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El Diario de
Hoy
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Los Piscarros: el invento que alimentó
el hambre
El hambre de tren agudizó el ingenio de quienes viven entre Santa
Ana y Metapán.
Sobre los rieles de este tramo de 57 kilómetros, los piscarros
sustituyen al ferrocarril, desde que la actividad de éste cesara
definitivamente el 15 de octubre de 2002.
También conocidos como bushcarrospronunciación similar
al del apellido del presidente estadounidense, no son más
que una plataforma cuadrada de madera, que gracias a cuatro rodamientos
se desliza sobre ambos carriles.
Es una patineta de proporciones sobrehumanas que, como cualquier otra,
se mueve con el mero impulso de una pierna.
A las 7:30 a.m. del pasado viernes 8 de julio, un camión que circulaba
por la carretera a Metapán aminoró la velocidad para terminar
estacionado en la encrucijada del asfalto y la férrea vía.
Mientras un muchacho bajaba dos marmitas de leche de la cama del vehículo,
otro se esmeraba en encajar sobre los raíles lo que parecía
una patineta para mastodonte: el piscarro.
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| Útil. El invento facilita el transporte
a zonas sin acceso por carretera. Foto EDH |
Dos pares de baleros hacen que no descarrile el único medio de
transporte para la leche en una zona que sin tren quedó aislada.
La llevamos como a un kilómetro adentro, informaba
el muchacho de las marmitas señalando el horizonte en el que se
perdía, años atrás, el tren que transportaba cemento
desde Metapán hasta San Salvador.
Esa fue la misma ruta que siguieron los vagones de pasajeros, los gasolineros
y ganaderos, o aquellos que acarreaban café y caña desde
1929, cuando la empresa estadounidense International Railways of Central
America (IRCA) construyera el tramo entre Texistepeque y la frontera con
Guatemala.
Hoy las vías son territorio de vehículos sin motor, y cada
caserío tiene la evidencia.
Como quien detiene el carro frente a la puerta de la casa, los vecinos
del cantón Agua Calientede su estación, en desuso
desde 1998, sólo queda los muros, o de Los Jovos estacionan
el piscarro correspondiente junto a los ranchos; en vertical para no ocupar
más derecho de vía que el estrictamente necesario.
Hasta reses podemos llevar, dice José Hilario Guevara
Rivas, tratando de ilustrar su utilidad y para alardear de la capacidad
de la maxi patineta aparcada al pie de su vivienda.
Y se perdía en detalles de una narración en apariencia onírica:
no hace mucho que iba a traer vacas y cuches por San Isidro.
Cuando la fuerza de su pierna era insuficiente para desplazar tal carga,
sólo se asía al carromotor que aún circula por las
vías para vigilarlas. El piscarro nos sirve de mucho, pero
el día que Fenadesal lo prohíba se acabó el transporte
en estos caseríos. A saber cómo nos va a tocar.
A mayor hambreal de tren se le sumará el de piscarro,
el ingenio más agudo.
Estaciones-vivienda: refugios de la nostalgia
Lo que hoy es la vivienda de José Hilario Guevara Rivas, el de
la patineta para reses y las predicciones fatalistas, fue hasta 1998 la
estación Guarnecia. El caserío se sitúa en el distrito
dos del extinto ferrocarril, entre Nueva Concepción y Texis Junction,
en Santa Ana.
Los Guevara son una de las familias que habitan algunas construcciones
ferroviarias dispersas en el país. Llevan unos seis años
haciéndolo, como Luis Lozano y sus sobrinos en la estación
de Soyapango.
Mucho antes del 2002 había dejado de utilizarse la estación
acá. Así, Guevara, un ex ferrocarrilero, trata de
explicar que el cese de las operaciones ferroviarias en la red nacional
respondió más bien a un efecto dominó retardado.
Las condiciones de arrendamiento de esas estaciones varían en función
del trato alcanzado con Ferrocarriles Nacionales de El Salvador (Fenadesal),
dependencia estatal que desde el 22 de mayo de 1975 administra esos bienes.
Según el gerente de la estatal, Salvador Sanabria, no hay
nada tipificado, pero se establecen cláusulas en el acuerdo para
mantener la prioridad de la empresa. En el caso de que se decidiera
reutilizar el terreno, el usuario tendría que cederlo inmediatamente.
Así, mientras Lozano paga con el cuidado de las instalaciones el
derecho a habitarlas, a la familia Guevara el acuerdo le salió
algo más caro: 100 colones al mes. Un precio siempre simbólico.
Poder vivir en la estación de Soyapango, también le significó
a Lozano un remiendo del cordón umbilical que el finiquito del
16 de octubre de 2002 diseccionó. Hasta ese día había
sido encargado de la sección de papelería y útiles
de Fenadesal, su último vínculo con la empresa para la que
laboró 27 años.
Nostálgico, construye metáforas refiriéndose a su
padre, caporal del IRCA por 48 años: yo nací prácticamente
en las vías de tren. Ahora vive a ras de ellas, custodiándolas,
y garantizando que a la arquitectura ferroviaria de madera y lámina
no le varie ese rostro oxidado.
El reacomodo
Para tener un sentido de hogar, los Guevara han acondicionado la ex estación
de Guarnecia, pero respetando el recuerdo: la ventanita de la taquilla
sigue abierta y anuncia venta de boleteríaobviamente no hubo
clientes en seis años.Y la bodega de herramientas sigue en
pie, aunque con otra función: alberga el molino familiar.
El andén sigue en el mismo lugar, pero hace tiempo que es testigo
de esperas más largas que las del pasajero que aguardaba el tren
que lo llevaría hacia Texistepeque.
Hoy las esperas de andén se hacen eternas; los vecinos de Guarnecia
se reunen en lo que funge de patio de los Guevara para recordar las bondades
del tren - era bien seguro-; para compartir nostalgiaslos
que venían de Cojute en la mañanita alegraban los negocios
de acá, el ferrocarril era bien ocupable, sin él
estos lugarcitos están bien muertos; y para especular
sobre la reactivación del servicio. La espera sin hora de llegada.
El viernes 8 de julio, Guevara volvió a desempolvar una crítica
recurrente : pues, si es que algún día vuelve a pasar
el tren, esas vías no sirven, están podridas. Muy
cerca de él, Sabino Alfredo Rivera, empleado todavía de
Fenadesal, respondió: pues es ese el proyecto que tiene la
empresa.
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Una vía para muchas necesidades
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| Rudimentario. Cuatro rodamientos y baleros conforman
el mecanismo de los piscarros, el que les permite circular sin miedo
a descarrilar. |
Sobre rieles. Para los vecinos del caserío
la Y, esta es la forma más cómoda de llevar
a casa las compras del mercado de Santa Ana. |
Soyapango. La estación metropolitana es una
de las que resistió el paso del tiempo. A pesar del óxido,
hoy alberga a la familia Lozano. |

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