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Manuel
F. Ayau Cordón*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Ciudad de Guatemala. (AIPE).- Europa demuestra que la rigidez del mercado
laboral sale muy cara a los trabajadores, como lo reconocen hoy en Francia
y Alemania, donde el mercado laboral es rígido en comparación
con el de Estados Unidos.
El FMI, en 2003, estimó que si Europa flexibilizara su legislación
laboral al estilo de EE.UU., el desempleo disminuiría a mediano
plazo en 1,6% (equivalente en Alemania a 700.000 puestos) y a largo plazo,
en 3,3%, al tiempo que su PIB aumentaría en 5%. Como su legislación
laboral dificulta la productividad, los salarios son más bajos
y el desempleo más del doble que en EE.UU.
En Guatemala, bajo la influencia de la Organización Internacional
del Trabajo, el Código de Trabajo se estableció para dar
una supuesta seguridad en el empleo y establecer mecanismos de negociación
de salarios más favorables a los trabajadores. Pero al final de
cuentas ha resultado ser otro ejemplo empobrecedor de la ley de consecuencias
no previstas y de incentivos perversos.
Con el Tratado de Libre Comercio, el problema de los trabajadores se va
a agravar, porque EE.UU. ha anunciado fuerte financiamiento (unos 160
millones de dólares) para fortalecer el sindicalismo.
Debido a la indemnización por despido injustificado, los salarios
son más bajos, los trabajadores han perdido su poder de negociación,
no aprovechan mejores oportunidades de empleo, la productividad de la
economía es más baja de lo que podría ser y los precios
de los productos que los trabajadores compran con sus salarios son más
altos.
Esto se debe a que, como el pasivo laboral aumenta considerablemente con
cada alza de salario, constituye un fuerte incentivo para no aumentarlos.
Y, como la indemnización depende de la causa de retiro, el trabajador
no negocia, advirtiendo que si se retira de la empresa de forma voluntaria
pierde la indemnización. El retiro voluntario le sale caro al trabajador
y tanto él como el patrono lo saben. Esto disminuye el poder de
negociación a los trabajadores, quienes entonces ganan menos de
lo que estarían ganando si no existieran esas malas leyes laborales.
Cuando al trabajador se le presenta una mejor oportunidad de trabajo toma
en cuenta lo que le costaría retirarse voluntariamente. Eso es
un incentivo para no aprovechar mejores ofertas de empleo, lo cual le
hace daño tanto a él como a la economía de la nación,
ya que si la oportunidad rechazada es mejor remunerada es porque el valor
de su aporte también sería mayor para la sociedad.
Resulta así que la fuerza laboral no tiende a estar trabajando
donde su aporte es más valioso, lo cual resta productividad al
país y, en consecuencia, al poder de compra de los salarios. Ésa
es una de las razones por las que hay países pobres y otros ricos.
La forma tutelar obligada en la aplicación de la ley
laboral incentiva la mecanización de procesos productivos, aunque
la relación entre costo de capital a costo de mano de obra no lo
justifique, disminuyendo artificialmente la demanda de mano de obra y,
por ende, de los salarios.
Al final de cuentas, la seguridad en el empleo es efímera por muchas
razones ajenas a los patronos: por el inevitable advenimiento de sustitutos
al producto o servicio que vende, por la inflación, cambios de
costumbres o leyes, caída de los precios y otras causas fuera del
control del patrono. Pero cualquier causa que no sea imputable al trabajador
injustamente se le imputa de forma automática al patrono.
Ante la necesidad de sobrevivir, en todas partes donde no hay flexibilidad
laboral, los trabajadores se hunden en la economía informal (no
afectada por leyes laborales ni impuestos) o emigra a EE.UU., donde las
condiciones contractuales son libremente negociadas.
En Guatemala, se estima que la economía informal ocupa más
del 59% de la población activa. En Francia es más del 15%
y en Italia 25%. Una encuesta de Gallup determinó que en EE.UU.,
donde los trabajadores pueden ser despedidos sin causa ni indemnización,
éstos se sienten mucho más seguros en su empleo que los
de Alemania, Francia e Italia.
*Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador
de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad
Mont Pelerin. © www.aipenet.com

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