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Manuel Hinds*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
En los años anteriores a la introducción del café,
el país dependía, para sus divisas, de las exportaciones
de añil. La mayor parte de la población vivía de
este y de los productos primarios tradicionales, principalmente maíz
y frijoles. La producción estaba organizada dentro de las rígidas
estructuras feudales de la colonia. La manufactura estaba en manos de
artesanos organizados en cofradías, que controlaban estrictamente
las prácticas del sector y eliminaban la competencia.
En la agricultura, la mayor parte de las propiedades estaba organizada
con el sistema feudal de colonato. Adicionalmente, una parte considerable
del territorio nacional estaba asignada como ejidos y tierras comunales,
tierras que pertenecían a las comunidades, que anualmente las asignaban
a sus miembros para que las cultivaran. No existía el incentivo
pera mejorar la tierra o para invertir en cultivos permanentes, de tal
forma que estas propiedades se manejaban con cultivos de subsistencia.
Esta organización encerraba a la sociedad en una estructura social
que era, a la vez, arcaica y resistente al cambio y al progreso. Era arcaica,
porque era una sociedad vertical, autoritaria que concentraba el poder
económico y político en los que poseían tierra. Era
resistente a cambio por dos razones:
*No había ninguna razón para que los terratenientes quisieran
cambiar el orden económico, social y político del país.
*La educación popular, el mecanismo más efectivo de movilidad
social, no era apreciada como fuente de riquezas, ya que no era necesaria
ninguna educación para trabajar en las primitivas actividades de
la economía. Sin educación popular, el paso de un estrato
a otro era casi imposible. Esto perpetuaba a las arcaicas elites.
El Salvador no estaba solo en estas condiciones. El país había
heredado su estructura de Europa. Allí el feudalismo había
evolucionado a otro sistema vertical, al mercantilismo, en el que los
gobiernos controlaban la economía. En Francia, por ejemplo, el
gobierno tenía sistemas de incentivos para promover la industria
que eran muy similares a los que existieron en El Salvador a fines del
Siglo XX. De dedo, el gobierno decidía quiénes recibían
subsidios y quiénes no.
Pero la revolución industrial no nació allí, sino
en Inglaterra, donde el Gobierno no intervenía ni promovía
a nadie. Nació allí porque los ingleses habían inventado
la sociedad horizontal. En lo económico, los ingleses competían
libremente. Legalmente desarrollaron los contratos entre privados, que
sustituyeron a las órdenes estatales como mecanismo para determinar
qué y cuánto se producía. En cuanto a política,
desarrollaron la democracia moderna. Una cosa llevó a la otra.
La libertad económica llevó a la política, y esto,
a una sociedad horizontal en la que el poder estaba en todos. Todo esto
generó creatividad, lo cual llevó a las invenciones que
lanzaron la revolución industrial, que fueron casi todas inglesas.
La superioridad económica británica, basada en que Inglaterra
era industrial cuando nadie más lo era, generó una emulación
en muchos países, que, al adoptar la liberalidad británica,
vieron a sus sociedades convertirse en horizontales.
La industria compitiendo libremente necesita educación; desarrolla
el imperio de la ley, ya que se maneja con contratos complejos; da el
poder al consumidor para decidir qué se produce; elimina las vacas
sagradas, que pueden quebrar igual que cualquier otro si no son competitivas.
Los privilegios desaparecen. El Gobierno se dedica a resolver problemas
sociales.
Cuando el añil cayó, el país podría haber
optado por una organización horizontal, ya que la distancia que
lo separaba de los países que la estaban desarrollando a través
de la industria no era tan grande. Muchos de éstos, como Suecia,
todavía eran agrarios y semifeudales, pero al optar por la horizontalidad,
abrieron su camino al desarrollo. El Salvador optó por organizar
su sociedad alrededor del café.
Si bien esta decisión proporcionó al país una nueva
fuente de ingresos y la posibilidad de reanudar su crecimiento, también
perpetuó una estructura económica y social que está
en la base de nuestro subdesarrollo. El Salvador adquirió dos instrumentos
característicos del modernismo la producción capitalista
y el sistema financiero, pero estos dos instrumentos no resultaron
en la introducción del modernismo a la sociedad. Ésta siguió
siendo tan vertical y estática como lo había sido en los
tiempos feudales.
Ahora el mundo se está moviendo a una sociedad todavía más
horizontal que la industrial. Como en el Siglo XIX, el camino al éxito
no está en tener una u otra maquinaria, o como en la Francia de
Siglo XVIII, un incentivo aquí y otro allá, sino en la forma
de la sociedad. El éxito lo tendremos en la medida en la que nos
transformemos de una sociedad vertical a una horizontal. Éste es
el tema de los siguientes artículos.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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