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Paracaidistas, riesgo y valor en los aires

Actividades. Aunque las labores militares han cesado, ellos realizan presentaciones acrobáticas en actividades públicas y cívicas. Algunos de ellos han viajado, en los diferentes contingentes, a Iraq


Publicada 1 de agosto 2005 , El Diario de Hoy

A inspección. El recluta Recinos lleva su equipo a revisión, luego de un salto de prueba, para verificar si el material tiene algún desperfecto y repararlo en el momento. Foto EDH

Edmee Velásquez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Puede ser el último salto, pero lo disfrutan como el primero.

Diariamente, los paracaidistas experimentan los nervios que implicaría para un civil tirarse de un avión a más de 10 mil pies de altura.

Su labor no sólo se enfoca en la diversión. Ellos son los encargados de llegar a los lugares más recónditos en momentos de guerra o catástrofe nacional.

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La práctica hace al maestro

Su historia se remonta a 1962, cuando el primer grupo de oficiales salvadoreños viajó hacia los Estados Unidos a sacar un curso de paracaidismo.

Al año siguiente, el primer escuadrón fue incorporado a las actividades de la Fuerza Aérea. En ese entonces, la tropa estaba conformada por seis oficiales y 121 miembros.

Luego del conflicto armado, esta cifra se duplicó y se convirtió en lo que ahora es el Comando de Fuerzas Especiales, que comprende al Batallón de Paracaidismo y al Grupo de Operaciones Especiales, encargados de realizar operaciones de reconocimientos, búsqueda, rescate y otras especialidades; y el Comando Especial Antiterrorista, que puede rescatar rehenes en caso de privación de libertad.

Especialidad

Para convertirse en un profesional del paracaidismo, los militares deben recibir cursos de especialización en sus diferentes modalidades.

Prácticas. Cada semana realizan entre tres y cinco saltos. Foto EDH/Mario Amaya

El primero de ellos es el de básico, que tiene una duración de cuatro semanas. La mayor parte del tiempo, el estudiante recibe clases teóricas y de entrenamiento físico. La última etapa es en el aire.

Posteriormente, deben sacar el curso de aparejador, que es quien empaca el paracaídas; de maestro de salto en combate; de descenso libre, que se desarrolla en cinco semanas; de maestro de salto en descenso libre; y, finalmente, pero de manera opcional, el de caída libre militar.

Cada fin de año, el batallón abre sus puertas a los jóvenes que deseen adentrarse en tan atrevida profesión. El curso es gratuito.

Galas

Aunque actualmente las labores militares han cesado, ya que algunos de ellos han viajado en los contingentes que realizan tareas de reconstrucción en Iraq, las destrezas de los paracaidistas se han podido apreciar en actos públicos y cívicos.

Como es tradición, cada 15 de septiembre, los acróbatas hacen gala de diversos números en el aire. Desde formar una escalera hasta un abanico hasta caer en el centro del estado Mágico González, donde concurren los desfiles estudiantiles.

De igual forma, durante las fiestas agostinas, el jueves 4 de agosto será el día dedicado al paracaidista, por lo que también presentarán su show aéreo, que podrá ser apreciado por miles.


El equipo en buen estado

Después de cada salto, los paracaídas deben ser revisados para detectar nuevos problemas. Para ello, todo el equipo es llevado a la Sala de Mantenimiento.

Instrucción. Antes del salto reciben una breve capacitación. Foto EDH/Mario Amaya

Si éste tiene algún daño en la cúpula (que es la estructura o paracaídas principal) pasa primero por una mesa de luz, donde se identifica el segmento preciso donde se encuentra el problema.

Luego se le coloca un parche, del mismo tipo de tela y se cose con doble costura para evitar filtraciones de aire y así impedir que haya un desgarre mayor.

Una vez solucionado el inconveniente, cada militar debe empaquetar su propio paracaídas, ya que él es el responsable, en primera instancia, de su seguridad.

Siempre supervisado por un maestro de salto, el profesional extiende la cúpula y las líneas que la unen a una mochila, en una mesa de empaque de aproximadamente seis metros de largo. Posteriormente, realizan un proceso de ocho fases (ver infografía Pasos para empacar un paracaídas de combate).

Los procesos de empaquetados no son iguales para todos los paracaidistas, pero tampoco difieren mucho.

Debido a la multiplicidad en las formas de las cúpulas (ovaladas, rectangulares, etcétera.) y al uso que se les dé, los equipos pueden tener mayor complejidad en su resguardo.

Tipos de paracaidistas

Continúan investigaciones por muerte
- De acuerdo con autoridades del Comando de Fuerzas Especiales, aún no se saben las causas de la muerte del sargento Juan José Ramírez Monterrosa, quien murió el 14 de julio pasado durante sus prácticas de salto, cuando ninguno de sus paracaídas, el principal y el de emergencia, se extendió.
- La Fiscalía todavía tiene el paracaídas del militar y, por lo tanto, los expertos de la institución no han podido revisarlo.
- Pero, preliminarmente, existe la posibilidad de que pudo deberse a una falla en el procedimiento, ya que a veces los militares se confían mucho, debido a la experiencia, y no revisan los equipos como se debe.

Dentro del Batallón de Paracaidismo existen tres modalidades de salto: militar, acrobático y de combate.

El primero cuenta con un equipo que le permite saltar desde grandes alturas, de 25 mil pies en adelante, el cual incluye máscara, tanque de oxígeno e implementos de combate.

Pero también el avión debe contar con su propio tanque de aire para llegar a tales alturas, porque si el militar utiliza el cilindro de su equipo, se quedará sin provisión luego del salto.

El paracaidista de salto acrobático utiliza recursos más livianos y viaja únicamente con un altímetro (aparato para medir la altura).

Y el de salto de combate carga implementos básicos usados para el ataque.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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