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¡A explorar se ha dicho!

Coatepeque invita a pasear en lancha por su superficie. También se puede disfrutar de una buena pesca

Publicada 5 de agosto 2005, El Diario de Hoy


Iliana Colocho
ilico77@elsalvador.com
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com


Unos buenos tenis y una camiseta. Y hubo que agregar una botella con agua a nuestro equipo de viaje. Era lo único que necesitábamos para escalar el volcán de Santa Ana, por lo menos ése era el propósito cuando salimos a las 9:14 de la mañana.

“¡Está suspendida la caminata!”. Ésa fue la noticia que recibimos al llegar al Restaurante y Hotel Casa de Cristal, en San Blas (a pie del volcán). “Está saliendo mucho azufre y puede dificultar la respiración al subir”, explicó Dinora Guardado a los turistas que la acompañaban.

“¡Cambio de planes!”, aseguraron todos. El volcán de Izalco era la otra opción a contemplar, lastimosamente los guías ya habían partido y se dificultaba alcanzarlos.

El lago
De origen volcánico, está situado a 18 km al sur de
la ciudad de Santa Ana, a 740 m de altura y con una superficie de 24 km cuadrados. Sus accidentes más importantes son las dos pequeñas penínsulas denominadas Los Anteojos, y la Isla del Cerro, donde los indios pipiles tenían un templo y un monolito representativo de la diosa Itzcueye.

La resignación se combinó con la hora de almuerzo y el clima fresco de la montaña. Así que decidimos comer algo y buscar otra opción.

La mirada estaba puesta en esa azulada formación volcánica a la que los salvadoreños conocemos como el Lago de Coatepeque. Éste nos invitaba a explorarlo. La decisión estaba tomada.

“El cangrejito playero... con sus cuatro patitas...” animó el camino hasta llegar al kilómetro 18 que conduce al lago. El restaurante Carnitas El Mirador fue la primera parada.

Nos sorprendió encontrar un lugar tan típico. Panales extraños, frutas raras, planchas antiguas colgadas del techo, en fin, una variedad de artículos para admirar.

“Madrecacao Hernández”, propietario del lugar, nos dio la bienvenida.

El olor a carne y gallina asada inundaban el mirador. A los pocos minutos empezó a sonar nuevamente la marimba. Los sábados y domingos, a partir de las 12:00 del día, ocho caballeros deleitan con los sonidos típicos.

De vuelta a la faena

Después de descansar un rato y disfrutar del paisaje, decidimos bajar más. A unos cuatro kilómetros se encuentra el desvío hacia el lago y los planes.

Allí existen algunas propuestas para estacionarse, como el Hotel Torremolinos, el restaurante Rancho Alegre o el restaurante Alexis Cova. Este último fue nuestra segunda parada.

El lugar es perfecto para disfrutar en familia. Y si le gusta la pesca, le aseguramos que su hielera será provista de butes (pescados pequeños de la zona).

Las lanchas también están a disposición de aquellos que buscan explorar las islas o simplemente dar una vuelta alrededor, al igual que practicar esquí acuático. Existen diferentes tarifas. Nosotros decidimos refrescarnos con una bebida y simplemente ver el paisaje.

A las 2:00 de la tarde, hicimos las maletas y regresamos a la capital, no sin antes hacer unas cuantas paradas para comprar.

Con suerte, usted podrá despedirse del lago con algunos deliciosos recuerdos: verduras y frutas propias de la zona. De seguro encontrará los 29 guineos de seda a $1 o menos si consigue regatear.

“Coatepeque es uno de los más hermosos. Los turistas pueden saborear un rico platillo y oír la música de marimba”
Víctor Manuel Lemus, alias
“Madrecacao Hernández”
Restaurante Carnitas El Mirador


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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