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Los pequeños historiantes

Santiago Texacuangos. Una escuela enseña a los niños y niñas del municipio la danza de los moros y los cristianos. Es una manera de no dejar morir la tradición.


Publicada 28 de julio 2005, El Diario de Hoy

Fervor. Los menores demuestran su respeto y entrega cuando participan en el baile histórico, porque lo hacen por devoción al Santo Patrono. Foto EDH

Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Al compás del pito y del tambor un grupo de menores da vida a una historia española llamada el Gran Taborlán de Persia.

Los artistas forman parte del grupo de la Escuela de Danza Los Texacuangos Infantiles, integrado por 13 niños y una niña, de 7 a 12 años, quienes viven en cantones y caseríos del municipio.

La agrupación nació el año pasado con la idea de perpetuar una tradición que tiene su origen en la época de la colonia, explica don Gilberto Pérez Escamilla, de 48 años, el fundador y maestro del grupo artístico.

“Formé el grupo por una promesa que hice hace tres años, porque estaba enfermo del corazón. Le pedí a Dios y al Santo Patrono Santiago y me curaron”, dice.

“Además porque algunos hijos de los historiantes mayores soñaban con imitar a sus padres, en tan pintoresca costumbre.

De ahí surgió la motivación”, indicó don Gilberto, quien también es el primer mayordomo de la cofradía.

La agrupación participó en las celebraciones religiosas que son parte de los festejos patronales de Santiago Texacuangos que tuvieron lugar del 21 al 25 de julio. También en la fiesta titular en honor a San Mateo, las cuales se realizan el 21 de septiembre.

El relato

La intervención se desarrolla durante dos horas y escenifica alguna de las muchas historias de moros y cristianos.

“Los turcos querían poseer el poder y ganar las guerras, pero al final triunfan los cristianos”, explica.

Durante esta festividad los niños representaron el amor entre la princesa de los moros llamada Atavia, y el príncipe de los cristianos llamado el Gran Taborlán.

La relación no es aprobada por el padre de la joven, por lo cual los bandos se enfrascan en una batalla. Al final se logra un entendimiento y surge una hermandad entre moros y cristianos.

En el grupo hay dos reyes, (el moro y el cristiano), cada uno de ellos dirige su cuadrilla, en la que participan seis embajadores y un gracioso o bufón.

Los jóvenes artistas van ataviados con ropas multicolores. La cuadra más vistosa es la de los moros, en la cual sobresale el rey. Todos usan coronas, arcos sencillos y un turbante con espejos, monedas y espadas.

Los cristianos sólo llevan corona, capa y pantalón formal.

Al final de la presentación, los aplausos del público recompensan el arduo trabajo de seis meses de ensayos, los cuales alternaron con sus compromisos escolares. Pero todo lo hacen por devoción.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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