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The New York Times
Por Amy Harmon
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
El cajero ya había marcado los artículos de Keri Wooster,
cuando ésta se dio cuenta de que no tenía su cartera.
Fue apresuradamente al auto y regresó con las manos vacías
para hacer frente a la fila de clientes desesperados a los que había
mantenido esperando, con un teléfono celular pegado a su oído.
Jordan, ¿tomaste mi cartera de mi monedero?, preguntó
con exasperación maternal mientras regresaba a la caja. ¡Estoy
deteniendo esta fila! Debes poner las cosas de vuelta donde las encuentres.
Wooster, quien no tiene hijos, no hablaba realmente con un Jordan, ni
con nadie más. Pero su monólogo cumplió su propósito,
produciendo miradas de simpatía de la frustrada multitud en el
Wal-Mart de su localidad.
Simplemente, mis instintos tomaron el control, dijo más
tarde Wooster, de 28 años. Todos parecían pensar:
oh, los niños.
Wooster no es la única que practica el subterfugio del teléfono
celular. En tanto la conversación por celular se apodera de los
espacios públicos, parece ocurrir lo mismo con las falsas conversaciones
por celular.
Algunos simulan llamadas para evitar el contacto, ya sea con vecinos o
con pordioseros, con compañeros de trabajo o con supervisores.
Algunos lo hacen para impresionar a quienes los escuchan, y otros para
no parecer solitarios.
Los hombres hablan con sus aparatos mientras observan mujeres. Las féminas
conversan con el aire para evitar que se les acerquen hombres indeseables.
Los fotógrafos de teléfono celular simulan una llamada para
tener un buen ángulo sin despertar sospechas.
Simulo conversaciones telefónicas para recalcar un punto,
indicó Ty Hammond, quien una vez consiguió la disculpa de
una mujer que revelaba demasiados detalles personales en su celular en
un elevador, al gritar aventuras propias (inventadas) al auricular de
su propio teléfono. Las personas necesitan conocer la etiqueta
telefónica y simular llamadas es una gran herramienta para enseñarles.
La llamada telefónica falsa tiene una etiqueta, o al menos una
técnica, propia. Los simuladores sofisticados consiguen la autenticidad
repitiendo su parte de un diálogo verdadero.
Tomo una experiencia anterior y pretendo que hablo con alguien acerca
de ella, por lo que no estoy solamente sacando algo de mi cabeza,
explicó John Wilcox, un vendedor de teléfonos, quien suele
parecer estar al teléfono cuando se aproxima un cliente problemático.
Wilcox usó esta técnica mientras esperaba el momento adecuado
para acercarse a una chica que vio recientemente en una tienda del centro
comercial. No podía pararme allí con cara de idiota,
subrayó.
Para Micheal K. Meyer, la clave es la mirada en tu rostro cuando respondes.
Gesticulas un poco, actúas verdaderamente interesado en lo
que no escuchas al otro lado de la línea, indica Meyer, un
mecánico de aviones, quien ha fingido cientos de llamadas. Tienes
que convencer.
Una abogada explicó que, con frecuencia, pretende estar terminando
una llamada conferencia para que sus colegas no la molesten por llegar
tarde.
Pretender es muy flexible, destacó la abogada, de 37
años, quien exigió el anonimato para proteger su capacidad
y poder seguir usando la estratagema. Se puede terminar la conversación
cuando se desee.
En muchos aparatos portátiles, presionar el botón para hablar
produce un timbre que los simuladores pueden tomar como una llamada entrante.
Mientras sostienen una falsa conversación, los profesionales aconsejan
apagar el teléfono para evitar que la treta sea descubierta. O
al menos programar el aparato para que vibre.
Práctica rara
James E. Katz, profesor de comunicación de la Universidad Rutgers,
aseguró que la práctica llamó su atención
cuando los estudiantes en los grupos de enfoque que organizó para
estudiar una amplia variedad de usos del teléfono celular comenzaron
a mencionarlo, sin que se los pidieran.
En muchos casos, los simuladores de llamadas solamente tratan de hacer
frente a la ansiedad social al demostrar que tienen a quién llamar,
aunque no lo tengan.
Una de los estudiantes de Katz detalló que pretende usar su teléfono
celular cuando sale con un grupo de otras mujeres en edad escolar que
están todas al teléfono. Otra lo hace para escapar de una
lujosa boutique donde los precios son mayores a sus medios, sin hablar
con un vendedor.
Muchas féminas dependen de las llamadas simuladas cuando temen
por su seguridad física. Yessenia Morales, de 21 años, dijo
que hace poco llamó a un amigo inexistente mientras era seguida
por un grupo de hombres en la plataforma de trenes.
Te veo en unos minutos, prometió.
Lo bien que funciona la llamada fingida es una de sus cualidades más
atractivas.
Bartosz Sitarski, de 24 años, afirmó que una vez fingió
realizar una llamada telefónica durante 15 minutos, cuando alguien
con quien no deseaba hablar lo esperaba para charlar en una cafetería.
Finalmente, la otra persona se marchó antes que interrumpir la
llamada.

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