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Manuel
F. Ayau Cordón*
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Guatemala. Se reunieron los ocho países más ricos del mundo
en Escocia. El tema: ¿qué hacer para disminuir la pobreza
del mundo? ¿No será ya hora de que esos ocho líderes
de mundo se pregunten si la ayuda realmente ayuda al desarrollo económico
o si más bien lo obstaculiza?
Ya va medio siglo de programas, costosas reuniones y estudios sin éxito.
No ha hecho falta esfuerzo y dinero de los gobiernos de países
ricos además del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional
y cientos de ONG bien financiadas. Sin embargo, como lo dicen dos recientes
estudios de economistas del FMI, Rajan y Subramanian, no hay evidencia
de que la ayuda ayude al crecimiento.
En este siglo ya no debería haber países pobres, pues debido
a su atrasado punto de arranque se ha visto que pueden crecer a un ritmo
de 8% o 9% anual, mucho mayor que el de 2% a 4% de los países ricos,
porque el de los ricos está limitado por el advenimiento de nuevos
inventos y adopción de nuevos métodos; en cambio, el ritmo
de crecimiento de los pobres puede ser tanto mayor porque pueden echar
mano a todos los adelantos que los ricos descubrieron a través
de los años.
Fracaso evidente
¿Acaso la ayuda hace daño e impide el progreso? La pregunta
es pertinente porque el fracaso está a la vista.
Los países ricos como Holanda, Inglaterra, Francia y Alemania,
EE. UU. se hicieron ricos antes de que surgiera la idea de ayuda para
el desarrollo económico, pues cuando eran pobres no había
países ricos ni ONG, ni Banco Mundial para ayudarles.
Se hicieron ricos sin ayuda y sin los consejos de expertos burócratas
que acompañan la ayuda y con sistemas de gobierno distintos a los
que hoy tienen y que recomiendan a los países pobres (¿parte
del problema?).
Mientras unos países sin recursos se enriquecen, otros se quedan
pobres o se empobrecen más, como Argentina, que después
de haber sido rica, se empobreció; Chile por ese camino iba y la
salvó Pinochet. Africa, a pesar de recibir ayuda masiva y gozar
de abundantes de recursos se hunde en la pobreza y enfermedades como paludismo
y SIDA.
Brecha creciente
Lo increíble es que si comparamos los ingresos per cápita
de los países pobres con los de los ricos, antes y después
de existir los programas de ayuda, veremos que en la mayoría de
casos la brecha ha aumentado.
En muchos países receptores de ayuda los ingresos de las personas
son hoy menores en términos reales que hace 30 años. Ciertamente,
hay excepciones, pero esos no prosperaron debido a la ayuda ni a los consejos
de expertos de los países ricos.
Taiwán logró su despegue cuando se suspendieron los programas
de ayuda y el éxito de Singapur, Corea del Sur y China es ajeno
a los programas de ayuda. Alan Woods, director de AID, la agencia de ayuda
económica de EE. UU., dijo en 1989 que después de haber
gastado $400 mil millones, ningún país receptor de
ayuda en los últimos 20 años ha progresado.
Esas buenas intenciones prevalecieron sobre las advertencias de economistas
de la talla de Lord Peter Bauer, Basil Yamey y Melvin Krauss, quienes
desde el inicio de estos programas explicaron por qué fracasarían.
Hoy, a esos análisis también se suman economistas como
William Easterly, Robert E. Anderson, ambos ex funcionarios del Banco
Mundial. La mala nota es que ya existen muchos intereses creados en la
industria de la ayuda y que, ante la falta de éxito, insistirán
en más fondos (AIPE).
* Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco
Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin. © www.aipenet.com

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