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Francisco
Imendia*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones salvadoreñas
y centroamericanas. Siendo así, la suscripción del tratado
de libre comercio entre nuestra región, que contempla a República
Dominicana, y la nación norteamericana, la superpotencia económica,
significa una esperanza para nuestras economías.
Hace unos 15 años, el politólogo Mark Rosemberg, experto
en Centroamérica y el Caribe, catedrático de la Universidad
Internacional de la Florida, nos decía en tono profético:
Si los países centroamericanos no se unen para hacerle frente
a todo lo que viene en el comercio mundial (globalización), muy
poco o nada podrán hacer en el futuro de forma individual.
Un supermago Rosemberg, diríamos en este preciso momento de nuestra
historia. No se equivocó el catedrático norteamericano.
Hace 15 años los procesos de integración regional estaban
en ciernes en este lado del mundo.
El Tratado de Libre Comercio del Norte (TLCAN) ni soñaba con ver
la luz, tampoco el Mercosur y el SICA estaban en gestación. Ahora
la integración regional y los tratados de libre comercio son el
eje del multilateralismo político y comercial.
Han pasado los años y nos encontramos en el esfuerzo integracionista
y los acuerdos comerciales. El CAFTA es una realidad que rasga vestiduras
en sus opositores.
Las protestas violentas de los últimos meses a lo largo y ancho
de la región centroamericana son evidentes: ¡No al neoliberalismo!,
¡No al CAFTA!
Ante tales consignas nos preguntamos: ¿Tenemos otra alternativa?,
¿se habrá equivocado el gobierno socialdemócrata
chileno al suscribir un TLC con Estados Unidos? No, absolutamente no,
Chile no se equivocó y el tratado comercial, vigente desde enero
del año pasado, ha comenzado a favorecer al comercio del país
suramericano.
Debemos reconocer, nos guste o no, que la globalización es un fenómeno
imparable y es mejor que nuestros países se monten en ese tren
antes de que sea tarde.
Porque, existe otro tren, más bien es un dragón que viene
devorando. Se llama China continental. Con tratado o sin tratado invade
nuestras plazas con su potente y diversificada industria. Se come, principalmente,
a pequeñas y medianas empresas que no pueden competir con el precio
chino. Sobre esto, los opositores al CAFTA no se manifiestan.
El CAFTA tiene reglas claras, y el tema laboral y medio ambiental están
discutidos y acordados. En cambio, el comercio chino, por el bajo costo
de su producción, que incluye mano de obra muy barata, no tiene
reglas claras y está creando muchos problemas, entre otros, a la
manufactura centroamericana. Los textileros de la región están
preocupados por la merma en su producción.
Ante estas amenazas a la economía centroamericana, se hace necesaria
y prudente la firma del tratado comercial con Estados Unidos.
No obstante los avances, aún no podemos estar tan seguros de la
ratificación del CAFTA de parte de los congresistas norteamericanos.
El tema del azúcar hace dividir el voto en Estados Unidos.
La poderosa maquinaria que cabildea para los cañeros de la Florida
y Luisiana mantendría empatada, en términos porcentuales,
40 a 40, la votación. La esperanza es convencer al 20% de congresistas
indecisos hasta la fecha para que voten en favor del CAFTA, y en ese esfuerzo
se encuentran el propio Presidente de Estados Unidos y sus colegas centroamericanos.
El cabildeo es intenso y la cosa no está fácil, aunque la
reciente votación simulada, que favorece la ratificación,
nos da esperanzas.
Por el momento el CAFTA tiene un sabor agridulce. El tratado estaría
en peligro por culpa del monopolio azucarero de Estados Unidos. Por otro
lado, el mensaje que lanzan Nicaragua y Costa Rica al dilatar la ratificación
del tratado en sus congresos tiene su interpretación en Estados
Unidos, favorable a todos aquellos que se oponen a la apertura comercial,
según el ex congresista de Carolina del Norte, Cass Bellenger,
entrevistado recientemente por un diario nicaragüense.
Al CAFTA obligadamente hay que vincularlo con el tema migratorio. A mayor
inversión extranjera, no sólo la norteamericana, menor flujo
migratorio centroamericano hacia Estados Unidos y otras latitudes. Éste
es un punto importante en el intenso cabildeo centroamericano que no hay
que perder de vista.
Todos sabemos que, en el extremo caso, de no ratificarse el tratado comercial,
el flujo migratorio centroamericano hacia Estados Unidos seguiría
igual o se incrementaría. Entonces, los políticos estadounidenses
dirán próximamente, con su voto, lo que mejor convenga a
sus intereses.
Ojalá que el tema del azúcar deje de ser amargo y la votación
en el Congreso norteamericano favorezca nuestra esperanza. Nadie ha dicho
que el tratado comercial sea la solución mágica que permita
mejorar los estándares económicos de la región centroamericana
en el cortísimo plazo. En todo caso el CAFTA es un proceso, con
sus implicaciones, y forma parte de las grandes iniciativas que buscan
el desarrollo integral de Centroamérica.
*Colaborador de El Diario de Hoy.

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