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Rodrigo
Chávez*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico
y Social (Fusades) ha dado un nuevo giro a la discusión nacional.
En su estudio sobre las instituciones políticas salvadoreñas,
que realizó en conjunto con la Universidad de Salamanca, hace una
propuesta de modernización política para El Salvador.
La prioridad de Fusades siempre ha sido la modernización económica.
Sin embargo, claramente ha concluido que la modernización económica
no se puede completar sin la modernización política.
Por ello, la esencia del estudio de Fusades está enfocado en implementar
reformas que puedan construir un Estado moderno. La esencia del poder
de un Estado descansa en su habilidad de hacer que las leyes se cumplan,
incluso utilizando la fuerza. Como decía Max Weber: En las
sociedades modernas, el monopolio de la fuerza física y la coerción
son exclusivamente del Estado.
Por ejemplo, en Estados Unidos, el Estado es sumamente fuerte. Posee una
red de instituciones políticas que permite que la ley se cumpla.
Sin embargo, al mismo tiempo, el tamaño y el alcance es bastante
limitado. El Estado estadounidense no es dueño de empresas grandes
ni nacionaliza tierras ni domina recursos importantes como el petróleo
o el acero. Sin embargo, si bien su alcance y tamaño están
limitados, su fortaleza institucional es muy grande.
Por ello, Francis Fukuyama, profesor de la Universidad de John Hopkins,
divide a los estados en dos dimensiones: alcance y fortaleza. El Estado
francés tiene un mayor alcance que el de Estados Unidos. La burocracia
francesa y el control directo del Estado sobre la educación es
mucho mayor en Francia que en Estados Unidos. Sin embargo, en ambos países
existe un alto grado de fortaleza institucional.
El estudio de Fusades es una propuesta a trabajar justamente en esto último.
Si El Salvador ha optado por un Estado con un alcance y tamaño
limitados, donde la esfera de lo privado es mayor que la del sector público,
su siguiente desafío es crear la fortaleza institucional para que
esta esfera de lo privado funcione lo mejor posible.
Para que una economía basada en el sector público transite
exitosamente a una economía basada en el sector privado, se deben
crear instituciones políticas de acuerdo con esa transición.
De lo contrario, si las instituciones políticas no se modifican
y no se da el fortalecimiento institucional, la economía de los
privados tendrá problemas de funcionamiento.
Argentina, por ejemplo, le dio un mayor énfasis al sector privado
en los años 90. Sin embargo, mantuvo su institucionalidad política
intacta. El sistema de prebendas y caudillismos regionales que dominaban
la política argentina se mantuvo.
El resultado fueron unas reformas de mercado con resultados distintos
a los esperados. Incluso los ingresos de las privatizaciones sirvieron
para alimentar el enorme apetito fiscal de las provincias argentinas.
En el informe anual de 2002 sobre Libertad Económica del Instituto
Cato, con sede en Washington D.C., los investigadores James Gwartney y
Robert Lawson citan al famoso economista Milton Friedman cuando dicen:
Que el Estado de Derecho es más importante que las privatizaciones.
Obviamente, Friedman se refiere a la importancia de la fortaleza de las
instituciones políticas. Entonces, el mérito de Fusades
y en especial de su presidente, Ing. Antonio Cabrales, es poner el tema
de la institucionalidad política en el centro del debate nacional
y hacer una propuesta para su mejoría.
Sin embargo, en su intento por modernizar la política, Fusades
tendrá el problema que el discurso de fortalecer las instituciones
es un discurso que le interesa casi exclusivamente a las elites políticas,
empresariales y académicas.
Las encuestas de opinión demuestran que los problemas que la sociedad
percibe como los más importantes son el desempleo, la situación
económica y la delincuencia. La modernización de las instituciones
no está entre las prioridades de la opinión publica, aunque
sea su desempeño lo determina si los problemas económicos
y sociales se resuelven o no.
Entonces existe un divorcio entre los discursos de las elites académicas
que piden mayor modernización política y el discurso de
la opinión pública que pide soluciones a problemas más
urgentes. El desafío de Fusades es convencer a los líderes
políticos de implementar las reformas que el estudio propone, aunque
la opinión publica no se los esté pidiendo todavía.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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