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El acuerdo que podría conducir a medicinas más caras

CAFTA. La protección de la propiedad intelectual es la mayor preocupación de los grandes fabricantes


Publicada 26 de julio 2005 , El Diario de Hoy

Polémica. Las normas sobre medicamentos en el TLC preocupan a los grandes del sector. Foto: EDH


The New York Times
Stephanie Saul
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com


El camino entre las oficinas de la industria farmacéutica en Washington y la oficina del Representante Comercial de Estados Unidos ha sido recorrido muchas veces por cabildos de la industria.

El trabajo de estos representantes, miembros del que podría ser discutiblemente el mayor y más adinerado cabildo de Washington, parece haber tenido éxito en el Acuerdo de Libre Comercio para Centroamérica.

El acuerdo extendería los monopolios de los fabricantes de fármacos y, según algunos críticos, conduciría a precios más elevados para los empobrecidos pueblos de los seis países latinoamericanos que abarca.

El acuerdo fue aprobado por el Senado, pero enfrenta una difícil votación en la Cámara de Diputados a fin de mes. La cláusulas del acuerdo farmacéutico son secundarias en el debate estadounidense, eclipsadas por preocupaciones sobre las industrias textil y azucarera y los sindicatos laborales, de que sus intereses no se verían protegidos.

Por contraste, las cláusulas farmacéuticas del acuerdo, que prevén cinco años de mercado exclusivamente para medicamentos de marca, son de mayor importancia en Guatemala, donde los pobres enfermos de sida han marchado por las calles para protestar.

Los seis países afectados por el pacto “entienden que el efecto neto de estas cláusulas farmacéuticas serían elevar el precio de las medicinas”, afirmó Frederick M- Abbott, profesor de leyes internacionales de la Universidad Estatal de Florida. “La forma en que tienen que verlo es que obtienen algo del acuerdo que les otorgará un beneficio comercial neto”.

El problema de tal análisis, subrayó Abbott, es que los patrones textiles y los productores agrícolas se benefician, pero las ventajas económicas tal vez nunca lleguen a las personas que no pueden pagar medicinas.

La “línea vital”

El grupo Investigación y Fabricantes Farmacéuticos de Estados Unidos, la asociación de la industria farmacéutica, es el mayor grupo de influencia en la oficina de comercio, según un análisis noticioso del Centro para la Integridad Pública, un grupo gubernamental de observadores.

El principal interés de la industria en la oficina de comercio es proteger su propiedad intelectual, que Peter R. Dolan, director ejecutivo de Bristol-Myers Squibb, llamó recientemente la “línea vital” de la industria.

Al igual que las películas y los programas de computadora, los fármacos requieren mucho tiempo, dinero y creatividad para desarrollarse, pero son muy fáciles de replicar. La asociación de la industria estima que la violación de la propiedad intelectual en 21 países les cuesta a sus miembros 7,000 millones de dólares anuales. Allí radica el problema de los fabricantes de fármacos, y la razón de que libre una batalla global para proteger sus patentes. El acuerdo comercial es solamente parte de esa estrategia global.

Al defender sus acuerdos para extender la protección de la propiedad intelectual al extranjero, fuentes de la industria subrayan que las compañías farmacéuticas subsidian el tratamiento para millones de personas en países en desarrollo. Bristol-Meyers, por ejemplo, destinó 150 millones de dólares para crear clínicas contra el sida y otros programas de caridad, cifra que no incluye los medicamentos a bajo costo distribuidos allí por la compañía.

Más acceso

Asimismo, la asociación de la industria afirma que extender las protecciones de sus patentes a todo el mundo llevará a un mayor acceso a los medicamentos, al alentar a los fabricantes de fármacos a entrar en esos mercados.

“Ciertamente, permite a las compañías ser capaces de comercializar y vender sus medicinas en esos mercados particulares”, afirmó Mark Grayson, un portavoz de la asociación de la industria.

Una de las cláusulas más polémicas en el pacto comercial es un requisito que les otorga a los fabricantes la exclusividad durante cinco años después que un fármaco es registrado en los países, aunque haya expirado la patente de 20 años.

Un periodo similar de cinco años existe en Estados Unidos, pero el acuerdo comercial exigiría a los países obligar al cumplimiento del periodo de cinco años aunque el periodo de exclusividad en Estados Unidos haya expirado.

Durante ese plazo, los fabricantes que desearan registrar un equivalente genérico del medicamento en dicho país tendrían prohibido usar los datos sobre pruebas en animales y humanos presentados para la aprobación del fármaco, una cláusula que, según los críticos, podría demorar la aprobación de genéricos más allá del plazo de cinco años.

La industria cree que, al proteger la exclusividad del mercado, el acuerdo comercial impulsaría la innovación y alentaría a las compañías farmacéuticas a registrar medicamentos en los pequeños países, contribuyendo a llevar esas medicinas a los necesitados.

Se trata de un argumento filosófico adoptado por la oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.

Un sistema claro

“Las reglas comerciales que protegen la innovación y la investigación propician un sistema que produce la clase de medicinas que los pacientes en Estados Unidos y en todo el mundo usan y necesitan para combatir enfermedades”, aseguró Richard Mills, un portavoz de la oficina de comercio.

El tema de la protección de la propiedad intelectual para los farmacéuticos fue resaltado recientemente por la amenaza del gobierno brasileño de quebrantar la patente de los Laboratorios Abbott para el medicamento Kaletra, para combatir el sida, al autorizar a algunos de sus propios fabricantes nacionales que produzcan una copia a aproximadamente la mitad del precio.

Los críticos del acuerdo comercial afirman que crea barreras contra las licencias obligatorias en los países que abarca: República Dominicana, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica. El producto interno bruto combinado de los seis países representa una tercera parte de los ingresos anuales de los grandes fabricantes de drogas.

“La industria cree que al proteger la exclusividad del mercado, el acuerdo impulsaría la innovación”.

“Los fármacos requieren mucho tiempo, dinero y creatividad para desarrollarse, pero son fáciles de replicar”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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