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La Nota del Día
Estamos como aliados, no vendiendo tropa

El terrorismo amenaza a todos los pueblos de la tierra, como lo comprueban los recientes atentados en Inglaterra y en Egipto.

Publicada 26 de julio 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Partiendo de su experiencia como pueblo victimizado por el terrorismo a lo largo de dos décadas, El Salvador se unió a la coalición de países que están ayudando a construir la democracia en Iraq y a combatir la insurgencia.

Lo hace como aliado de los Estados Unidos y porque seríamos gravemente afectados si la internacional del terror triunfa en su ofensiva contra la civilización. En esta guerra se juega el destino de la humanidad.

Las alianzas se forjan cuando dos o más naciones comparten ideales, intereses y objetivos. Los Estados Unidos son nuestro principal socio comercial, la primera potencia del mundo y en su territorio vive la tercera parte de la población salvadoreña.

Ser un socio y aliado nos sitúa en un plano superior al del resto de países cuya importancia se determina sólo de acuerdo con la ubicación geográfica y el tamaño de su economía; la alianza, por decirlo de otra manera, es lo que nos saca del montón y nos convierte en interlocutores, lo que es distinto a ser oyentes.

No vamos a pasar factura por el envío a Iraq de la tropa salvadoreña porque nuestros soldados no están a la venta. La amistad se sustenta en sus propios valores, no en lo que se puede sacar del amigo; es con el tiempo que surgen los beneficios de una alianza, primordialmente del enriquecimiento mutuo y del apoyo para superar las crisis que surjan.

En la actualidad los Estados Unidos necesitan de respaldos confiables de cara a la opinión pública mundial; cuando El Salvador sufrió el embate del terrorismo, los Estados Unidos fueron decisivos en salvar nuestra institucionalidad y ayudar en el establecimiento de un orden democrático de vida. Fue gracias a los Estados Unidos que El Salvador no sufre la clase de caos moral y político que ha hundido a Nicaragua.

Construimos la paz, no la guerra

Pero hay una consideración más importante. El terrorismo amenaza a todos los pueblos de la tierra, como lo comprueban los recientes atentados en Inglaterra y en Egipto. Cada país debe prepararse para afrontar a ese enemigo invisible y mientras más pronto lo consiga, más seguro estará.

Al prestar servicio en Iraq, nuestras tropas reciben un entrenamiento y conocimientos que Dios quiera no utilicemos aquí, pero que contribuyen a disminuir la amenaza. La alianza con los Estados Unidos va más allá del envío de un contingente a Iraq y un pago en ayudas; ahora mismo ambas naciones plantean una lucha común contra otra forma de terrorismo, el de las maras.

Para medir lo que representa para nuestra sociedad basta señalar dos hechos: los cincuenta y tantos choferes de buses y microbuses asesinados por negarse a pagar extorsiones y la presión que los mareros han comenzado a poner sobre las trabajadoras del sexo. A esto se suman las depredaciones de grupos enquistados en la UES y que intentan que el país vuelva a los horrores de los años setenta.

Lo que se busca con el envío de nuestras tropas es construir la paz, no hacer la guerra. La tropa ayuda en labores cívicas y en tareas de reconstrucción. Es también de esperarse que en determinadas circunstancias nuestros soldados tengan que usar la fuerza para defenderse, lo que es parte de sus funciones legítimas.


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