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Economía para todos
Bob Marley, el sheriff…, y los precios

Son en especial notables los puntos en común que tienen los juegos con los negocios, razón por la cual no es extraño que la teoría de juegos fuese desarrollada por economistas.

Publicada 16 de agosto 2005, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La teoría de juegos es una técnica que sirve para analizar el comportamiento que tienen las personas, las empresas, o los gobiernos, al momento de afrontar la toma de decisiones estratégicas.

¿Por qué? Porque en la vida real, al igual que en muchos juegos, hay interacción entre varios participantes, quienes toman decisiones teniendo en cuenta lo que hacen o harán los demás.

Son en especial notables los puntos en común que tienen los juegos con los negocios, razón por la cual no es extraño que la teoría de juegos fuese desarrollada por economistas, y que sea utilizada para interpretar la forma en que actúan las empresas ante distintos estímulos.

Sin duda alguna, todas las empresas quisieran poder borrar del mapa a sus competidores…, para quedarse con el monopolio del mercado al que abastecen (usted eso ya lo sabía, ¿no?...).

Quien también lo sabía es John F. Nash, el científico en cuya historia real se basó la película: “Una mente brillante”, y que ganó el premio Nobel de Economía de 1994, por sus aportes a estos temas “lúdico-empresariales”.

Un clásico de la teoría de juegos es “el dilema del prisionero”, que puede ilustrarse a través de un ejemplo. Supongamos que dos sospechosos son detenidos en un polvoriento pueblo del lejano oeste, cuyo sheriff es un duro de matar.

Muchos habitantes del pueblo creen que ambas personas han participado en el robo de un banco, delito por el cual corresponde una pena severa, pero no hay pruebas suficientes para culpar a ninguno de los dos sospechosos.

A lo sumo, podrían condenarlos por tenencia de armas, delito por el cual en ese pueblo sólo cabe una condena leve. Claro que el sheriff no quiere que lo acusen de blando, porque eso es lo peor que le puede pasar, ¿no?

Por lo tanto, este recio servidor de la ley, que evidentemente había visto muchas películas de Bruce Willis, se reúne por separado con los dos sospechosos, y le promete a cada uno de ellos que le perdonará la leve pena por tenencia de armas, si aporta pruebas que demuestren que “el otro” participó en el robo del banco.

Es decir, el sheriff incentiva la “traición” entre gente que tiene la posibilidad de hacerle daño a la sociedad si “se pone de acuerdo”, lo cual es bueno para los sufridos habitantes del pueblo.

Ambos sospechosos tienen que elegir entre dos alternativas: una es la “lealtad”, que consiste en permanecer en silencio, y dejar pasar la oportunidad de quitarse una leve condena por tenencia de armas. La otra alternativa es la “traición”, que consiste en delatar a su compañero, a quien condenarán duramente, para beneficiarse con la eliminación de la condena por tenencia de armas.

Por más que hayan conversado en la celda (¡“se pusieron de acuerdo”!, dirán algunos…), y que tengan en claro que lo más conveniente para ambos es la opción “lealtad”, ya que ambos quedarán libres luego de purgar una leve condena por tenencia de armas, a la hora de declarar lo harán en forma individual, y cada uno de ellos tendrá la tentación de ser “traidor”…, esperando de que el otro sea “leal”.

¿Por qué? Porque ser “traidor” podría darle la libertad inmediata…, siempre que el otro tenga un comportamiento “leal”, y guarde silencio (un tonto útil…, que quedará encarcelado por largo tiempo).

Por lo tanto, debido a que a nadie le gusta ser tonto útil de los demás, es altamente probable que ambos terminen siendo “traidores”. Imagine ahora que los sospechosos fueran varios: sería casi imposible cualquier tipo de acuerdo entre ellos.

Esto mismo se puede extrapolar al caso de la actuación de las empresas en el mercado, aun cuando se trate de un oligopolio. ¿Qué es un oligopolio? Se dice que existe una situación de esa naturaleza cuando sólo unas pocas firmas abastecen a un mercado, y lo dominan (¿?), razón por la cual, en teoría, tienen la posibilidad de abusar de los consumidores…, para lo cual sólo necesitan “ponerse de acuerdo” en los precios (¡ooops!).

La buena noticia para los consumidores es que, si el mercado permanece abierto a la entrada de nuevas empresas, si no hay restricciones artificiales a la competencia entre los actuales participantes, y si existe libertad de precios, esos presuntos “acuerdos” sólo forman parte de la imaginación popular, justamente porque sería riesgoso ser “leal”, sabiendo que el competidor puede ser “traidor”, y quedarse con todos los clientes.

En consecuencia, aun en una situación de oligopolio, las empresas tienden a comportarse “como prisioneros” de los consumidores, negándose a cualquier acuerdo con los competidores, lo cual impide que se fijen precios más altos que los de mercado, justamente por el temor a ser ingenuos que todos tienen al “declarar ante el sheriff” (es decir, informarle el precio a sus clientes…).

Es por ello que, en mercados con las tres características descriptas (abiertos a la entrada de nuevas empresas, sin restricciones artificiales a la competencia entre los actuales participantes y con precios libres), son tan improbables los abusos de precios. No porque las empresas sean generosas y les guste dejar pisto arriba de la mesa (esto usted también lo sabía…), sino porque temen perder sus clientes.

¿Qué pasó con el sheriff? Como todos sabemos, Bob Marley le pegó un tiro. Pero no pudo traicionar a nadie, porque era el único acusado. Y, además, confesó todo al componer “I shot the sheriff”.

Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com


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