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Cuscatlán V arriba a suelo Iraquí

Desplazamiento. el viaje desde Kuwait duró alrededo de 14 horas vía terrestre. A pesar del cansado trayecto, las tropas están animadas, tanto la que retorna como la que ha llegado.


Publicada 16 de agosto 2005 , El Diario de Hoy

La bandera salvadoreña ondeaba en el amanecer en la frontera entre Kuwait e Iraq. los soldados partieron al vecino país a las 2:00 a.m. Foto EDH / Wilfredo Salamanca

Con las tropas en Iraq
Periodista Wilfredo Salamanca
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Sentimientos encontrados invadieron ayer a los soldados de los dos contingentes del Batallón Cuscatlán que han coincidido en la ciudad iraquí de Al Hillah, en Babilonia.

Para los nacionales que serán relevados al final de esta semana, el ingreso del convoy al Campamento Charlie confirma que pronto estarán en casa, después de seis meses de participar en tareas de reconstrucción y humanitarias, en esta localidad, que a simple vista evidencia una pobreza extrema.

Los efectivos que asumirán la tarea en las próximas horas, aseguran que estar aquí es un reconocimiento a su carrera en la milicia, una oportunidad para conocer otra cultura y la posibilidad de contribuir a la estabilidad de la nación árabe.

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Pero, la llegada hasta esta parte del mundo que se caracteriza por su riqueza histórica, principalmente bíblica, ha implicado cansancio, descontrol sobre la hora salvadoreña y local, y la realización de comidas improvisadas para la tropa durante las 14 horas del trayecto que inició a las dos de la madrugada en Kuwait.

Ante la postergación de la salida, el grupo tuvo la oportunidad de descansar un día más, aunque el mensaje para todos era que se alistaran con suficiente agua y la ración C (comida enlatada) al menos para tres tiempos. Sin objeciones, la tropa se hizo de sus provisiones.

A la expectativa por el desplazamiento se unió la obligación para portar unos pesados chalecos antibalas y un casco, similar al que usaba la desaparecida Guardia Nacional en El Salvador. “¡Póngase tortuga!”, era la frase común en las barracas antes de partir.

El peso del protector para el desierto no baja de las 25 libras, más las cinco del resguardo para la cabeza.

Se debe ir protegido porque es frecuente que sus vehículos se desplacen por ahí con material para levantar puentes u otras actividades para favorecer a los locales.

La orden estaba girada para todos, pese a la fuerte presencia militar del Ejército de los Estados Unidos. Afortunadamente no hubo ninguna emboscada.

En el camino sólo habían dos tanques del antiguo régimen de Sadam Hussein que lucían corroídos y abandonados cerca de la carretera que siguió ayer la tropa salvadoreña, bajo un intenso calor. La temperatura no era inferior a los 50 grados centígrados.


Felices de cumplir con una misión

Preparados. Los nuevos soldados salvadoreños en Iraq han comenzado a adaptarse a las altas temperaturas que sofocan a los occidentales. Foto EDH / Wilfredo Salamanca

Los soldados recién relevados en la base militar de Al Hilla, en Iraq, están contentos de que pronto regresarán a su tierra natal, como las historias de dos efectivos.“Tengo una sensación de felicidad, porque ya cumplí con la misión. Que llegue el relevo es como tener el boleto de regreso a El Salvador y encontrarme con mi familia”, dijo el teniente Alejandro Palacios Serrano, de 29 años, quien reside en Ciudad Merliot, La Libertad.

Por su parte, el teniente Wilfredo Padilla, de 25, dice que el arribo del nuevo batallón le despierta felicidad “porque se acerca la oportunidad de regresarnos para el país. Es una buena señal de que ya nos iremos. En los seis meses hemos trabajado bastante en el apoyo a la reconstrucción del país. Me esperan mi madre y mis hermanos”. El uniformado tiene sus parientes en Ciudad Credisa, San Salvador.

Expectativa por las obras que harán

Otros en cambio están pendientes de lo que les espera durante los seis meses que durará la misión del quinto grupo en Iraq. Pronto comenzarán las obras humanitarias.

“Siento una gran motivación, porque ya estamos en el campamento nuestro. El grupo está más unido y pronto nos definirán el trabajo de reconstrucción y ayuda humanitaria que vamos a realizar”, comenta el teniente Cristóbal Anael Alas Hernández, de 27 años, originario de San Salvador.

Mientras el subteniente Manuel Antonio Rivera Flores, dice que para él “es un orgullo estar aquí en Iraq, poniendo en alto el nombre de El Salvador. Al llegar al campamento, me sentí alegre, porque me encontré con otros compañeros del Ejército”. El efectivo tiene 25 años, y procede de Zacatecoluca, La Paz.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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