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Jorge Beltrán
El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Con sólo 22 años, Patricia (nombre de pila en la prostitución)
lleva la carga del sostenimiento de su hogar.
No tiene hijos, pero sí varios hermanos menores y una madre con
una enfermedad incurable.
Eso lo hace con gran voluntad, pues es su sangre. Así lo dice.
Lo que le parte el hígado de rabia es tener que mantener con su
cuerpo al ejército de pandilleros de la clica que manda en la calle
donde ella consigue, cerca del Parque Infantil.
Por cada vez que se acuesta con un hombre, tiene que entregar la mitad
del pago.
Para las prostitutas callejeras es una ley y quien no la cumple ya puede
ir preparándose para encajar una golpiza. Y la que se pone rebelde,
hasta podría granjearse la muerte.
Ni pensar en buscar otra ubicación. ¿Dónde
irán a conseguir -se pregunta Paty- que no haya una pandilla?.
Paraíso económico
La
policía conoce
el problema
- Un alto jefe de la policía advirtió que para la institución
no es nada nuevo que las maras se lucren de la prostitución
callejera.
-Es el rubro mediante el cual consiguen el dinero para comprar armas
y drogas e incluso para la manutención de jefes pandilleros
presidiarios.
- Según el jefe policial, las maras no sólo utilizan
a las meretrices para cobrarles impuestos, también las usan
para distribuir drogas.
- La corporación policial poco puede hacer para evitar que
las maras cobren impuestos a las prostitutas. |
El proxenetismo es una de las actividades que las maras explotan para
comprar armas y drogas... es la nueva ley para la prostitución
callejera.
Es una forma fácil de obtener fondos. Indefensas y con necesidad
de conservar sus clientes, es mejor tributar.
Cualquier punto del país tiene un dominio de pandillas. Muchas
veces, esas fronteras están marcadas con grafitis, o simplemente
son líneas imaginarias, conocidas únicamente por los habitantes
y por los mismos pandilleros... Y las prostitutas.
Esto es lo que sucede en los barrios de San Salvador. La prostitución
está sectorizada de acuerdo al dominio de las clicas.
Estas han desplazado a los proxenetas que ofrecían seguridad a
las rameras a cambio de sumas mucho menores que las que exigen las pandillas.
El alcahueterismo de las maras ha hecho que las prostitutas redoblen su
trabajo.
Esto es porque, en el caso de Paty, si quiere llevar $20 ó $30
a casa, debe atender a cuatro o seis clientes. Cobra $10 por un rato de
sexo, $5 son para la mara.
Ella asegura que no pertenece a ninguna pandilla, pero que igual tiene
que pagarles.
A su madre le ha dicho que labora en un puesto de comida callejero, de
esos que ofrecen carne asada, chorizos y café a los noctámbulos.
Sale de su casa poco antes de las cuatro de la tarde. A las nueve ya tiene
que ir buscando el bus que la lleva a su casa al poniente de San Salvador.
El día que Paty habló con El Diario de Hoy fue un sábado
por la noche. Había sido un día malo. No había tenido
ni un cliente.
Y entonces, ¿cómo hizo para pagar el impuesto? Por suerte
el pandillero recaudador no llegó por que toda la clica estaba
en un mitin general. Esas reuniones en las que las maras planean sus actividades
y cada jefe de clica expone sus problemas y entrega al jefe el dinero
recaudado.
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| No hay cifras de cuántas mujeres se prostituyen.
Foto EDH |
Karmina (nombre de pila) es otra
prostituta. Tiene rostro de niña, un vientre obeso y su piel está
macilenta. También es explotada por las pandillas.
Con el proxenetismo de las maras, según Paty y Karmina, los dueños
de los moteles también obtienen sus ganancias, pues las rameras
están inhibidas de ir a hospedajes que están fuera de su
sector.
Otros ganadores
Antes de subirse al auto de un cliente, deben preguntarle a cuál
pensión la llevará. Si está en un barrio rival, la
mujer desiste y le ofrece ir a las que están cerca.
A
la tercera vez van los golpes
Cada pandilla tiene su forma de castigar los incumplimientos. |
Primera
ronda
pasando la balanza
El encargado de cobrar el impuesto pasa con frecuencia. Cada mujer
debe entregar la mitad de lo que ha ganado. Si no ha trabajado, no
hay problema. |
La
segunda
incredulidad
Si en la segunda vez que pasa alguna fémina sigue sin dar dinero
porque no ha tenido clientes, el pandillero le advierte que tiene
métodos para obligarla a pagar. |
Último
chance
las golpizas
A la tercera ronda, ella debe tributar con su propio dinero, de lo
contrario, al siguiente día podría no llegar a trabajar:
los moretes de los golpes se lo impedirán. |
Karmina y Paty saben los peligros del oficio debido a la sectorización
a la que las han obligado las maras.
Si una de ellas es detectada que sale de un motel donde domina otra pandilla,
cuando menos le quitarán el dinero, sino es que la golpean o la
matan, en caso de que la prostituta pertenezca a una mara.
Aunque oficialmente no hay un estimado de cuántas féminas
comercian con sexo en las calles, basta ruletear un par de horas antes
de la medianoche por algunas calles de San Salvador, para caer en la cuenta
de que son decenas las mujeres que se ganan la vida de esa forma.
La intersección del Bulevar Los Héroes y la 49a. Avenida
Sur y muchas de sus calles adyacentes son un panorama bastante completo
de lo que es la prostitución callejera.
Esos sectores ofrecen una renta para las clicas que dominan el sector:
más jóvenes que en cualquier otro sector, más clientes
potenciales y el precio por un rato de sexo es más elevado.
Todos esos factores unidos hacen un paraíso económico para
las maras.

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