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| Lesiones. Los golpes en el jugador son obvios,
pero eso no le preocupa. Su esposa es la prioridad. Foto
EDH |
Miguel Ventura
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Muy tranquilo y relajado por su recuperación; pero con el alma,
la mente y el corazón al lado de su esposa, así se encuentra
el jugador de Águila Otoniel Carranza.
El defensor migueleño está fuera de peligro y se recupera
satisfactoriamente, pero su esposa, Claudia de Carranza, no muestra mejorías.
Carranza comentó que gracias a Dios él está fuera
de peligro, no así su compañera, quien lucha por sobrevivir.
Lo que deseo de todo corazón ,y con la ayuda del Todopoderoso,
es que mi esposa se mejore, dijo Carranza.
El aguilucho llegó ayer a la sala de Cuidados Intensivos del Hospital
Nacional San Juan de Dios, de San Miguel, para conocer por parte de los
médicos el diagnóstico de su esposa.
Allí se enteró de que su cónyuge será transferida
en las próximas horas al Hospital Rosales, ya que aún está
grave.
Los médicos que atienden a la esposa del jugador comentaron que
la joven se encuentra en estado delicado y su diagnóstico es reservado.
Para el defensor emplumado, este cambio (del Hospital Nacional San Juan
de Dios al Hospital Rosales) representa mayor preocupación; pero
confía en Dios que todo saldrá bien.
Otoniel fue dado de alta el martes por la noche y se trasladó a
casa de sus padres. Ahí pasará mientras se restablece por
completo.
Estoy mejorando. Sólo me duelen los golpes y la clavícula,
que quedó desviada un poco, pero con descanso me recuperaré
pronto, expresó el migueleño.
La movilidad en sus piernas es excelente, prueba de ello es que caminó
en su casa; además, sólo presenta golpes en el rostro.
Incertidumbre
Por el momento desconoce cuánto tiempo estará en recuperación,
pero desea retornar lo más rápido posible a las canchas.
El jugador aguilucho indicó que el día del accidente se
conducía con su esposa adonde unos parientes en la colonia Carrillo.
Había una rastra en medio del carril y no tenía señales;
además, era una curva y esto provocó que fuera a colisionar,
manifestó el defensor.
Otoniel Carranza añadió que de no haber presionado
los frenos unos diez metros antes de llegar a la rastra, hubiera sucedido
una tragedia mayor por el impacto.
María Solís de Carranza, madre de Otoniel, expresó:
Nunca habíamos tenido un susto así, pero gracias a
Dios que está con vida.

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