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Palabras
Árbol que sembrÉ en el bosque de la paz

Hace unos quince años, después de recorrer Tierra Santa y el desierto de Judá, llegué a la Jerusalén eterna.

Publicada 5 de agosto 2005, El Diario de Hoy


palabrasbalaguer@gmail.com
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Invitado por el Estado judío, sembré un romero perfumado en el Bosque de la Paz, que se levanta frente a la Ciudad Santa. Fue un acto simbólico y emotivo. Me vi allá, en algún rincón del universo, sembrando en el arenal la frágil esperanza de su aroma.

Sé que algún día volveré allá. Aunque ya no recuerde dónde dejé el romero. Igual, será un sueño más de los ilusos que soñamos la paz aún lejana y sin despertar en el mundo. Tristemente tal vez no encuentre a mi árbol entre la espesura. Pero estoy seguro de que al nombrarlo él, oirá mi voz y una brisa suave agitará sus ramas, devolviéndome su perdido perfume.

Seguramente para entonces me habrá dejado atrás en estatura, como ocurre con los hijos y con los sueños que sembramos. De pronto crecen con sus ramas y sus ilusiones hasta alcanzar el sol. Sí, mi romero de la paz, estará bien alto y tal vez no pueda mi anhelo alcanzar su fronda mística. Pero al igual que el pueblo judío, también yo espero el día cuando gente de todas las razas se reúna allá, en el bosque de la verdad, para celebrar la tan ansiada paz universal.



DÍA A DÍA

Barbaridades

Lo normal de las buenas administraciones municipales, lo que se propone un alcalde y un concejo sensatos y decentes, es ordenar las calles, limpiarlas, mantener el ornato, cuidar la seguridad, embellecer lo que puedan, hacer las ciudades cada vez más atractivas. “Atractivas” por atraer, por invitar a recorrerlas y vivir en ellas, por ser idóneas para instalar negocios. Con razón muchas personas se preguntarán ¿cómo es que viven el alcalde y los concejales, que no les repugna sumir a la ciudad en la mugre y el relajo? ¿Cómo son sus dormitorios, sus salas de estar, sus cocinas? ¿Es que no les importa que la ciudad quede peor después de su “gestión” de lo que fuera antes como sucedió al final de la alcaldía desgobernada por Morales Ehrlich?

Con las barbaridades que están haciendo los concejales de una u otra de las “clicas” efemelenistas, los pocos negocios organizados y limpios del centro irán desapareciendo, y lo harán con rapidez. Estamos, los capitalinos, en un proceso de des-civilización. En lugar de desarrollarnos, de estar cada vez más cerca del primer mundo, vamos acercándonos a Haití, el país donde todo es mercado callejero y minifundio.


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