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Rodrigo
Chávez*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Los argumentos económicos en contra de los inmigrantes latinos
en Estados Unidos pierden terreno. Es evidente que la inmigración
latina permite disminuir los costos de las empresas americanas y crea
nuevos clientes para distintas compañías.
Sin embargo, el nuevo argumento que se utilizará en contra de los
latinos será, principalmente, cultural. El principal exponente
es Samuel Huntington, politólogo de la Universidad de Harvard.
Huntington se hace la siguiente pregunta: ¿Sería Estados
Unidos lo que es en la actualidad si hubiese sido colonizada por españoles,
franceses y portugueses católicos en lugar de ingleses protestantes?
La respuesta es no. Estados Unidos no sería Estados Unidos. Sería
Québec, México o Brasil.
Basado en esta observación, Huntington sostiene que Estados Unidos
adoptó ciertas instituciones de Inglaterra, que fueron claves para
su desarrollo. Estas instituciones son el idioma inglés, el respeto
a la ley, mecanismos para limitar el poder de los gobernantes, la religión
protestante y la ética de trabajo. Este último valor, la
ética de trabajo, permitió crear una sociedad basada en
el esfuerzo propio y la independencia individual.
Esta cultura se mantuvo básicamente intacta por 200 años
y se volvió tan efectiva que logró incorporar a distintos
grupos de inmigrantes y asimilarlos completamente. Desde 1820 a 1924,
34 millones de europeos inmigraron a Estados Unidos y sus hijos fueron
en su totalidad asimilados y lograron abandonar la cultura de sus padres.
Sin embargo, según Huntington, los inmigrantes latinos no han asimilado
la cultura americana con la misma efectividad que los europeos.
Las razones de esto son las siguientes:
1) Identidad. Según Huntington, los hijos de inmigrantes latinos
nacidos en Estados Unidos no se identifican como americanos,
cuando se les pregunta por su identidad. Por ejemplo, en una encuesta
sobre la inmigración mexicana, el investigador Rubén Rumbaut
concluye que sólo el 3.9% de los mexicanos nacidos en Estados Unidos
dice que son americanos, 38.8% dice que son méxico-americanos,
24.6%, chicanos y 20.6%, hispanos.
2) Idioma. En el pasado, la mayoría de inmigrantes seguía
un patrón muy claro. La primera generación hablaba su idioma
natal, pero sus hijos hablaban inglés y el idioma de sus padres.
Sin embargo, la tercera generación sólo hablaba inglés.
En cambio, en los latinos, la segunda generación promueve el idioma
español y por ende, se espera que la tercera generación
siga siendo en su totalidad bilingüe.
3) Cercanía. La cercanía a Latinoamérica, sobre todo
para los inmigrantes mexicanos, se convierte en una fuerza importante
que les impide abandonar su cultura.
4) Ilegalidad. A diferencia de los inmigrantes europeos de principios
del Siglo XX, la mayoría de inmigrantes latinos es ilegal.
Según Huntington, estos aspectos constituyen una amenaza a la identidad
de ser americano. ¿Pero por qué nos debería interesar
lo que Huntington diga? Básicamente, porque la influencia de este
académico en las políticas públicas de Washington
es más importante de lo que parece.
Su teoría de que el desarrollo económico y el desarrollo
político deben ir de la mano causó que la política
exterior de Estados Unidos en los 80 buscara democratizar a los países
de América Latina y sustituir a los gobiernos militares. Antes
de Huntington, la premisa que predominaba en la elite política
americana era que primero tenía que haber desarrollo económico
en América Latina y que luego vendría un proceso de democratización.
En la actualidad, las fuerzas antiinmigrantes en Estados Unidos buscan
un nuevo discurso. La teoría de Huntington podría darles
justamente eso. Esta teoría puede con rapidez ser vinculada a distintos
académicos europeos, que piden una protección cultural como
parte de la lucha contra terroristas. Por ejemplo Ole Waever, de la Universidad
de Copenhagen, en su libro Identidad, inmigración y la nueva agenda
de seguridad para Europa, afirma que la sostenibilidad de los patrones
tradicionales del idioma, de la cultura, de la identidad nacional y de
la religión son parte esencial de una agenda de seguridad.
Claramente, todas estas nuevas tendencias son peligrosas para la futura
inmigración latina y de manera eventual podrían ser usadas
en contra de políticas como el TPS y las nuevas propuestas migratorias
de la administración Bush. Por ello es importante que la política
exterior de El Salvador esté al tanto de estas nuevas tendencias
y pueda anticipar sus efectos sobre la comunidad salvadoreña en
Estados Unidos. Sería muy negativo que las teorías de Huntington
y de Waever se conviertan en las premisas con que operen las futuras políticas
de inmigración de Estados Unidos.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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