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| Pasado. La excesiva dependencia del carbón,
que contamina el aire, mató a 6,009 mineros el año anterior.
Foto EDH/The New York Times |
The New York Times
Howard W. French
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
HUITENGXILE, China.- Desde lejos, las turbinas parecen casi imponentes,
alzándose amenazadoramente sobre el horizonte como invasores del
espacio con garras. Pero debemos acercarnos mucho para escuchar el más
ligero rumor mientras sus aspas giran, cosechando energía del viento.
En este abierto y ondulante pastizal de Mongolia Interior, los transformadores
dispersos por la llanura colectan electricidad de este pequeño
ejército de 96 monstruos metálicos con sus aspas giratorias.
Actualmente, producimos 68 megawatts, pero para 2008, generaremos
por lo menos 400 megawatts, afirmó Li Yilun, director de
la planta de energía de Huitengxile. Para entonces, seremos
la mayor finca de viento en toda Asia.
Las necesidades de energía de China, cada vez son más enormes,
atraen la atención del mundo debido a sus audaces intentos por
apoderarse de compañías petroleras extranjeras como la petrolera
independiente estadounidense Unocal. También ha realizado grandes
inversiones en la producción de petróleo en países
tan lejanos como Sudán y Venezuela.
Pero en su territorio, donde el petróleo se vuelve escaso y la
excesiva dependencia en el carbón ennegrece el aire de las grandes
ciudades y mató a 6,009 mineros el año pasado
, el Gobierno actúa con la misma agresividad para desarrollar fuentes
alternativas de energía.
Para 2020, a partir de una minúscula base que estableció
hace poco, China espera satisfacer el 10 por ciento de sus necesidades
con las llamadas fuentes de energía renovables, que incluyen el
viento, la energía solar, pequeñas presas hidroeléctricas
y biomasa como fibras de planta y desperdicios animales.
Hasta ahora, la energía del viento es la que muestra el mayor avance,
al grado de que incluso si la afirmación de Li, de que pronto tendrán
la mayor finca de viento en Asia, se vuelve realidad, aún tendrá
mucha competencia tan sólo dentro de China.
Grandes fincas de viento comienzan a surgir en provincias mucho más
pobladas, como las de Guangdong, Fujian y Hebei, y mientras los fabricantes
de turbinas chinos y extranjeros compiten furiosamente por este mercado
de rápida expansión, el costo por kilowatt se vuelve cada
vez más competitivo con el abundante carbón de China.
Entretanto, muchas provincias costeras desarrollan planes para construir
fincas de viento frente a la costa, donde los vientos son fuertes y el
uso de la tierra no es un problema. Se espera que proyectos como este
desplieguen enormes turbinas con aspas de 80 m de largo, cada una capaz
de generar 1.2 megawatts de electricidad, suficiente para abastecer a
cientos de casas, si no es que más.
Tenemos grandes metas para el desarrollo de la energía del
viento, declaró Wang Zhongying, director del Centro para
el Desarrollo de Energía Renovable de China. Para 2010, planeamos
alcanzar los 4,000 megawatts, y para 2020 esperamos lograr 20,000 megawatts,
o 20 gigawatts.
Afirmó que las mayores limitaciones no son el potencial de energía
eólica de China, o su tecnología para generarla, sino la
anticuada red energética del país, que no puede redirigir
automáticamente la energía de una región a otra según
aumenta o disminuye la demanda. Esto dificulta aprovechar plenamente la
energía del viento, cuya producción varía conforme
al clima.
El programa de energía eólica chino tiene sus raíces
en una visita a EE.UU., hace 18 años, en los inicios del despegue
económico de la nación. Una delegación china atestiguó
modernas turbinas de viento en funcionamiento en Utah, y regresó
decidida a adoptar la tecnología en su región.
Compramos algunas turbinas y las llevamos a Urumqi para ver cómo
funcionaban, y las cifras de producción fueron muy buenas,
dijo Wu Gang, miembro de la delegación recién graduado en
ese tiempo de la escuela de ingeniería.
Después de su regreso de EE.UU., Wu fue puesto a cargo de una finca
de viento financiada por el estado en la provincia occidental de Xinjiang,
donde consiguió dominar todos los aspectos técnicos de la
labor. Posteriormente, el Gobierno proporcionó el dinero base para
la firma que dirige, la Compañía Viento Dorado de Ciencia
y Tecnología. Es el mayor productor de turbinas de viento en China,
y 55 por ciento es aún propiedad del estado.
China ha respaldado la energía del viento y otras fuentes alternativas
de otras maneras. Ha ofrecido incentivos fiscales para los desarrolladores,
impuso tarifas de electricidad estándares que representan un subsidio
para las fuentes de energía como el viento, que sigue siendo más
costoso que el carbón, e impuso requisitos de equipamiento que
impulsan a los fabricantes locales.
En febrero, el Gobierno chino aprobó una ley nacional de energía
renovable que formaliza muchos de estos incentivos, y ordena claros objetivos
para una mayor generación de energía a partir de fuentes
alternativas. Aún se les exige a las provincias chinas comprar
la electricidad de proveedores alternativos, aún cuando el costo
por kilowatt es mucho más elevado.
El problema ahora es que el sector crece tan rápidamente
que los productores de equipo no pueden mantener el ritmo, indicó
Wu respecto a Viento Dorado. China tiene una firme base industrial,
y el año pasado más de 10 compañías chinas
salieron al mercado, pero encontrarán que la energía del
viento no es tan fácil.

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