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Economía para todos
Boom, crash (y Bob Esponja)

Los bienes de capital existentes en una sociedad son el resultado de las inversiones hechas por las empresas, con base en la disponibilidad de los ahorros que las personas tienen en los bancos.

Publicada 26 de julio 2005, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Cuando alguien le hable de los “ciclos económicos”, se estará refiriendo a unas fluctuaciones muy marcadas que suelen experimentar las economías de ciertos países, pasando rápidamente de períodos de gran crecimiento a otros de fuerte recesión. Usted dirá: ¿cuándo es “muy marcada” una fluctuación?, ¿qué significa recesión?, y sobre todo…, ¿por qué existen los “ciclos económicos”? (¡basta ya de preguntas!).

Siempre habrá normales fluctuaciones de actividad en los distintos sectores que componen la economía de un país, resultantes de cambios en el gusto de los consumidores, de variaciones en la disponibilidad de recursos naturales, de avances tecnológicos, de eventos internacionales, de la apertura o cierre de mercados, etc.

Pero no es lo mismo una brisa que un temporal…, como tampoco es comparable una alteración normal de la actividad económica con una “muy marcada” fluctuación, característica distintiva de los ciclos económicos. Por lo tanto, a las causas de éstos habrá que buscarlas por otro lado.

Con respecto a la recesión, algunos economistas afirman que en un país se puede hablar de ella cuando durante por lo menos dos trimestres consecutivos su economía experimenta una disminución del PIB (Producto Interno Bruto), indicador de la riqueza generada.

En términos más generales y probablemente más adecuados, podemos decir que un período de recesión es aquel en el cual existe un lento crecimiento económico, o incluso un decrecimiento, con frecuencia acompañado de desempleo.

Ahora bien, antes de ir específicamente a los ciclos económicos, es necesario recordar que en economía existen bienes de “distinto orden” (¡?). Tranquilo, que es fácil.

Comencemos por los “bienes de primer orden”, o “de consumo”, como por ejemplo la ropa que usted lleva puesta, un libro, una entrada al cine para ver Los Cuatro Fantásticos, o el sándwich que va a almorzar hoy.

Claro que esos “bienes de primer orden”, o “de consumo”, existen gracias a la participación de una compleja estructura, similar a un arrecife de corales (donde viven Bob Esponja y su amigo Patricio), constituida por los “bienes de orden superior”, o “de capital”. ¿Quiere un ejemplo?

Consideremos una grúa, utilizada para construir un edificio, en el cual se instalará una planta procesadora de alimentos. Tanto la grúa como el edificio y la planta procesadora son tres “bienes de orden superior”, o “de capital”.

En este caso en particular, la grúa será el bien de mayor orden, ya que gracias a ella se pudo construir el edificio donde funcionará la planta procesadora.

Lo que está claro es que ninguno de los tres es un “bien de consumo”, porque nadie “consume“ en forma directa una grúa, un edificio, o una planta procesadora. Consumimos los alimentos que allí se producen. (¡Ah!, ya estará notando que si profundizáramos el análisis, no sólo veríamos tres bienes de capital, sino miles y miles…).

La analogía con los corales es útil, ya que los bienes de capital no son un grupo homogéneo de cosas, sino una compleja red a la que podríamos denominar el “arrecife de capital” (¡qué lindo sería tener un arrecife de éstos! Le regalo los de corales…).

Así como un arrecife de corales descansa sobre el fondo arenoso del mar, el “arrecife de capital” lo hace sobre la tierra y los recursos naturales. Y así como cada capa de un arrecife de corales está asentada sobre la anterior, y participando en la formación de la siguiente, también ello ocurre en el “arrecife de capital”, donde hay varias capas de bienes de capital, que, como vimos, se interrelacionan entre sí para producir los bienes de consumo.

¿Y los ciclos? Ocurren cuando se altera el funcionamiento del “arrecife de capital”, por manipulaciones monetarias (¿¡what!?). Tranquilo, que es más fácil aún…

Los bienes de capital existentes en una sociedad son el resultado de las inversiones hechas por las empresas, con base en la disponibilidad de los ahorros que las personas tienen en los bancos.

Cuando las autoridades monetarias de un país manipulan la tasa de interés vigente para que baje, porque “consideran que está muy alta” (¿con respecto a qué?), el efecto inmediato será similar a que existiera más ahorro disponible para nuevas inversiones, ¡las cuales recibirán por tanto un gran impulso!..., artificial (¡ooops!).

Se trata del “boom”, o auge inicial del ciclo económico, que se caracteriza por un aumento de las inversiones, de la demanda de trabajo, y de las perspectivas de ganancias de las empresas. Todo muy lindo (¡lástima que es una burbuja!).

Dado que muchas personas dejarán de ahorrar frente a la existencia de tasas más bajas, pronto estas nuevas inversiones serán “mal-inversiones”, porque en los bancos no habrá fondos suficientes para seguir financiándolas.

Reaparecen entonces las autoridades monetarias, “considerando ahora que la tasa de interés está muy baja” (¡definíte!), y la suben (¡?), mandando a la quiebra a muchos de esos proyectos artificiales, que naturalmente se tornan inviables con estas tasas de interés más altas.

O sea, viene el “crash”, que deja todo patas para arriba, y que ya había sido anticipado por Diana Ross, con su canción “Upside down”.

¿Ciencia ficción? ¡Ojalá!, pero lamentablemente esa es la historia monetaria de gran parte de América Latina. Con los desastrosos resultados que bien conocemos.

Las manipulaciones estatales, alterando la oferta de dinero y las tasas de interés bancario, rompen los “arrecifes de capital”. ¡Ah!, cuando se metan con los arrecifes de corales, les aviso enseguida a Bob Esponja y a Patricio, para que escapen.

Hasta la próxima.

*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com



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