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| Los efectivos del cuarto contingente custodiaron
a los compañeros que les relevarán en sus tareas en
el suelo iraquí. Foto EDH / Wilfredo
Salamanca |
Con las tropas
en Iraq
Periodista Wilfredo Salamanca
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Un desierto que parece no tener fin, una temperatura alta que desespera
a un occidental que llega por primera vez a estas tierras, niños
que casi en fila se colocan en las calles para pedir dólares o
comida, y la aparente pasividad de sus habitantes es lo que se observa
al ingresar a Iraq por la frontera con Kuwait.
¡Esto da compasión! fue la reacción de
un miembro del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada, que ayer acompañó
el desplazamiento del quinto contingente del Batallón Cuscatlán
desde el Campamento Virginia, al norte de la capital kuwaití hasta
la ciudad iraquí de Al Hillah.
La caravana apenas se había internado una hora, y el jefe castrense
había comenzado a lamentarse. Después de las catorce horas
que siguió la caravana salvadoreña por la ruta a Tampa,
que conecta con Bagdad desde el sur, el efectivo salvadoreño no
se atrevió a calificar lo que había visto hasta llegar al
Campamento Charlie.
Para la vista resulta monótono recorrer tanta planicie sin advertir
señales de vida humana, ya que el cielo grisáceo aparenta
ocultar el fin del desierto. Ante el panorama, en un salvadoreño
surge la necesidad de ver la elevación de una montaña o
encontrar una sombra para descansar del viaje agotador.
Lo único que obliga detener la marcha son los accidentes de tránsito
o la explosión de alguna llanta en la carretera.
En tanto, a los niños iraquíes parece que les han dado un
mismo mandato al observar a los extranjeros: Levantar el pulgar derecho,
que en El Salvador equivale a un gesto de aprobación, pero aquí,
es una señal obscena.
Aún así, los infantes también unen sus manos para
pedir comida o gritan para que les entreguen un dólar.
Sus vestimentas sucias y la huella del sol en sus rostros confirman su
desgracia. Sin embargo, entre las pocas viviendas que hay en la ruta hacia
Tampa, se observan vehículos lujosos, que son la excepción.
En Al Hillah, la situación varía un poco. Hay una concentración
habitacional, el agua parece abundante ante al proximidad de la costa
y no ignoran que tienen como vecinos a militares internacionales.

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