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Rigoberto Stewart*
San José, Costa Rica (AIPE)
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Durante el mes de junio, varios políticos costarricenses, entre
ellos dos candidatos presidenciales, peregrinaron a Washington para solicitar
la no aprobación del tratado comercial entre Estados Unidos, Centroamérica
y República Dominicana.
Una de las quejas de los más férreos opositores es el perjuicio
que el tratado acarrearía a los agricultores de Costa Rica, quienes
no podrían competir con la agricultura subsidiada de los Estados
Unidos.
Esta queja está basada en un error conceptual. Los despistados
políticos del Tercer Mundo están convencidos de que lo importante
es la producción de determinados bienes, cuando en realidad es
el consumo de esos bienes lo único que verdaderamente importa.
Me explico. El sistema de especialización e intercambio cuenta
con sólo dos mecanismos para incrementar la riqueza creada con
los mismos recursos: (1) El ingreso de nuevos actores con mejores formas
de satisfacer necesidades de consumo y (2) el descubrimiento, por parte
de los viejos participantes, de esas mejores formas. No hay más.
Ambos mecanismos tienen la misma dinámica: la más moderna
y mejor forma de satisfacer una necesidad de consumo desplaza a la vieja;
los proveedores de ésta deben cambiar de actividad.
Al reducir los precios de los alimentos afectados, los subsidios agrícolas
de los países ricos resultan ser mejores formas de satisfacer nuestras
necesidades de consumo de alimentos. Además, se convierten en riqueza
no sólo para los consumidores de esos bienes, sino también
para la mayoría de la población del país pobre.
Como ejemplo, supongamos que a raíz del subsidio externo, el arroz
llega a Costa Rica al 20 por ciento del costo local. Esto implica una
ganancia para todos los que consumen arroz.
Pero eso no es todo. Al pagar menos por el arroz, todos esos consumidores
tienen más dinero para consumir otros bienes: frijoles, carne,
verduras, libros, zapatos y un largo etcétera. En todas esas actividades
se genera mayor producción, empleo y ganancias.
Los subsidios externos
Así, ese subsidio genera los siguientes ganadores y perdedores.
Beneficiados en el campo: (1) todos los que consumen arroz. (2) Campesinos
que no producen arroz: ganan doble, arroz más barato y sus productos
más caros. (3) Beneficiados urbanos: todos los que consumen arroz.
Perdedores en el campo: los pocos grandes empresarios, los cuales se han
enriquecido inmensamente en base a las transferencias forzadas desde los
bolsillos de los pobres a través de políticas proteccionistas
diseñadas con ese fin.
Todo lo anterior trasciende la capacidad mental de los que a punta de
violaciones de nuestros derechos humanos básicos (el derecho de
propiedad y el derecho a la libertad comercial) pretenden conducirnos
a la tierra prometida. Justifican sus violaciones alegando que, en libertad,
tomaríamos las decisiones equivocadas. Está claro, sin embargo,
que son ellos los incapaces mentales, pues entienden todo al revés.

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