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Palabras
La sociedad de los poetas muertos

¿Ha muerto la poesía en nuestro país o simplemente ha sido olvidada? Decía hace poco el escritor Federico Hernández Aguilar, que el olvido es “la verdadera muerte del artista”.

Publicada 26 de julio 2005, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Pero ¿para quién muere? ¿Para su pueblo o para su musa interior y universal? Creo que sólo para los demás, pues —como la flor del desierto— el artista florece a solas. La flor del arenal se abre pura, iridiscente y esplendorosa, sin necesidad de elogios, condecoraciones ni aplausos. Así, aunque nadie la vea ni admire, se enciende mística, perfumada y bella ante el cosmos.

La poesía (potesis) o “arte de hacer versos” se convirtió para muchos poetas en el arte de decir sus sueños, su denuncia, su confesión, su admiración a la belleza y a Dios.

Pero también en el arte de pronunciar infamias. Y no sólo la poesía se ha olvidado por el arte de difamar o menospreciar la cultura, sino también la música, el teatro, la danza, el amor social.

Vivimos, pues, en una sociedad de poetas muertos por decreto. Aparte del malinchismo, del ego, de la inmadurez histórica y la mezquindad idiosincrática, lo que ha asesinado la poesía es la politización de la cultura y el concepto de cofradía. Además de politizarse el agua, los servicios públicos, el Fovial, la salud y las comunicaciones, en nuestro país, desdichadamente, se politizó la cultura.

Olvidamos entonces la gloria de los poetas. Aunque el plectro astral de la potesis une almas de poetas disímiles en sus creencias como Viera Altamirano, Escobar Velado, Castrorrivas o Escobar Galindo.

(palabrasbalaguer@gmail.com)


Día a Día

Terrorismo mundial

No hay linderos entre los movimientos terroristas mundiales. Una investigadora estadounidense, Claire Sterling, demostró que se trata de una Internacional del Terror a la que se integran desde los narcos colombianos hasta los tamiles de Sri Lanka (antiguo Ceylán). Ejemplo: unos japoneses realizaron una matanza en el aeropuerto de Tel Aviv hace algunos años y fue un inglés adoctrinado por musulmanes el de la bomba en el zapato.

Durante “el conflicto” en El Salvador aparecieron terroristas de todas las latitudes que participaron en secuestros y ataques de la guerrilla.

El segundo jefe militar de ETA, capturado en Francia hace unos tres años, tuvo su bautismo de fuego en las filas efemelenistas. Y nadie desconoce cómo libios y palestinos han ayudado con dinero y entrenamiento a los terroristas centroamericanos.

El problema europeo y de Estados Unidos es que mientras “no les pisaban el callo” no dimensionaban adecuadamente las agresiones subversivas en otros países.


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