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Rodolfo
Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Hace aproximadamente unos 35 años, cuando comencé a laborar
en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social, prestando mis servicios
como médico, el Dr. Rómulo Sosa recientemente fallecido
era ya un personaje conspicuo en la trama de jefaturas de la institución.
Desempeñaba el cargo de jefe del Laboratorio Clínico del
centro médico, mucho antes de que la consulta general y especializada
se descentralizara a San Jacinto, Zacamil, Santa Anita y Atlacatl.
Era director general el Dr. José Kuri Asprides, médico visionario,
responsable de la creación del primer plan maestro de desarrollo
de la infraestructura que sirvió de guía, y continúa
vigente, en el crecimiento ulterior. Además logró sustituir
el anticuado sistema de médicos de planta por un moderno programa
de residencias médicas, que rápidamente elevó el
nivel académico y la calidad de las prestaciones.
Por esos años en que la seguridad social se consolidaba en la sociedad
salvadoreña, se desató una vigorosa corriente de progreso
y despliegue institucional que abarcó varias áreas cruciales,
como la formación de los recursos humanos en los campos médico,
administrativo y técnico. En este movimiento, como era de esperar,
el Dr. Rómulo Sosa participó activamente como muchos otros
profesionales que, por cierto, ahora ni siquiera son mencionados, a pesar
de que construyeron las bases sobre las cuales descansa y se apoya el
Seguro Social de los tiempos presentes.
La lista de esos pioneros es larga y pido disculpas por no citarlos a
todos debido a las limitaciones del espacio, pero recordaré algunos:
Dra. Vera Alicia de Navas y su equipo, creadora de la farmacia del centro
médico y de las correspondientes unidades médicas y hospitales
en el interior del país; Licda. Gladys de Rosales, que junto con
las también licenciadas Ruth de Molina y Elisa Manzano de Rosa,
hizo otro tanto en el campo del Trabajo Social; Dr. Rómulo Sosa
que llevó la tecnología del laboratorio clínico a
todos los rincones del país y Dr. Ricardo Salvador Mendoza Tovar,
que trabajó incansablemente en medicina preventiva a nivel nacional.
En el crecimiento y avance académico, con evidente repercusión
en el modelo asistencial se destacaron los jefes de departamento, doctores:
Tomás Mariano Cáceres (gineco-obstetricia), José
Nicolás Astacio Soria (patología y enseñanza y promoción
científica), Francisco Escobar (medicina), Ernesto Núñez
(cirugía) y muchos excelentes jefes de servicio, como los doctores:
Dymas Funes Hartman (ortopedia y traumatología), Jesús García
Montenegro (gastroenterología), Alejandro Gamero Orellana (cirugía
torácica y cardiovascular), Antonio Ramírez Amaya (neurocirugía),
Julio César Bottari (neurología), Julio César Caballero
(oftalmología), etc.
En general, las políticas institucionales en el campo de la salud
eran operativizadas por un equipo de jefaturas entre los que destacaban
los doctores: Alfonso Cruz Palacios (director médico) y su equipo
de supervisores de gran trayectoria como los doctores Ramón Lucio
Fernández y Francisco Saldaña (odontólogo). Mauricio
Dehais Contreras (subdirector médico), Mario Vidal Chacón
(director centro médico) y otros.
El Dr. Sosa y su equipo fue el más importante asesor en materia
de diseño y equipamiento de laboratorios clínicos de unidades
médicas y hospitales, y puede ser considerado el padre de los laboratorios
clínicos del ISSS.
Por los años 70, el laboratorio del centro médico era considerado
como uno de los más completos y avanzados del país, y para
cumplir con la descomunal demanda de análisis solicitados por los
médicos procesaba alrededor de 2,500 a 3,00 muestras diarias. Debe
recordarse que prestaba sus servicios a la consulta general y especializada,
al hospital con unas 500 camas entre censables y no censables y servicio
de atención de urgencias, que atendía unas 250 personas
cada 24 horas.
También asesoraba a la comisión técnica de la entonces
Proveeduría (después Abastos y luego UACI, etc.), varias
comisiones, especialmente a la de compras del H. consejo directivo y a
la división administrativa en la elaboración de contratos
para la compra de servicios al Ministerio de Salud, en algunos lugares
alejados de la República. Miembro de varias comisiones de trabajo
que se reunían al menos una vez por semana, como el consejo asesor,
comité de docencia, comité de servicios de apoyo y comité
para el control de las infecciones nosocomiales. Y como si todo lo anterior
fuera poco, tengo entendido que se desempeñó con éxito
en la agricultura en su natal Ahuachapán y en la docencia.
Su andar cansino contrastaba con su energía inagotable para el
trabajo y jamás le escuché decir esto no me toca.
Reconocido por todos por su iniciativa y actitud permanente de colaborar.
Lealtad a toda prueba a las ciencias y prácticamente un adicto
de la investigación científica. El que esto escribe lo recuerda
por su peculiar capacidad para encontrar el lado amable a las cosas y
situaciones, su ingenio para afrontar las circunstancias adversas y su
profundo sentido común que lo hacía convertir lo complicado
en sencillo. Trabajar con el Dr.
Sosa es contagiarse de alegría y entusiasmo, decían
las competentes e inolvidables supervisoras de enfermería, señoras
J. de Servellón, E. de Rodríguez y R. de Montalvo. Todos
desean tener al Dr. Sosa en su mesa, afirmaba el Dr. Mario Vidal
Chacón (director del centro médico) al referirse a la participación
del Dr. Sosa en seminarios, congresos, simposios y cursos de actualización.
Poseedor de una amplia cultura general, era gran aficionado a todas las
expresiones del arte. En los interminables viajes de supervisión
al interior del país, cuando nos sorprendía la hora del
almuerzo, en no pocas veces nos tocó saborear y compartir viandas
autóctonas, como el refresco de cebada batido con molinillo, acompañado
de un generoso trozo de poleada en el mercado de Acajutla; chompipe guisado
en sartén de barro en Nahuizalco; minuta con nances congelados
y dulce de tamarindo en Ahuachapán, y chilate con nuégados
de yuca a la entrada del mercado de Apopa.
Cuando se jubiló el Dr. Sosa, como ocurre siempre en el país,
ese enorme caudal de conocimientos y experiencias que bien pudo servir
para preparar a las futuras generaciones de profesionales, prácticamente
se perdió.
* Dr. en Medicina.

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