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Iliana Colocho
ilico77@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Unos buenos tenis y una camiseta. Y hubo que agregar una botella con agua
a nuestro equipo de viaje. Era lo único que necesitábamos
para escalar el volcán de Santa Ana, por lo menos ése era
el propósito cuando salimos a las 9:14 de la mañana.
¡Está suspendida la caminata!. Ésa fue
la noticia que recibimos al llegar al Restaurante y Hotel Casa de Cristal,
en San Blas (a pie del volcán). Está saliendo mucho
azufre y puede dificultar la respiración al subir, explicó
Dinora Guardado a los turistas que la acompañaban.
¡Cambio de planes!, aseguraron todos. El volcán
de Izalco era la otra opción a contemplar, lastimosamente los guías
ya habían partido y se dificultaba alcanzarlos.
El
lago
De origen volcánico, está situado a 18 km al sur de
la ciudad de Santa Ana, a 740 m de altura y con una superficie de
24 km cuadrados. Sus accidentes más importantes son las dos
pequeñas penínsulas denominadas Los Anteojos, y la Isla
del Cerro, donde los indios pipiles tenían un templo y un monolito
representativo de la diosa Itzcueye. |
La resignación se combinó con la hora de almuerzo y el
clima fresco de la montaña. Así que decidimos comer algo
y buscar otra opción.
La mirada estaba puesta en esa azulada formación volcánica
a la que los salvadoreños conocemos como el Lago de Coatepeque.
Éste nos invitaba a explorarlo. La decisión estaba tomada.
El cangrejito playero... con sus cuatro patitas... animó
el camino hasta llegar al kilómetro 18 que conduce al lago. El
restaurante Carnitas El Mirador fue la primera parada.
Nos sorprendió encontrar un lugar tan típico. Panales extraños,
frutas raras, planchas antiguas colgadas del techo, en fin, una variedad
de artículos para admirar.
Madrecacao Hernández, propietario del lugar, nos dio
la bienvenida.
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El olor a carne y gallina asada inundaban el mirador. A los pocos minutos
empezó a sonar nuevamente la marimba. Los sábados y domingos,
a partir de las 12:00 del día, ocho caballeros deleitan con los
sonidos típicos.
De vuelta a la faena
Después de descansar un rato y disfrutar del paisaje, decidimos
bajar más. A unos cuatro kilómetros se encuentra el desvío
hacia el lago y los planes.
Allí existen algunas propuestas para estacionarse, como el Hotel
Torremolinos, el restaurante Rancho Alegre o el restaurante Alexis Cova.
Este último fue nuestra segunda parada.
El lugar es perfecto para disfrutar en familia. Y si le gusta la pesca,
le aseguramos que su hielera será provista de butes (pescados pequeños
de la zona).
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Las lanchas también están a disposición de aquellos
que buscan explorar las islas o simplemente dar una vuelta alrededor,
al igual que practicar esquí acuático. Existen diferentes
tarifas. Nosotros decidimos refrescarnos con una bebida y simplemente
ver el paisaje.
A las 2:00 de la tarde, hicimos las maletas y regresamos a la capital,
no sin antes hacer unas cuantas paradas para comprar.
Con suerte, usted podrá despedirse del lago con algunos deliciosos
recuerdos: verduras y frutas propias de la zona. De seguro encontrará
los 29 guineos de seda a $1 o menos si consigue regatear.
Coatepeque es uno de los más hermosos. Los turistas pueden
saborear un rico platillo y oír la música de marimba
Víctor Manuel Lemus, alias
Madrecacao Hernández
Restaurante Carnitas El Mirador

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