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Tema del momento
Ley de “la vida loca”

Es necesario, pues, tipificar, describir bien el terrorismo. Hipotéticamente se puede definir como el homicidio por motivos políticos, religiosos o raciales contra individuos o grupos inocentes.

Publicada 16 de agosto 2005, El Diario de Hoy

Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Los medios de comunicación vienen registrando los hechos delictivos ocurridos en El Salvador y otros países del mundo. No se trata de un fenómeno nuevo, porque la sociedad siempre ha sido violenta; de hecho, el crimen existe desde que apareció la sociabilidad humana. Lo nuevo en la actualidad es su reiteración, aumento y diversificación hasta el grado de convertirse en una epidemia.

Aunque el tema del terrorismo está cotidianamente sobre el tapete del habla popular y de los científicos, no puede uno dejar de expresar su opinión. Sería irresponsable. Ya son demasiados sus golpes sangrientos y crapulosos. Antes estaba dirigido principalmente contra dignatarios (reyes, emperadores, príncipes, etc.) y altos funcionarios (presidentes, ministros, embajadores, etc.), pero ahora se ensaña contra masas inocentes.

Con justa razón dijo el etólogo Niko Tinbergen que “el hombre es la única especie que mata en masa”.

Para contrarrestar esta violencia vesánica, el Presidente Saca propuso reformas al Código Penal, entre las que sobresale la de calificar a los “pandilleros de terroristas” cuando cometieren, individual o colectivamente, “actos que pudieran producir alarma, temor o terror utilizando sustancias explosivas, armas o artefactos que causen daño a la vida o a la integridad de los demás”.

Me parece que la anterior normativa es confusa, vaga y, sobre todo, atípica. La falta de una buena legislación vuelve más difícil combatir la delincuencia. La tipicidad consiste, según Luis Jiménez de Asúa, en “describir legalmente el delito”, adecuarlo a la figura o hecho descrito por la ley. La famosa máxima “nulla paena sine lege” (no hay pena sin ley), la traduce el criminalista español como “no hay delito sin tipicidad”.

Y la consecuencia grave es que sin la figura jurídica típica todo hecho antisocial queda en la impunidad, lo que favorece y estimula la comisión de nuevos delitos, como dijo el editorialista de EDH.

¿Qué significa “daño a la vida”? Se le puede hacer “daño a la vida” de alguien desfigurando su rostro; se puede dañar la “integridad” de una doncella violándola. ¿Sería esto terrorismo? Se castiga la tenencia de armas, pero no se dice nada sobre su introducción, fabricación y comercialización, lo que es mucho más grave.

Además, no sólo usando “sustancias explosivas” se atenta contra los demás, sino también gases volátiles muy venenosos como el cianuro o el gas sarín. Un grupo paquistaní quiso emplear cianuro en el atentado de 1993 contra el WTC de Nueva York, pero después optó por cargas explosivas. En el ataque a los trenes subterráneos de Tokio, en 1995, los terroristas utilizaron gas sarín, el humo mortal desarrollado por los nazis.

Es necesario, pues, tipificar, describir bien el terrorismo. Hipotéticamente se puede definir como el homicidio por motivos políticos, religiosos o raciales contra individuos o grupos inocentes empleando los más diversos instrumentos de agresión.

Por ejemplo, en los atentados de Nueva York (2001), Madrid (2004) y Londres (2005), para citar unos cuantos, todas las víctimas eran inocentes. George Bush y Tony Blair los calificaron como “masacre de inocentes”, lo mismo se puede decir de todos los demás. Los fanáticos islámicos buscaron inmolar indiscriminadamente al mayor número de personas. La inocencia de las víctimas sería una de las característica de los actos terroristas.

La delincuencia marera, en cambio, se reduce a portar armas, asesinar con saña, traficar con drogas y otras sustancias tóxicas y extorsionar. También son grupos organizados en jerarquías y ramificados (clicas) por México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Sus miembros andan tatuados y su “religión” es, como confesó a EFE uno de sus líderes de apodo El Tor Trix, “vivir la vida loca”.

Calificar a las maras de terroristas significaría elevar sus delitos a la categoría de actos políticos (ETA) o religioso-políticos (yuihad islámico) o racistas (Ku Klu-Klan). Sería más adecuado equipararlas a las bandas organizadas de malhechores llamadas gángsteres o a los grupos “valeverguistas”, como diría Ignacio Martín Baró, que no le permiten a sus víctimas ni siquiera llegar al hospital.

Coincidiendo con la confesión de Tor Trix, el escritor mexicano Rafael Ramírez Heredia dice en su novela La mara: “Un marero no se tumba aunque lo aticen con todo, no se va a quejar aunque le rompan el alma ni reconoce más ley que “la vida loca”.

*Colaborador de El Diario de Hoy.



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