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Víctimas de la enfermedad

Preocupación. Muchos de los infectados provienen del interior del país, luego de muchas consultas. Ha sido en San Salvador en donde les han dado la mala noticia


Publicada 22 de julio 2005 , El Diario de Hoy

Ayuda. El menor proviene de Chalatenango. Foto EDH


Aura Méndez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Pensaron que era una apendicitis

Para José Santos Gutiérrez, de seis años, el día empezaba a las seis de la mañana cuando cayó fulminado por un dolor abdominal, justo en el momento que se dirigía al Centro Escolar del Caserío El Zarzal, donde estudia preparatoria.

En ese momento, José padecía dolor de estómago y fiebre. Los médicos de la Unidad de Salud de San Ignacio, Chalatenango, le diagnosticaron una infección gastrointestinal. Ocho días después, Antonia Ochoa, madre del menor, regresó con su hijo a la unidad de salud con la enfermedad más avanzada. José casi no podía caminar.

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Un extraño mal que ataca a decenas

Debido a la preocupación por la condición de su hijo, Antonia decidió llevarlo a un médico particular, quien de inmediato le diagnosticó apendicitis. Y lo remitió de emergencia al Hospital Nacional de Chalatenango, para que lo operaran.

Para su sorpresa, los médicos le aclararon que su hijo no tenía apendicitis, sino unas “pelotas” que le habían sido extraídas y que serían enviadas a observación. Los doctores continuaron sin poner atención a la incapacidad para caminar del niño.

“Luego de la operación, mi niño ya no podía caminar, así que me lo traje para el Bloom, acá me dijeron lo que en verdad tenía y desde entonces aquí hemos estado”, explicó la madre del niño.

La parálisis de José Santos, que hace dos semanas le afectaba hasta las rodillas, lo mantenía postrado en el Bloom, en espera del posible tratamiento de inmunoglobulina si su familia reunía el dinero.


Nadie les daba un diagnóstico certero

Pesar. El niño fue remitido desde Cojutepeque. Foto EDH

El calvario para la familia López Bonifacio se inició el sábado 4 de junio, cuando Pablo López observó que su hijo, Douglas Emerson, de cuatro años y medio, presentaba señales de estrabismo. Lo llevó pronto a un chequeo médico.

Al día siguiente, Douglas no podía mantenerse de pie, además de padecer constante vómito y flema.

Sus padres lo trasladaron el lunes siguiente al Hospital Nacional de Cojutepeque, en donde un médico de turno le diagnosticó una infección en la garganta. Sin ninguna respuesta acerca del problema de movilidad del niño, optaron por pasar consulta con un terapeuta en el mismo hospital. Las radiografías tomadas a Douglas no reflejaban ninguna lesión.

Aparentemente, el pequeño no sufría ningún daño que le impidiera caminar. Aun así su familia decidió llevarlo a un médico particular, quien lo remitió al Hospital Bloom, para que pudiera observarlo un equipo de especialistas.

Luego de varias consultas y pruebas, Douglas fue trasladado al piso de Pediatría, en donde luego de confirmar la presencia del Síndrome Guillián Barré, los médicos optaron por omitir el examen de velocidad de conducción nerviosa, debido al rápido progreso de la enfermedad y la incapacidad del pequeño para caminar.

A Pablo López se le planteó una alternativa: inmunoglobulina intravenosa. Para él y su esposa, Sonia, la noticia en términos económicos no fue nada alentadora. La situación financiera de ellos es crítica.


La trataron por una posible neumonía

A la espera. La pequeña vive en Cuscatlán. Foto EDH

Otro de los casos más recientes de Guillián Barré en el Hospital Bloom es el de Guadalupe de los Ángeles Santos, de cuatro años y nueve meses. La enfermedad la afectó hace varias semanas, cuando le diagnosticaron una neumonía en el Hospital Nacional de Cojutepeque, en Cuscatlán.

En pocos días, la menor había perdido la movilidad en sus piernas, por lo que los médicos decidieron remitirla al Hospital Bloom.
Carmen García de Santos, madre de la niña, comentó que la menor se encuentra en el hospital de San Salvador desde el lunes 4 de julio y, hasta entonces, desconocía el tipo de tratamiento que le aplicarían a su niña.

“Los doctores me dijeron que la niña en tres semanas o más se recuperará, pero que el medicamento es caro”, explicó la angustiada madre.

Ayuda

La adquisición de los medicamento para Guadalupe de los Ángeles requería de un esfuerzo que su familia no podía alcanzar. Su madre trabaja en una maquila, en donde pagan menos del salario mínimo la mayoría de veces, mientras que su padre trabaja como vigilante.

La madre de la menor indicó que su hija se encuentra dentro del Plan Padrino que impulsa el Gobierno de la República, por lo que esperaba que de esta forma puedan proporcionarle algún tipo de financiamiento para al tratamiento con inmunoglobulina.

Las claves del padecimiento
Quienes han sido afectados por el mal desconocían la existencia del mismo.
El descubrimiento
Los inicios

Esta enfermedad fue detectada por primera vez hace 40 años y fue llamada Guillián Barré. Desde entonces, afecta, en su mayoría,
a niños y a jóvenes menores de 18 años y a personas mayores,
de entre 30 y 50 años.
El diagnóstico
Los achaques

La enfermedad empieza con síntomas parecidos a los de la gripe, fiebre y dolor de cabeza; o a los de una infección gastrointestinal, que incluye vómitos, dolor
de estómago y fiebre. Progresivamente, se inicia la parálisis.
Las causas
Los estudios

Hasta la fecha, no se sabe con certeza qué virus o bacteria ocasiona este mal. Sin embargo, existen diferentes hipótesis al respecto. Incluso, se ha llegado a creer que el virus se desarrolla en una fruta silvestre conocida como capulín tullidor.
El tratamiento
Los costos

Uno de los métodos más recientes para lograr una mejor recuperación del paciente es la aplicación de
inmunoglobulina vía intravenosa. Sin embargo, el tratamiento es muy caro, ya que un frasco de cinco gramos cuesta 350 dólares.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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