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El
Diario de Hoy
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Las pinzas de los escándalos se están cerrando alrededor
del Presidente Lula, de Brasil, a medida que más y más actos
de corrupción salen a luz. Como es usual, una vez que llegan al
poder, los partidos de extrema izquierda se dedican a saquear las arcas
públicas; en el caso de Brasil, se dice y se sabe que alrededor
de Lula hay grandes enriquecimientos, pero como es siempre el caso, faltan
las pruebas. Es muy difícil encontrar sobornos, averiguar de cuentas
en el exterior, vincular a presidentes y ministros con compras de propiedades
en otros países.
El jueves pasado, según informa el diario francés Le Figaro,
el ex tesorero del Partido de los Trabajadores de Lula admitió
que la campaña electoral que llevó a éste a la presidencia
tuvo financiamientos ilegales. A ello se suman sobornos a diputados (lo
que es norma y costumbre a lo ancho y largo del Hemisferio) y muchas
otras cosas raras.
Materia para iniciar un proceso de destitución contra Lula, señala
Le Figaro, abunda, pero nadie en Brasil quiere revivir el episodio de
Fernando Collor, un carismático sinvergüenza al que las fuerzas
políticas echaron de la presidencia por corrupción. En tal
sentido, los ecuatorianos y los costarricenses tienen más temple;
son varios los ex presidentes encausados y condenados por corrupción.
A raíz de una investigación de EL DIARIO DE HOY en nuestro
suelo ya cayó un ex presidente de la Anda, por los malos manejos
y las manipulaciones que hizo de contratos.
En esto de la corrupción, los pueblos tienen que estar vigilantes
y recoger pruebas de enriquecimientos ilícitos. O como los malos
de las películas del Viejo Oeste, hay que dormir con un ojo abierto,
nunca bajar la guardia. También sucede que todos ven cómo
hay funcionarios que pasan a mejor vida de la noche a la mañana,
pero no se puede hacer nada, sea por indiferencia de las autoridades,
sea por la habilidad del pícaro en tapar sus rastros.
Sin transparencia no hay honestidad
Anda es un caso ejemplarizante, pero hay todavía peores que duermen
el sueño de los justos, como el del basurero modelo de las
alcaldías efemelenistas del Gran San Salvador. Hasta el momento,
como ejemplo, el ex alcalde Héctor Silva no ha dicho dónde
está el dinero que se sacó a los contribuyentes para la
planta de transferencia; tampoco se sabe cómo se manejan
los ingresos del basurero, ni se aclara a quiénes ni cómo
se paga.
Por los saqueos, las malversaciones y la incapacidad, las alcaldías
efemelenistas están todas en la bancarrota y no han hecho obras
de beneficio de ninguna clase. Para colmo, el señor Silva abrió
las puertas del país a la mafia, agregando una nueva estrella a
la corona del comunismo: la familia Bonnano se suma a los etarras, a la
narcoguerrilla colombiana, a los extremistas islámicos y a toda
suerte de grupos sediciosos con los que ha mantenido alianzas por años.
El problema de la corrupción surge de la discrecionalidad y la
falta de transparencia. Cuando los funcionarios (inclusive dentro de empresas
privadas) pueden elegir, las tentaciones para escoger por favores es irresistible.
A Dios gracias, hay ahora una forma de lograr transparencia: colocar en
la Internet lo esencial de los negocios estatales para que toda la gente
fiscalice.

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