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| Desgracia. Una delación habría
derivado en la muerte del menor Ronald Ulises Guzmán. Foto
EDH |
Jorge Beltrán
El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Tenía sólo once años. No estudiaba pero trabajaba
en una panadería o, a veces, vendía dulces en los buses,
jugaba canicas y era testigo involuntario de dos asesinatos. Por esto
último lo mataron hace 14 días.
Se llamaba Ronald Ulises Guzmán. Tres tiros acabaron con su vida
justo cuando hacía lo que, según sus amigos, más
le gustaba: jugar chibolas.
A su escasa edad quizá no comprendió el inmenso riesgo que
se echó encima cuando cedió ante las autoridades para que
atestiguara en un doble homicidio.
Fue en febrero de este año cuando Ronald se topó por primera
vez con la muerte... ajena.
Aquel domingo, recién anochecía. Juan Aguilar y Elizaberth
Moreira estaban en una pequeña zona verde de la urbanización
Bosques de Prusia.
Ambos alimentaban con caricias de pareja, el idilio que mantenían.
La luz amarillenta de una farola atestiguaba aquella plática de
enamorados.
Ronald estaba cerca del lugar. De seguro jugaba, pues su vivienda estaba
inmediata. Eran aproximadamente las ocho de la noche.
Como de la nada, aparecieron Elmer Carranza y Edwin Mancía, conocidos
miembros de la mara que domina Bosques de Prusia. En cuestión de
segundos, la escena se transformó. El hombre murió en el
acto, la joven en el hospital.
El caso se pintaba como los que la policía llama chocos.
Esto es que no hay indicios por donde comenzar la investigación.
Lo que para la policía fue un golpe de suerte para resolver el
caso, para Ronald y su familia fue el comienzo de una desgracia.
La familia consintió en ayudar a la justicia. La policía
se las arreglaba para que nadie sospechara de lo que Ronald y su madre
hacían cuando ambos, algunas veces, salían de casa sin decir
la verdad a dónde iban.
La policía los recogía en un lugar determinado. No llegaban
a la casa para no quemarlos.
Se confiaron
Tanto la Fiscalía como la policía, dicen fuentes policiales,
se sentían seguros de que nada le ocurriría a Ronal ni a
su familia porque, incluso, ni siquiera un hermano del testigo, vinculado
a la Mara Salvatrucha de la urbanización, sabía lo que Ronal
había visto aquella noche de febrero.
La policía aconsejó hartamente a Ronald para que no contara
a nadie lo que estaba haciendo de la mano con la Fiscalía ni policía.
Nada podía pasarle a Ronald, pese a que no era un testigo protegido.
Todo iba bien, hasta que hace varias semanas, el abogado defensor de Carranza
y Mancía tuvo acceso a los documentos donde constaba la identidad
y dirección del testigo clave.
Y el 11 de agosto anterior. Ronald fue asesinado. Sus canicas quedaron
esparcidas en el sitio donde jugaba.
El caso no ha sido tocado todavía, es decir que no se ha comenzado
a investigar. Pese a ello, la hipótesis policial es que a Ronald
lo mataron para callarlo.
Sospechan que se filtró la identidad
La hipótesis más fuerte sobre el asesinato de Ronald Guzmán
es que un allegado al proceso filtró la información a los
dos detenidos y éstos ordenaron el crimen.
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| Canicas. Con las que jugaba Ronald el día
que lo mataron. Foto EDH |
Fuentes policiales dicen tener suficiente fundamento sobre su presunción.
Incluso hablan de prueba testimonial.
El delator abría tenido acceso a la identidad del testigo a través
de un juzgado de Soyapango que conoce el caso de los asesinatos de Juan
Aguilar y Elizabeth Moreira.
Aunque no se pudo comprobar a través de la Fiscalía, extraoficialmente
se supo que la subregional de esa institución está preparando
una querella contra el sospechoso por haber delatado al testigo clave
del proceso contra sus defendidos.
Ayer al filo de las cuatro de la tarde se intentó conocer la versión
fiscal pero argumentaron que ya era demasiado tarde para hacer las consultas
del caso.
Además de la muerte de Ronald Guzmán, hay otro problema.
Según fuentes policiales, el testimonio del menor no había
sido judicializado porque tanto la policía como la Fiscalía
creyeron que escondiendo la identidad del testigo, la integridad de él
estaba a salvo.
No sabía
La policía no sospecha, dicen, de que el hermano de Ronald haya
traicionado a su pariente. Están seguros de que éste no
sabía lo que hacía su hermano.
Las autoridades creen que el asesino de Ronald es también un compinche
de los dos detenidos por el doble homicidio.
Pero los pandilleros de la comunidad aseguran que fueron sus rivales de
la colonia Los Conacastes.
Incluso, los mareros hacen lástima por el bicho (muchacho)
de quien dicen que no era de la mara.
Sin embargo, vecinos que conocieron a Ronald aseguran que el niño
era utilizado como pasante (transportar armas, drogas, etc.)
por la pandilla del lugar. La policía no desecha esa aseveración.

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