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Alejandro
Alle*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La teoría de juegos es una técnica que sirve para analizar
el comportamiento que tienen las personas, las empresas, o los gobiernos,
al momento de afrontar la toma de decisiones estratégicas.
¿Por qué? Porque en la vida real, al igual que en muchos
juegos, hay interacción entre varios participantes, quienes toman
decisiones teniendo en cuenta lo que hacen o harán los demás.
Son en especial notables los puntos en común que tienen los juegos
con los negocios, razón por la cual no es extraño que la
teoría de juegos fuese desarrollada por economistas, y que sea
utilizada para interpretar la forma en que actúan las empresas
ante distintos estímulos.
Sin duda alguna, todas las empresas quisieran poder borrar del mapa a
sus competidores
, para quedarse con el monopolio del mercado al
que abastecen (usted eso ya lo sabía, ¿no?...).
Quien también lo sabía es John F. Nash, el científico
en cuya historia real se basó la película: Una mente
brillante, y que ganó el premio Nobel de Economía
de 1994, por sus aportes a estos temas lúdico-empresariales.
Un clásico de la teoría de juegos es el dilema del
prisionero, que puede ilustrarse a través de un ejemplo.
Supongamos que dos sospechosos son detenidos en un polvoriento pueblo
del lejano oeste, cuyo sheriff es un duro de matar.
Muchos habitantes del pueblo creen que ambas personas han participado
en el robo de un banco, delito por el cual corresponde una pena severa,
pero no hay pruebas suficientes para culpar a ninguno de los dos sospechosos.
A lo sumo, podrían condenarlos por tenencia de armas, delito por
el cual en ese pueblo sólo cabe una condena leve. Claro que el
sheriff no quiere que lo acusen de blando, porque eso es lo peor que le
puede pasar, ¿no?
Por lo tanto, este recio servidor de la ley, que evidentemente había
visto muchas películas de Bruce Willis, se reúne por separado
con los dos sospechosos, y le promete a cada uno de ellos que le perdonará
la leve pena por tenencia de armas, si aporta pruebas que demuestren que
el otro participó en el robo del banco.
Es decir, el sheriff incentiva la traición entre gente
que tiene la posibilidad de hacerle daño a la sociedad si se
pone de acuerdo, lo cual es bueno para los sufridos habitantes del
pueblo.
Ambos sospechosos tienen que elegir entre dos alternativas: una es la
lealtad, que consiste en permanecer en silencio, y dejar pasar
la oportunidad de quitarse una leve condena por tenencia de armas. La
otra alternativa es la traición, que consiste en delatar
a su compañero, a quien condenarán duramente, para beneficiarse
con la eliminación de la condena por tenencia de armas.
Por más que hayan conversado en la celda (¡se pusieron
de acuerdo!, dirán algunos
), y que tengan en claro
que lo más conveniente para ambos es la opción lealtad,
ya que ambos quedarán libres luego de purgar una leve condena por
tenencia de armas, a la hora de declarar lo harán en forma individual,
y cada uno de ellos tendrá la tentación de ser traidor
,
esperando de que el otro sea leal.
¿Por qué? Porque ser traidor podría darle
la libertad inmediata
, siempre que el otro tenga un comportamiento
leal, y guarde silencio (un tonto útil
, que quedará
encarcelado por largo tiempo).
Por lo tanto, debido a que a nadie le gusta ser tonto útil de los
demás, es altamente probable que ambos terminen siendo traidores.
Imagine ahora que los sospechosos fueran varios: sería casi imposible
cualquier tipo de acuerdo entre ellos.
Esto mismo se puede extrapolar al caso de la actuación de las empresas
en el mercado, aun cuando se trate de un oligopolio. ¿Qué
es un oligopolio? Se dice que existe una situación de esa naturaleza
cuando sólo unas pocas firmas abastecen a un mercado, y lo dominan
(¿?), razón por la cual, en teoría, tienen la posibilidad
de abusar de los consumidores
, para lo cual sólo necesitan
ponerse de acuerdo en los precios (¡ooops!).
La buena noticia para los consumidores es que, si el mercado permanece
abierto a la entrada de nuevas empresas, si no hay restricciones artificiales
a la competencia entre los actuales participantes, y si existe libertad
de precios, esos presuntos acuerdos sólo forman parte
de la imaginación popular, justamente porque sería riesgoso
ser leal, sabiendo que el competidor puede ser traidor,
y quedarse con todos los clientes.
En consecuencia, aun en una situación de oligopolio, las empresas
tienden a comportarse como prisioneros de los consumidores,
negándose a cualquier acuerdo con los competidores, lo cual impide
que se fijen precios más altos que los de mercado, justamente por
el temor a ser ingenuos que todos tienen al declarar ante el sheriff
(es decir, informarle el precio a sus clientes
).
Es por ello que, en mercados con las tres características descriptas
(abiertos a la entrada de nuevas empresas, sin restricciones artificiales
a la competencia entre los actuales participantes y con precios libres),
son tan improbables los abusos de precios. No porque las empresas sean
generosas y les guste dejar pisto arriba de la mesa (esto usted también
lo sabía
), sino porque temen perder sus clientes.
¿Qué pasó con el sheriff? Como todos sabemos, Bob
Marley le pegó un tiro. Pero no pudo traicionar a nadie, porque
era el único acusado. Y, además, confesó todo al
componer I shot the sheriff.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE,
Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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