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Niño asesinado en Soyapango era testigo clave

Las sospechas. Las autoridades creen que un allegado al proceso habría delatado al pequeño testigo clave. Ronald había presenciado un doble homicidio el pasado febrero


Publicada 24 de agosto 2005 , El Diario de Hoy

Desgracia. Una delación habría derivado en la muerte del menor Ronald Ulises Guzmán. Foto EDH

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Tenía sólo once años. No estudiaba pero trabajaba en una panadería o, a veces, vendía dulces en los buses, jugaba canicas y era testigo involuntario de dos asesinatos. Por esto último lo mataron hace 14 días.

Se llamaba Ronald Ulises Guzmán. Tres tiros acabaron con su vida justo cuando hacía lo que, según sus amigos, más le gustaba: jugar chibolas.

A su escasa edad quizá no comprendió el inmenso riesgo que se echó encima cuando cedió ante las autoridades para que atestiguara en un doble homicidio.

Fue en febrero de este año cuando Ronald se topó por primera vez con la muerte... ajena.
Aquel domingo, recién anochecía. Juan Aguilar y Elizaberth Moreira estaban en una pequeña zona verde de la urbanización Bosques de Prusia.

Ambos alimentaban con caricias de pareja, el idilio que mantenían. La luz amarillenta de una farola atestiguaba aquella plática de enamorados.

Ronald estaba cerca del lugar. De seguro jugaba, pues su vivienda estaba inmediata. Eran aproximadamente las ocho de la noche.

Como de la nada, aparecieron Elmer Carranza y Edwin Mancía, conocidos miembros de la mara que domina Bosques de Prusia. En cuestión de segundos, la escena se transformó. El hombre murió en el acto, la joven en el hospital.

El caso se pintaba como los que la policía llama “chocos”. Esto es que no hay indicios por donde comenzar la investigación.

Lo que para la policía fue un golpe de suerte para resolver el caso, para Ronald y su familia fue el comienzo de una desgracia.

La familia consintió en ayudar a la justicia. La policía se las arreglaba para que nadie sospechara de lo que Ronald y su madre hacían cuando ambos, algunas veces, salían de casa sin decir la verdad a dónde iban.

La policía los recogía en un lugar determinado. No llegaban a la casa para no “quemarlos”.

Se confiaron

Tanto la Fiscalía como la policía, dicen fuentes policiales, se sentían seguros de que nada le ocurriría a Ronal ni a su familia porque, incluso, ni siquiera un hermano del testigo, vinculado a la Mara Salvatrucha de la urbanización, sabía lo que Ronal había visto aquella noche de febrero.

La policía aconsejó hartamente a Ronald para que no contara a nadie lo que estaba haciendo de la mano con la Fiscalía ni policía.

Nada podía pasarle a Ronald, pese a que no era un testigo protegido.

Todo iba bien, hasta que hace varias semanas, el abogado defensor de Carranza y Mancía tuvo acceso a los documentos donde constaba la identidad y dirección del testigo clave.

Y el 11 de agosto anterior. Ronald fue asesinado. Sus canicas quedaron esparcidas en el sitio donde jugaba.

El caso no ha sido tocado todavía, es decir que no se ha comenzado a investigar. Pese a ello, la hipótesis policial es que a Ronald lo mataron para callarlo.


Sospechan que se filtró la identidad

La hipótesis más fuerte sobre el asesinato de Ronald Guzmán es que un allegado al proceso filtró la información a los dos detenidos y éstos ordenaron el crimen.

Canicas. Con las que jugaba Ronald el día que lo mataron. Foto EDH

Fuentes policiales dicen tener suficiente fundamento sobre su presunción. Incluso hablan de prueba testimonial.

El delator abría tenido acceso a la identidad del testigo a través de un juzgado de Soyapango que conoce el caso de los asesinatos de Juan Aguilar y Elizabeth Moreira.

Aunque no se pudo comprobar a través de la Fiscalía, extraoficialmente se supo que la subregional de esa institución está preparando una querella contra el sospechoso por haber delatado al testigo clave del proceso contra sus defendidos.

Ayer al filo de las cuatro de la tarde se intentó conocer la versión fiscal pero argumentaron que ya era demasiado tarde para hacer las consultas del caso.

Además de la muerte de Ronald Guzmán, hay otro problema.

Según fuentes policiales, el testimonio del menor no había sido judicializado porque tanto la policía como la Fiscalía creyeron que escondiendo la identidad del testigo, la integridad de él estaba a salvo.

No sabía

La policía no sospecha, dicen, de que el hermano de Ronald haya traicionado a su pariente. Están seguros de que éste no sabía lo que hacía su hermano.

Las autoridades creen que el asesino de Ronald es también un compinche de los dos detenidos por el doble homicidio.

Pero los pandilleros de la comunidad aseguran que fueron sus rivales de la colonia Los Conacastes.

Incluso, los mareros hacen lástima por el “bicho” (muchacho) de quien dicen que no era de la mara.

Sin embargo, vecinos que conocieron a Ronald aseguran que el niño era utilizado como “pasante” (transportar armas, drogas, etc.) por la pandilla del lugar. La policía no desecha esa aseveración.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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