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Polémica. Las normas sobre medicamentos en el TLC preocupan
a los grandes del sector. Foto: EDH
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The New York Times
Stephanie Saul
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
El camino entre las oficinas de la industria farmacéutica en Washington
y la oficina del Representante Comercial de Estados Unidos ha sido recorrido
muchas veces por cabildos de la industria.
El trabajo de estos representantes, miembros del que podría ser
discutiblemente el mayor y más adinerado cabildo de Washington,
parece haber tenido éxito en el Acuerdo de Libre Comercio para
Centroamérica.
El acuerdo extendería los monopolios de los fabricantes de fármacos
y, según algunos críticos, conduciría a precios más
elevados para los empobrecidos pueblos de los seis países latinoamericanos
que abarca.
El acuerdo fue aprobado por el Senado, pero enfrenta una difícil
votación en la Cámara de Diputados a fin de mes. La cláusulas
del acuerdo farmacéutico son secundarias en el debate estadounidense,
eclipsadas por preocupaciones sobre las industrias textil y azucarera
y los sindicatos laborales, de que sus intereses no se verían protegidos.
Por contraste, las cláusulas farmacéuticas del acuerdo,
que prevén cinco años de mercado exclusivamente para medicamentos
de marca, son de mayor importancia en Guatemala, donde los pobres enfermos
de sida han marchado por las calles para protestar.
Los seis países afectados por el pacto entienden que el efecto
neto de estas cláusulas farmacéuticas serían elevar
el precio de las medicinas, afirmó Frederick M- Abbott, profesor
de leyes internacionales de la Universidad Estatal de Florida. La
forma en que tienen que verlo es que obtienen algo del acuerdo que les
otorgará un beneficio comercial neto.
El problema de tal análisis, subrayó Abbott, es que los
patrones textiles y los productores agrícolas se benefician, pero
las ventajas económicas tal vez nunca lleguen a las personas que
no pueden pagar medicinas.
La línea vital
El grupo Investigación y Fabricantes Farmacéuticos de Estados
Unidos, la asociación de la industria farmacéutica, es el
mayor grupo de influencia en la oficina de comercio, según un análisis
noticioso del Centro para la Integridad Pública, un grupo gubernamental
de observadores.
El principal interés de la industria en la oficina de comercio
es proteger su propiedad intelectual, que Peter R. Dolan, director ejecutivo
de Bristol-Myers Squibb, llamó recientemente la línea
vital de la industria.
Al igual que las películas y los programas de computadora, los
fármacos requieren mucho tiempo, dinero y creatividad para desarrollarse,
pero son muy fáciles de replicar. La asociación de la industria
estima que la violación de la propiedad intelectual en 21 países
les cuesta a sus miembros 7,000 millones de dólares anuales. Allí
radica el problema de los fabricantes de fármacos, y la razón
de que libre una batalla global para proteger sus patentes. El acuerdo
comercial es solamente parte de esa estrategia global.
Al defender sus acuerdos para extender la protección de la propiedad
intelectual al extranjero, fuentes de la industria subrayan que las compañías
farmacéuticas subsidian el tratamiento para millones de personas
en países en desarrollo. Bristol-Meyers, por ejemplo, destinó
150 millones de dólares para crear clínicas contra el sida
y otros programas de caridad, cifra que no incluye los medicamentos a
bajo costo distribuidos allí por la compañía.
Más acceso
Asimismo, la asociación de la industria afirma que extender las
protecciones de sus patentes a todo el mundo llevará a un mayor
acceso a los medicamentos, al alentar a los fabricantes de fármacos
a entrar en esos mercados.
Ciertamente, permite a las compañías ser capaces de
comercializar y vender sus medicinas en esos mercados particulares,
afirmó Mark Grayson, un portavoz de la asociación de la
industria.
Una de las cláusulas más polémicas en el pacto comercial
es un requisito que les otorga a los fabricantes la exclusividad durante
cinco años después que un fármaco es registrado en
los países, aunque haya expirado la patente de 20 años.
Un periodo similar de cinco años existe en Estados Unidos, pero
el acuerdo comercial exigiría a los países obligar al cumplimiento
del periodo de cinco años aunque el periodo de exclusividad en
Estados Unidos haya expirado.
Durante ese plazo, los fabricantes que desearan registrar un equivalente
genérico del medicamento en dicho país tendrían prohibido
usar los datos sobre pruebas en animales y humanos presentados para la
aprobación del fármaco, una cláusula que, según
los críticos, podría demorar la aprobación de genéricos
más allá del plazo de cinco años.
La industria cree que, al proteger la exclusividad del mercado, el acuerdo
comercial impulsaría la innovación y alentaría a
las compañías farmacéuticas a registrar medicamentos
en los pequeños países, contribuyendo a llevar esas medicinas
a los necesitados.
Se trata de un argumento filosófico adoptado por la oficina del
Representante Comercial de Estados Unidos.
Un sistema claro
Las reglas comerciales que protegen la innovación y la investigación
propician un sistema que produce la clase de medicinas que los pacientes
en Estados Unidos y en todo el mundo usan y necesitan para combatir enfermedades,
aseguró Richard Mills, un portavoz de la oficina de comercio.
El tema de la protección de la propiedad intelectual para los farmacéuticos
fue resaltado recientemente por la amenaza del gobierno brasileño
de quebrantar la patente de los Laboratorios Abbott para el medicamento
Kaletra, para combatir el sida, al autorizar a algunos de sus propios
fabricantes nacionales que produzcan una copia a aproximadamente la mitad
del precio.
Los críticos del acuerdo comercial afirman que crea barreras contra
las licencias obligatorias en los países que abarca: República
Dominicana, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica.
El producto interno bruto combinado de los seis países representa
una tercera parte de los ingresos anuales de los grandes fabricantes de
drogas.
La industria cree que al proteger la exclusividad del mercado,
el acuerdo impulsaría la innovación.
Los fármacos requieren mucho tiempo, dinero y creatividad
para desarrollarse, pero son fáciles de replicar

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