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La Nota del Día
Las pinzas se cierran sobre el gobierno de Lula

El problema de la corrupción surge de la discrecionalidad y la falta de transparencia. Cuando los funcionarios (inclusive dentro de empresas privadas) pueden elegir, las tentaciones para escoger por favores es irresistible

Publicada 24 de agosto 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Las pinzas de los escándalos se están cerrando alrededor del Presidente Lula, de Brasil, a medida que más y más actos de corrupción salen a luz. Como es usual, una vez que llegan al poder, los partidos de extrema izquierda se dedican a saquear las arcas públicas; en el caso de Brasil, se dice y se sabe que alrededor de Lula hay grandes enriquecimientos, pero como es siempre el caso, faltan las pruebas. Es muy difícil encontrar sobornos, averiguar de cuentas en el exterior, vincular a presidentes y ministros con compras de propiedades en otros países.

El jueves pasado, según informa el diario francés Le Figaro, el ex tesorero del Partido de los Trabajadores de Lula admitió que la campaña electoral que llevó a éste a la presidencia tuvo financiamientos ilegales. A ello se suman sobornos a diputados (lo que es norma y costumbre a lo ancho y largo del Hemisferio) y “muchas otras cosas raras”.

Materia para iniciar un proceso de destitución contra Lula, señala Le Figaro, abunda, pero nadie en Brasil quiere revivir el episodio de Fernando Collor, un carismático sinvergüenza al que las fuerzas políticas echaron de la presidencia por corrupción. En tal sentido, los ecuatorianos y los costarricenses tienen más temple; son varios los ex presidentes encausados y condenados por corrupción. A raíz de una investigación de EL DIARIO DE HOY en nuestro suelo ya cayó un ex presidente de la Anda, por los malos manejos y las manipulaciones que hizo de contratos.

En esto de la corrupción, los pueblos tienen que estar vigilantes y recoger pruebas de enriquecimientos ilícitos. O como los malos de las películas del Viejo Oeste, hay que dormir con un ojo abierto, nunca bajar la guardia. También sucede que todos ven cómo hay funcionarios que pasan a mejor vida de la noche a la mañana, pero no se puede hacer nada, sea por indiferencia de las autoridades, sea por la habilidad del pícaro en tapar sus rastros.

Sin transparencia no hay honestidad

Anda es un caso ejemplarizante, pero hay todavía peores que “duermen el sueño de los justos”, como el del basurero modelo de las alcaldías efemelenistas del Gran San Salvador. Hasta el momento, como ejemplo, el ex alcalde Héctor Silva no ha dicho dónde está el dinero que se sacó a los contribuyentes para la “planta de transferencia”; tampoco se sabe cómo se manejan los ingresos del basurero, ni se aclara a quiénes ni cómo se paga.

Por los saqueos, las malversaciones y la incapacidad, las alcaldías efemelenistas están todas en la bancarrota y no han hecho obras de beneficio de ninguna clase. Para colmo, el señor Silva abrió las puertas del país a la mafia, agregando una nueva estrella a la corona del comunismo: la familia Bonnano se suma a los etarras, a la narcoguerrilla colombiana, a los extremistas islámicos y a toda suerte de grupos sediciosos con los que ha mantenido alianzas por años.

El problema de la corrupción surge de la discrecionalidad y la falta de transparencia. Cuando los funcionarios (inclusive dentro de empresas privadas) pueden elegir, las tentaciones para escoger por favores es irresistible. A Dios gracias, hay ahora una forma de lograr transparencia: colocar en la Internet lo esencial de los negocios estatales para que toda la gente fiscalice.

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