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¿Ayuda la ayuda?

El G-8. Los programas de asistencia de los países ricos no disminuyen la pobreza


Publicada 12 de julio 2005 , El Diario de Hoy


Manuel F. Ayau Cordón*
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com


Guatemala. Se reunieron los ocho países más ricos del mundo en Escocia. El tema: ¿qué hacer para disminuir la pobreza del mundo? ¿No será ya hora de que esos ocho líderes de mundo se pregunten si la ayuda realmente ayuda al desarrollo económico o si más bien lo obstaculiza?

Ya va medio siglo de programas, costosas reuniones y estudios sin éxito. No ha hecho falta esfuerzo y dinero de los gobiernos de países ricos además del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y cientos de ONG bien financiadas. Sin embargo, como lo dicen dos recientes estudios de economistas del FMI, Rajan y Subramanian, no hay evidencia de que la ayuda ayude al crecimiento.

En este siglo ya no debería haber países pobres, pues debido a su atrasado punto de arranque se ha visto que pueden crecer a un ritmo de 8% o 9% anual, mucho mayor que el de 2% a 4% de los países ricos, porque el de los ricos está limitado por el advenimiento de nuevos inventos y adopción de nuevos métodos; en cambio, el ritmo de crecimiento de los pobres puede ser tanto mayor porque pueden echar mano a todos los adelantos que los ricos descubrieron a través de los años.

Fracaso evidente

¿Acaso la ayuda hace daño e impide el progreso? La pregunta es pertinente porque el fracaso está a la vista.

Los países ricos como Holanda, Inglaterra, Francia y Alemania, EE. UU. se hicieron ricos antes de que surgiera la idea de ayuda para el desarrollo económico, pues cuando eran pobres no había países ricos ni ONG, ni Banco Mundial para ayudarles.

Se hicieron ricos sin ayuda y sin los consejos de expertos burócratas que acompañan la ayuda y con sistemas de gobierno distintos a los que hoy tienen y que recomiendan a los países pobres (¿parte del problema?).

Mientras unos países sin recursos se enriquecen, otros se quedan pobres o se empobrecen más, como Argentina, que después de haber sido rica, se empobreció; Chile por ese camino iba y la salvó Pinochet. Africa, a pesar de recibir ayuda masiva y gozar de abundantes de recursos se hunde en la pobreza y enfermedades como paludismo y SIDA.

Brecha creciente

Lo increíble es que si comparamos los ingresos per cápita de los países pobres con los de los ricos, antes y después de existir los programas de ayuda, veremos que en la mayoría de casos la brecha ha aumentado.

En muchos países receptores de ayuda los ingresos de las personas son hoy menores en términos reales que hace 30 años. Ciertamente, hay excepciones, pero esos no prosperaron debido a la ayuda ni a los consejos de “expertos” de los países ricos.

Taiwán logró su despegue cuando se suspendieron los programas de ayuda y el éxito de Singapur, Corea del Sur y China es ajeno a los programas de ayuda. Alan Woods, director de AID, la agencia de ayuda económica de EE. UU., dijo en 1989 que después de haber gastado $400 mil millones, “ningún país receptor de ayuda en los últimos 20 años ha progresado”.

Esas buenas intenciones prevalecieron sobre las advertencias de economistas de la talla de Lord Peter Bauer, Basil Yamey y Melvin Krauss, quienes desde el inicio de estos programas explicaron por qué fracasarían.

Hoy, a esos análisis también se suman economistas como William Easterly, Robert E. Anderson, ambos ex funcionarios del Banco Mundial. La mala nota es que ya existen muchos intereses creados en la industria de la ayuda y que, ante la falta de éxito, insistirán en más fondos (AIPE).

* Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin. © www.aipenet.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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