadores de la región no tuvieron suficiente apalancamiento
para arrancarle muchas concesiones a Estados Unidos, dijeron críticos
e incluso algunos partidarios.
Un funcionario de alta jerarquía de Costa Rica, quien habló
bajo condición de mantener el anonimato por temor a ofender a sus
contrapartes estadounidenses, declaró que la amenaza implícita
es que no se renovarían las preferencias comerciales temporales
de las que gozaban con anteriores acuerdos. Los países centroamericanos
tuvieron que adherirse al nuevo pacto o arriesgarse a ver la disminución
de sus exportaciones.
Funcionarios estadounidenses de comercio no negaron que la renuencia a
prolongar las preferencias más allá de 2008 pudo haber aguijoneado
a los países para unirse al pacto nuevo.
Implicaciones
Si un país elige no ratificar el CAFTA y abrir sus mercados
a los bienes y servicios estadounidenses, no debería asumir automáticamente
que el Congreso seguiría proporcionándole acceso unilateral
preferencial al mercado de Estados Unidos, explicó Neena
Moorjani, vocera del representante comercial de Estados Unidos, Rob Portman.
Como tal, el tratado ha dividido a los costarricenses y otros en la región,
y la gente, tanto en favor como en contra, ahora advierte de la fatalidad
inminente si no se salen con la suya.
Si se aprueba el pacto, los pequeños agricultores como Elizondo
aseguran que serán arrasados. Si no, los manufactureros costarricenses
como Luis Gamboa, cuya fábrica produce estufas y refrigeradores,
dicen que posiblemente se vayan a otro país.
Líderes laborales amenazan con huelgas y gritan que el tratado
obligará a efectuar despidos en el sector público y elevará
los costos de la atención médica. Quienes cultivan flores
sostienen que tendrán que cerrar sus negocios si no hay tratado.
Ni Nicaragua ni la República Dominicana han aprobado el acuerdo
todavía, por razones similares.
En Guatemala, donde la legislatura sí lo aprobó, se realizaron
manifestaciones violentas en contra. En El Salvador, uno de los aliados
más cercanos de Estados Unidos, los trabajadores de la salud protestaron.

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