elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

La Nota del Día
Tráfico más lento con gasolina más cara

“En lugar de desarrollarnos, de estar cada vez más cerca del primer mundo, vamos acercándonos a Haití, el país donde todo es mercado callejero y minifundio”.

Publicada 21 de julio 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Al taponear el centro de San Salvador con más ventas piratas, el tráfico se vuelve más lento y el trayecto más largo, más irritante y costoso, sobre todo ahora que el precio de la gasolina ha aumentado. Rutas que antes eran cortas y rápidas, son hoy en día tediosas, peligrosas y consumidoras de gasolina y diésel.¡Vaya regalo que el saliente alcalde y sus concejales están haciendo a los pobladores del Gran San Salvador! Para favorecer a sus compinches efemelenistas están repartiendo, como si fueran suyas, aceras y calles del centro de la capital.

Pero al hacerlo sin aviso, con nocturnidad y alevosía, sientan otro precedente: Con el mismo procedimiento con que los instalan, futuras y decentes administraciones edilicias pueden también suprimir, de la noche a la mañana, esas ventas, como se hizo en Lima, Perú. Lo que allá era un sucio, enorme y caótico mercado callejero se levantó en veinticuatro horas, con lo que la ciudad ha recuperado la gracia que por siglos tuvo.

Las municipalidades comunistas nos vienen hablando, desde hace años, de su celo, interés y devoción por “preservar el centro histórico”. Lo del “centro histórico” sirve de pretexto para regular las construcciones, fastidiar a los dueños de inmuebles y congelar San Salvador en un gigantesco cucarachero.

Lo que es el mejor espacio para construir viviendas en varios niveles, se anula con las fantasías del “centro histórico”; según sus apologistas, las normas y exigencias están allí para conservar nobles monumentos, artísticas edificaciones, casas de gran valor estético e histórico. Maravillas que únicamente ellos ven.

Pero con el desorden, suciedad y relajo causados por las ventas callejeras, sólo propietarios que estén mal de la cabeza querrán meter buen dinero para mantener o restaurar construcciones situadas en el centro de San Salvador. Y las razones para no invertir son claras: Con las ventas, los negocios que se instalen en sus propiedades no tienen mayores chances de prosperar. Y si son para habitar, las familias se exponen a que las asalten, amén del ruido y la pestilencia que caracteriza a esas calles.

Dejan la ciudad peor que antes

Lo normal de las buenas administraciones municipales, lo que se propone un alcalde y un concejo sensatos y decentes, es ordenar las calles, limpiarlas, mantener el ornato, cuidar la seguridad, embellecer lo que puedan, hacer las ciudades cada vez más atractivas.

“Atractivas” por atraer, por invitar a recorrerlas y vivir en ellas, por ser idóneas para instalar negocios. Con razón muchas personas se preguntarán ¿cómo es que viven el alcalde y los concejales, que no les repugna sumir a la ciudad en la mugre y el relajo? ¿Cómo son sus dormitorios, sus salas de estar, sus cocinas? ¿Es que no les importa que la ciudad quede peor después de su “gestión” de lo que fuera antes, como sucedió al final de la alcaldía desgobernada por Morales Ehrlich?

Con las barbaridades que están haciendo los concejales de una u otra de las “clicas” efemelenistas, los pocos negocios organizados y limpios del centro irán desapareciendo, y lo harán con rapidez. Estamos, los capitalinos, en un proceso de des-civilización. En lugar de desarrollarnos, de estar cada vez más cerca del primer mundo, vamos acercándonos a Haití, el país donde todo es mercado callejero y minifundio.


elsalvador.com WWW