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¿Hacia dónde vamos?
La decisión de nuestros antepasados

Cuando el añil cayó, el país podría haber optado por una organización horizontal, ya que la distancia que lo separaba de los países que la estaban desarrollando a través de la industria no era tan grande

Publicada 5 de agosto 2005, El Diario de Hoy


Manuel Hinds*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

En los años anteriores a la introducción del café, el país dependía, para sus divisas, de las exportaciones de añil. La mayor parte de la población vivía de este y de los productos primarios tradicionales, principalmente maíz y frijoles. La producción estaba organizada dentro de las rígidas estructuras feudales de la colonia. La manufactura estaba en manos de artesanos organizados en cofradías, que controlaban estrictamente las prácticas del sector y eliminaban la competencia.

En la agricultura, la mayor parte de las propiedades estaba organizada con el sistema feudal de colonato. Adicionalmente, una parte considerable del territorio nacional estaba asignada como ejidos y tierras comunales, tierras que pertenecían a las comunidades, que anualmente las asignaban a sus miembros para que las cultivaran. No existía el incentivo pera mejorar la tierra o para invertir en cultivos permanentes, de tal forma que estas propiedades se manejaban con cultivos de subsistencia.

Esta organización encerraba a la sociedad en una estructura social que era, a la vez, arcaica y resistente al cambio y al progreso. Era arcaica, porque era una sociedad vertical, autoritaria que concentraba el poder económico y político en los que poseían tierra. Era resistente a cambio por dos razones:

*No había ninguna razón para que los terratenientes quisieran cambiar el orden económico, social y político del país.

*La educación popular, el mecanismo más efectivo de movilidad social, no era apreciada como fuente de riquezas, ya que no era necesaria ninguna educación para trabajar en las primitivas actividades de la economía. Sin educación popular, el paso de un estrato a otro era casi imposible. Esto perpetuaba a las arcaicas elites.

El Salvador no estaba solo en estas condiciones. El país había heredado su estructura de Europa. Allí el feudalismo había evolucionado a otro sistema vertical, al mercantilismo, en el que los gobiernos controlaban la economía. En Francia, por ejemplo, el gobierno tenía sistemas de incentivos para promover la industria que eran muy similares a los que existieron en El Salvador a fines del Siglo XX. De dedo, el gobierno decidía quiénes recibían subsidios y quiénes no.

Pero la revolución industrial no nació allí, sino en Inglaterra, donde el Gobierno no intervenía ni promovía a nadie. Nació allí porque los ingleses habían inventado la sociedad horizontal. En lo económico, los ingleses competían libremente. Legalmente desarrollaron los contratos entre privados, que sustituyeron a las órdenes estatales como mecanismo para determinar qué y cuánto se producía. En cuanto a política, desarrollaron la democracia moderna. Una cosa llevó a la otra. La libertad económica llevó a la política, y esto, a una sociedad horizontal en la que el poder estaba en todos. Todo esto generó creatividad, lo cual llevó a las invenciones que lanzaron la revolución industrial, que fueron casi todas inglesas.

La superioridad económica británica, basada en que Inglaterra era industrial cuando nadie más lo era, generó una emulación en muchos países, que, al adoptar la liberalidad británica, vieron a sus sociedades convertirse en horizontales.

La industria compitiendo libremente necesita educación; desarrolla el imperio de la ley, ya que se maneja con contratos complejos; da el poder al consumidor para decidir qué se produce; elimina las vacas sagradas, que pueden quebrar igual que cualquier otro si no son competitivas. Los privilegios desaparecen. El Gobierno se dedica a resolver problemas sociales.

Cuando el añil cayó, el país podría haber optado por una organización horizontal, ya que la distancia que lo separaba de los países que la estaban desarrollando a través de la industria no era tan grande. Muchos de éstos, como Suecia, todavía eran agrarios y semifeudales, pero al optar por la horizontalidad, abrieron su camino al desarrollo. El Salvador optó por organizar su sociedad alrededor del café.

Si bien esta decisión proporcionó al país una nueva fuente de ingresos y la posibilidad de reanudar su crecimiento, también perpetuó una estructura económica y social que está en la base de nuestro subdesarrollo. El Salvador adquirió dos instrumentos característicos del modernismo —la producción capitalista y el sistema financiero—, pero estos dos instrumentos no resultaron en la introducción del modernismo a la sociedad. Ésta siguió siendo tan vertical y estática como lo había sido en los tiempos feudales.

Ahora el mundo se está moviendo a una sociedad todavía más horizontal que la industrial. Como en el Siglo XIX, el camino al éxito no está en tener una u otra maquinaria, o como en la Francia de Siglo XVIII, un incentivo aquí y otro allá, sino en la forma de la sociedad. El éxito lo tendremos en la medida en la que nos transformemos de una sociedad vertical a una horizontal. Éste es el tema de los siguientes artículos.


*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.


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