elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Aún no hay impacto por el alza del petróleo

Paradoja. A pesar del aumento en el precio de la gasolina, en EE. UU. se siguen vendiendo carros de alto consumo


Publicada 28 de julio 2005 , El Diario de Hoy

Tendencia. El mercado automotor en Estados Unidos no parece buscar la eficiencia. Foto EDH


Jad Mouwad t Matthew L. Wald
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com


Cuando los precios del petróleo aumentaron a principios de los 80, después de la revolución iraní, Jared Nedzel cambió su Pontiac Trans Am 1978, un potente automóvil estadounidense, por un Toyota Corolla, más pequeño y menos extravagante. Se dirigía a la Universidad de Cornell a estudiar ingeniería civil, y necesitaba un auto más económico.

Hoy, Nedzel, un desarrollador de programas de computadora de 44 años de edad, quien vive cerca de Boston, es dueño de un Toyota 4Runner, una camioneta deportiva que compró hace dos años. Su eficiencia es de unos 17.5 millas por galón (7 kilómetros por litro), similar a la del Trans Am, y lo usa para su viaje de 45 minutos hasta el trabajo y para conducir cerca de las playas de Martha’s Vineyard y llegar hasta sus sitios de pesca favoritos.

Los precios de la gasolina volvieron a aumentar, hasta más de 2.25 dólares por galón de gasolina regular en Boston, a principios de julio, un poco más del promedio nacional, según la AAA. Pero los costos de la energía no son una carga en la mente de Nedzel. “Solamente otra crisis de la gasolina”, afirmó, expresando una opinión que comparten muchos otros.

Para los estadounidenses, el impacto del petróleo ya no parece tan impactante.

El embargo petrolero árabe de 1973 y la revolución iraní de 1978 a 1979 dejó al descubierto la vulnerabilidad de Estados Unidos a poderosas fuerzas fuera de su control, fuerzas que dispararon el precio del combustible hasta niveles sin precedentes.

Para 1980, la crisis de la energía y la inflación que provocó sumieron a los estadounidenses en un clima de venganza, lo que contribuyó a la derrota electoral del presidente Jimmy Carter, quien había prometido librar el “equivalente moral de una guerra” contra la dependencia del petróleo.

Todo cambió

Pero la más reciente escalada en los precios del petróleo -hasta 60 dólares hoy, frente a menos de 30 dólares el barril hace poco más de dos años- produjo una respuesta mucho más limitada. La legislación energética que promueve el Presidente Bush en el Congreso este verano significaría muy poco alivio.

Y aunque los estadounidenses afirman en encuestas sentirse muy molestos por los altos precios de la gasolina y buscan a quién culpar, la mayoría de las personas sigue conduciendo con tanta avidez como antes; las compras de camionetas deportivas que devoran combustible disminuyeron, pero no se advierte un cambio notable hacia autos de consumo más eficiente.

James R. Schlesinger, a quien Carter eligió como el primer secretario de energía, en 1977, señaló en una reciente entrevista que el enfoque básico del país hacia la energía puede ser resumido de esta manera: “Solamente tenemos dos modos: la complacencia y el pánico”.

Los anteriores impactos petroleros produjeron cambios notables, incluyendo el ascenso de la industria automotriz japonesa, en tanto los norteamericanos buscaban autos más pequeños y eficientes, debido a la necesidad. Con incentivos y castigos, Estados Unidos logró reducir, temporalmente, el uso de la energía por persona y disminuir la porción del petróleo en el uso general de energéticos.

Restricciones

El gobierno federal creó una reserva estratégica de petróleo como una protección en contra de interrupciones en el suministro global, fijó un límite de 55 millas (88 kilómetros) por hora como límite de velocidad, y gastó miles de millones de dólares en alternativas como el aceite de esquisto, que probó ser demasiado costoso.

Sin embargo, en esta ocasión, el gobierno casi no ha actuado para reducir la vulnerabilidad de la nación a una repentina interrupción del suministro de petróleo. Incluso quienes abogan por la largamente estancada ley de energía, que fue aprobada finalmente por ambas cámaras del Congreso reconocen que ninguna versión de la medida será efectiva.

Las importaciones de crudo se duplicaron durante las pasadas tres décadas, y ahora representan casi dos terceras partes del petróleo quemado por los estadounidenses.

Antes del embargo petrolero de 1973, las importaciones representaban solamente una tercera parte del consumo de energía de Estados Unidos. En el mismo periodo de tres décadas, la demanda de petróleo en Estados Unidos aumentó 18 por ciento, mientras que la producción ha seguido un lento y probablemente irrevocable declive.

El problema no es el más reciente aumento de los precios que, tras ser ajustados a la inflación, siguen siendo inferiores al máximo alcanzado a principios de 1981. Y no se trata solamente de las importaciones; aunque el país produjera suficiente petróleo para satisfacer sus necesidades internas, en una economía global una sacudida de los precios sería resentida en Estados Unidos.

El problema fundamental, según los expertos, es que los estadounidenses dependen casi exclusivamente de vehículos privados relativamente grandes y pesados, prácticamente todos ellos impulsados por gasolina, para tareas diarias cruciales como ir a trabajar y llevar a sus hijos a la escuela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


elsalvador.com WWW