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Gary Rivlin
The New York Times
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
La imagen en la cabeza de Mark R. Anderson era la de un avión que
luchaba por ganar altitud. Anderson, uno de los más respetados
observadores de la tecnología en el mundo, vio a una pequeña
compañía llamada Amazon.com crecer de solamente tres personas
en sus inicios en una cochera adaptada, hasta convertirse en una corporación
cuyas acciones se venden públicamente, que llegó a simbolizar
lo mejor y lo peor de la era del punto com.
Anderson publica el Servicio de Noticias Estratégico, un influyente
boletín leído por personas como Bill Gates y Michael Dell,
y se enorgullece de ser capaz de pronosticar el futuro. Sin embargo, reconoció
que sentía dudas acerca de Amazon y su carismático director
ejecutivo, Jeffrey P. Bezos, y durante algún tiempo creyó
que Amazon tenía más probabilidades de desplomarse que de
ganar altitud.
Hace 10 años, Amazon.com apareció en Internet, cuando Bezos
inauguró una página que llamó audazmente la Mayor
Tienda de Libros de la Tierra. Amazon vendió solamente medio
millón de dólares en libros en los primeros seis meses,
pero pronto publicaba la clase de tasas de crecimiento que impresionan
a Wall Street: las ventas alcanzaron los 15.7 millones de dólares
en 1996 y 147.8 millones en 1997.
A manos llenas
La historia más conocida de Amazon en la segunda mitad de los 90
era la velocidad con que empleaba el dinero. En 1999, por ejemplo, sus
ingresos ascendieron a 1,600 millones de dólares, pero todavía
perdió 719 millones.
Para mantenerse a flote, Amazon, con base en Seattle, Washington, pidió
prestados más de 2,000 millones de dólares a los bancos,
pero conforme a los archivos reglamentarios, en cierto momento del 2000
apenas contaba con 350 millones de dólares disponibles.
Entonces, Bezos, como el héroe de la película que salva
el día cuando quedan solamente unos segundos, dio un vuelco a las
cosas. Cerró algunos centros de distribución y despidió
a una séptima parte de su fuerza laboral. En 2003 Amazon finalmente
tuvo ganancias.
Al igual que otros que observan a Amazon, Anderson enumera una lista de
críticas en contra de Bezos, por ejemplo, que se muestra renuente
a compartir el poder y que su compañía ha tenido un elevado
índice de cambios de ejecutivos.
Sin embargo, las dudas de Anderson y otros acerca de Bezos se centran
en un punto crónico para Amazon: la rentabilidad. En su más
reciente informe, en abril, Amazon informó que las ganancias cayeron
29.7 por ciento respecto al año anterior, y Bezos advirtió
a Wall Street que espere que los márgenes de ganancias se encojan
aún más este trimestre.
Hace unos años, Amazon y eBay dominaban el comercio en línea.
Pero mientras que el desempeño de eBay y sus acciones superaron
los índices de la época de la burbuja de Internet, Amazon
aún se encuentra a un 70 por ciento del mayor precio de sus acciones,
de 113 dólares, que fijó en diciembre de 1999. Sus participaciones
cayeron casi 22 por ciento este año, tras haber disminuido 16 por
ciento en 2004.
La práctica en el mundo de la tecnología es llamar a un
gerente experimentado que pueda ganarse el respeto de Wall Street, ya
sea poco después de fundar una empresa o poco antes de que venda
sus acciones públicamente. Amazon pareció reconocer ese
punto tácitamente cuando, en junio de 1999, contrató a Joseph
Galli Jr., un ejecutivo de mercadotecnia de Black & Decker, como presidente
y jefe de operaciones.
Bezos, el jefe
Galli duró solamente 13 meses. Cuando se marchó, el consejo
le confirió el título de presidente y director ejecutivo
a Bezos, y desde entonces la compañía se las ha arreglado
sin un jefe de operaciones.
Bezos, de 41 años, es dueño de aproximadamente una cuarta
parte de Amazon -lo que le da un valor neto de 3,500 millones de dólares-
, pero, según todas las opiniones, y según todas las apariencias,
es sorprendentemente sensato.
Bezos tiene todo el derecho a reír. Probó equivocadas a
legiones de críticos que pronosticaron la caída de Amazon,
tal como desafió a quienes declararon que Amazon nunca generaría
ganancias.
No obstante, Amazon aún está lejos de su gran ambición
de dominar el comercio electrónico tal como Wal-Mart domina el
mercado al menudeo en tiendas. Podría decirse que la era punto
com comenzó hace 10 años, cuando Amazon fue inaugurada en
Internet, pero la compañía se ha visto eclipsada por eBay,
que en años recientes permitió a los comerciantes evitar
las subastas y establecer frentes de venta en su centro comercial virtual.
Además, existe competencia en otros frentes, en tanto los consumidores
se sienten más cómodos fuera de los confines de Amazon.
Cada vez más, los servicios de comparación de precios y
sitios de ofertas como Overstock.com ejercen una enorme presión
sobre Amazon.
Hoy en día, los libros, la músico y los videos - las tres
primeras categorías ofrecidas por Amazon- aún representan
casi tres cuartas partes de sus ingresos.
Bezos se burló de las críticas. Amazon tiene un servicio
al cliente chapado en oro, aseguró, y ha impulsado una serie de
ingeniosas innovaciones, como comprar con sólo oprimir un botón.
Parece sugerir que, con este servicio superior, ¿por qué
el mundo no acudirá a su compañía a comprar desde
tostadoras hasta trompetas y raquetas de tenis?
Los analistas discuten las ventas cada vez menores de Amazon en el extranjero,
sus costos cada vez más elevados, y los 55 millones de dólares
destinados durante los primeros tres meses del año a su promoción
de envío gratuito.
No obstante, Amazon aún está lejos de su gran
ambición de dominar el comercio electrónico

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