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Publicada 5 de agosto 2005, El Diario de Hoy |
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Invitado por el Estado judío, sembré un romero perfumado
en el Bosque de la Paz, que se levanta frente a la Ciudad Santa. Fue un
acto simbólico y emotivo. Me vi allá, en algún rincón
del universo, sembrando en el arenal la frágil esperanza de su
aroma.
Barbaridades Lo normal de las buenas administraciones municipales, lo que se propone
un alcalde y un concejo sensatos y decentes, es ordenar las calles, limpiarlas,
mantener el ornato, cuidar la seguridad, embellecer lo que puedan, hacer
las ciudades cada vez más atractivas. Atractivas por
atraer, por invitar a recorrerlas y vivir en ellas, por ser idóneas
para instalar negocios. Con razón muchas personas se preguntarán
¿cómo es que viven el alcalde y los concejales, que no les
repugna sumir a la ciudad en la mugre y el relajo? ¿Cómo
son sus dormitorios, sus salas de estar, sus cocinas? ¿Es que no
les importa que la ciudad quede peor después de su gestión
de lo que fuera antes como sucedió al final de la alcaldía
desgobernada por Morales Ehrlich?
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